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Bifar
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a ambliopía funcional, comúnmente
conocida como “ojo vago”, es una
disfunción con gran relevancia clínica,
ya que es la causa más importante de
disminución de agudeza visual en niños, con
una prevalencia de entre un 2 y un 5% de la
población general (Sturm 2011). Sin embargo,
en numerosas ocasiones esta alteración pasa
desapercibida ya que el niño utiliza su ojo domi-
nante y no manifiesta sintomatología.
Existen varias definiciones de esta disfunción
visual, una de las mas citadas y completa es la
realizada por
Von Noorden
y
Ciuffreda
, que
textualmente definen la ambliopía como: “Dis-
minución uni o bilateral de la agudeza visual
causada por una deprivación visual y/o una
interacción binocular anormal en la cual no se
detecta ninguna causa orgánica durante el exa-
men físico del ojo, y, cuya reversibilidad puede
ser conseguida mediante procedimientos tera-
péuticos”.
Como se ha mencionado anteriormente, el ojo
vago no produce sintomatología, pero hay una
serie de signos que sin ser específicos de la am-
bliopía, podría presentar un niño que la padezca
y que pueden alertar a padres y educadores. Es-
tos son: posiciones anómalas al estudiar (fig.1),
posiciones giradas de la cara (en un intento
de poner su ojo dominante en el centro), mala
visión en las películas en 3-D y video juegos y
tendencia a golpes y caídas, muchas veces pro-
vocadas por el mal cálculo de distancias que
conlleva una visión binocular defectuosa.
Las causas que provocan ambliopía son aque-
llas que conllevan una degradación de la ima-
gen en los años de maduración del sistema
visual (hasta los 6 años aproximadamente).
Estas causas pueden ser: errores refractivos no
compensados, diferencias importantes de gra-
duación entre ambos ojos, estrabismo, catarata
congénita o incluso combinaciones de todo lo
anterior.
En cuanto al tratamiento de la ambliopía, duran-
te muchos años se ha defendido que solamente
se puede tratar hasta los siete u ocho años, afir-
mándose que a partir de esa edad la amblio-
pía se convierte en irreversible. Este concepto
probablemente se ha desarrollado a partir de la
idea de que en el momento que se ha culmi-
nado la maduración visual, es imposible inducir
cambios en la visión a favor de una mejora de
las capacidades visuales. Sin embargo, esta
creencia es errónea; si bien la recuperación
es especialmente buena en niños menores
de 7 años, se puede recuperar ambliopías en
niños mayores e incluso en adultos (Nazemi y
Markowitz 2012).
Todo tratamiento de la ambliopía debe incluir en
primer lugar la corrección del error refractivo (si
lo hubiera) y en segundo lugar la estimulación
del ojo ambliope. Esta estimulación se lleva a
cabo mediante la oclusión del ojo dominante o
mediante penalización a través de hipercorrec-
ciones con lentes positivas o tratamientos far-
macológicos con ciclopégicos como la atropina,
que paralizan la acomodación del “ojo bueno” y
obligan a la utilización del ojo ambliope. Aunque
la oclusión ha sido durante muchos años el tra-
tamiento de elección en casos de ambliopía, el
tratamiento con atropina es igual de eficaz en
ambliopías leves y moderadas (Stewart, Mose-
ley et al. 2011). Cada uno de los tratamientos
tiene sus ventajas, mientras la atropina es me-
AMBLIOPÍA u ojo vago
Esther Mª Mármol Errasti.
Profesora de Optometría de la Universidad San Pablo CEU
En numerosas ocasiones esta alteración pasa
desapercibida ya que el niño utiliza su ojo
dominante y no manifiesta sintomatología
jor tolerada, la respuesta con el parche es más
rápida (Archer 2012), por lo que la elección de
oclusión o penalización se realizará en función
de las particularidades de cada paciente.
Otro criterio que ha cambiado radicalmente en
los últimos años se refiere a las horas de oclu-
sión. Años atrás, se consideraba más efectivo
un tratamiento cuantas más horas de oclusión
incluía. Hoy en día, se sabe que con menos ho-
ras de oclusión (entre dos y seis según la pro-
fundidad de la ambliopía) los resultados pueden
ser igual de efectivos (Stewart, Moseley et al.
2011). De esta manera el tratamiento supone
menor sacrificio tanto para los niños como para
los padres.
Además, en los últimos años se han desarrolla-
do dentro del ámbito de la Optometría, especia-
lidad que trata todos los problemas funcionales
de la visión, nuevos tratamientos que buscan no
solo la mejora de la agudeza visual con menos
horas de oclusión, sino una integración de la vi-
sión de los dos ojos para una recuperación total
de la visión binocular. Los nuevos tratamientos,
llevados a cabo por Ópticos-Optometristas,
consisten en la combinación de oclusión o pe-
nalización con una serie de ejercicios que cons-
tituyen la terapia visual activa.
Es importante tratar la ambliopía no como una
simple disminución de agudeza visual, sino
como una alteración en la que también están
afectados otros componentes de la función vi-
sual como son: fijación, sensibilidad al contraste,
movimientos oculares, coordinación ojo-mano y
capacidad de enfoque o acomodación. Con la
terapia visual se trabajan todas estas capacida-
des monoculares para que el ojo vago adquiera
la misma destreza que el ojo dominante.
Por otra parte, cuando se utilizan tan solo trata-
mientos de oclusión o penalización, en algunos
casos la visión binocular puede producirse de
forma espontánea, pero otras veces este hecho
no ocurre. Si no se consigue la binocularidad,
probablemente se seguirán produciendo supre-
siones del ojo ambliope que llevarán nuevamen-
te a una disminución de la capacidad visual de
ese ojo. Con la terapia de rehabilitación, se rea-
lizan en la última fase de la recuperación, ejerci-
cios de fusión de las imágenes de los dos ojos.
Se consigue así, un afianzamiento de la visión
binocular que hace muy difícil la reaparición de
la ambliopía.
La forma más efectiva de prevención del ojo
vago es a través de las revisiones frecuentes de
la visión desde edades tempranas, que no solo
garantizarán la detección precoz de esta condi-
ción, sino que ayudarán a prevenirla a través de
la corrección de los factores que pueden llevar
a su aparición.
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Sección
Científica