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Bifar
Sección
Científica
Fiebre hemorrágica por el virus ÉBOLA
«El africano nunca deja de sentirse amenazado. En ese continente la Naturaleza
cobra formas tan monstruosas y agresivas, se pone máscaras tan vengativas y
terroríficas, coloca trampas y emboscadas, que el hombre, permanentemente
asustado y atemorizado, vive sin saber jamás lo que le traerá el mañana».
(Ryszard Kapuscinkski)
José Manuel López Tricas y Ángela Alvárez de Toledo y Bayarte.
Farmacia las Fuentes.
E
l virus Ébola nos retrotrae
al “Corazón de las Tinie-
blas”, ese apasionan-
te cuento del polaco
Josef Teodor Konrad Nalecz
Korzeniowski (Joseph Con-
rad)
. El protagonista, Marlow, alter
ego del propio Conrad, nos introduce
en la enloquecedora y mortal impenetra-
bilidad del bosque lluvioso centroafri-
cano, donde se sitúa la acción, si
bien no de un modo explícito. Y
fue allí, en la selva centroafrica-
na, en las orillas de un río, Ébola,
donde se presentaron los primeros
casos conocidos de una mortal fie-
bre hemorrágica en el año 1976.
A partir de las muestras de sangre de una monja
fallecida en la República Democrática del Congo
(Zaire, entre los años 1971 y 1997),
Peter Piot
[1]
,
un microbiólogo belga, aisló un virus hemorrági-
co conocido desde entonces con el patronímico
del río en cuyas orillas surgió el mortal aunque
limitado brote epidémico. Apenas un lustro más
tarde, Peter Piot también describió los primeros
casos africanos de lo que se convirtió en una
pandemia, el SIDA.
La infección por el virus Ébola se autolimitó a
algunos poblados de Zaire tras su aparición en
Yambuki; y algún caso esporádico en Nzara,
Sudán, antes de la disgregación en dos países.
Tras casi dos décadas de silencio el virus reapa-
reció en el año 1995; y desde entonces lo ha ido
haciendo con una frecuencia casi quinquenal.
El virus Ébola es un tipo de virus hemorrágico,
bien es verdad que con un índice de mortali-
dad y una facilidad de contagio muy superior a
otros que han ido surgiendo, o descubriéndose,
durante los últimos años.
Se han producido casos esporádicos de otros
nuevos virus, tales como el virus Nipah
[2]
(descri-
to por primera vez en Malasia en 1999) y el virus
Hendra
[3]
(descrito incialmente en un veterinario
australiano en 1994). Ambos son paramixovirus.
Los murciélagos (conocidos en algunos
lugares como zorros voladores) son
también vectores de estos virus.
La contaminación de frutos por su
saliva o heces son una fuente de
transmisión a otros animales; y en
el caso del virus Ébola directamente
a los humanos.
El actual brote epidémico del virus Ébo-
la surgió en Guinea Conakry
[4]
(ofi-
cialmente: República de Guinea)
el pasado mes de febrero por la
tradición culinaria que incluye mur-
ciélagos. La epidemia se extendió
a Sierra Leona, Liberia y, de modo
mucho más limitado, a Nigeria.
El cuadro clínico es simple: fiebre elevada, que-
brantamiento del estado general, postración,
vómitos, diarreas, y cuadros hemorrágicos con
una elevada probalidad de derivar en un
schok
hipovolémico mortal por fracaso multiorgánico.
El estadio terminal de los pacientes puede lle-
gar a ser dramático, con hemorragias oculares,
bucales, anales y auditivas.
La epidemia se ha mantenido y expandido debi-
do a la alta contagiosidad de los fluidos, y la
costumbre en áreas rurales de lavar los cadá-
veres antes de su enterramiento. Las medidas
de protección frente al contagio y el estableci-
miento de cordones sanitarios
[5]
ha contribuido
a limitar la infección, contra la que no existe un
tratamiento accesible para la mayor parte de los
afectados.
Durante la epidemia actual el gran temor ha sido
el surgimiento de casos en nuestro medio don-
de la población carece de anticuerpos contra
el virus y, consecuentemente, la infección se
podría extender de manera mucho más rápida
de lo que acaece en África.
Fármacos
Como farmacéuticos debemos conocer el medi-
camento que se ha ensayado inicialmente en los
casos de ciudadanos occidentales contagiados
en Sierra Leona y Liberia, pero tratados en Esta-
dos Unidos y España respectivamente.
El primer fármaco, conocido como ZMapp™, se
trata de un suero compuesto por tres anticuer-
pos monoclonales
[6]
humanizados, fabricados
en la planta del tabaco,
Nicotiniana
. ZMapp™ha
sido desarrollado mediante un trabajo interna-