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AFEZ
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Bifar
F. Javier Ruiz Poza
Presidente de
la Asociación
de Farmacéuticos
Empresarios
de Zaragoza (AFEZ)
Sobresaliente CUM LAUDE
E
n estos tiempos difíciles que corren, es prác-
tica recomendada el afinar el oído en todos
los sitios donde se escuchan muy diversas
opiniones. Está meridianamente claro, en
casi todos los foros se comenta, que la situación eco-
nómica española no acaba de mejorar, que avanza en
la corrección de los desequilibrios más lentamente de
lo esperado y que habrá que retrasar algo más de lo
previsto el ansiado crecimiento económico que actúe
como generador de demanda y a través de esta misma,
cree empleo y proyecte un círculo virtuoso que cierre
este prolongado y fatigoso ciclo recesivo.
Mientras estos procesos siguen su curso, los sectores
se ocupan en adaptarse a esta nueva realidad econó-
mica a base de ingenio, cambio y reinvención de sus
funciones. Son una realidad la caída de la renta de las
familias, el bajo tono de demanda, las dificultades para
financiarse y el mayor esfuerzo que suponen los pagos
de deudas contraídas en épocas de burbuja y mayor
alegría económica.
La Administración, como es habitual en toda recesión,
no ha quedado al margen de estos desarreglos y en
un desenfrenado esfuerzo por reducir el déficit, se ha
aplicado en una política de recortes que básicamente
han afectado al sector privado, que se ha ajustado con
cierres y despidos, y a las clases medias, que padecen
subidas de impuestos que frenan a su vez su capaci-
dad de consumo.
Un sector especialmente castigado por esas medidas
de ajuste es la oficina de farmacia, ejemplo eficiente de
lo que debe ser una colaboración público-privada. El
cuestionamiento del estado de bienestar, por proble-
mas de sostenibilidad financiera, ha llevado la tijera a
un sector que funciona y que tiene una serie de virtudes,
valoradas por los usuarios, que todos conocemos.
En este nuevo escenario, que es donde nos movemos,
hay que empezar a edificar la reinvención. Como en
todo paciente enfermo, la mejor medida para garantizar
el éxito del tratamiento es un buen diagnóstico, y para
acertar con éxito, contar con los medicamentos necesa-
rios para establecer una estrategia terapéutica.
En ese campo voy a intentar avanzar, en definir aquellos
ingredientes a tener en cuenta para posicionar a la far-
macia como un agente del sistema sanitario, que apor-
ta valor y resultados en cuestiones de salud.
Un punto fuerte que caracteriza al sector es la proximi-
dad al paciente, sin duda es el mejor activo que tene-
mos para generar valor, basado en conceptos como la
capilaridad de la red, la universalidad y equidad de la
prestación con igualdad de precio.
Otro es la capacidad y agilidad de adaptación al me-
dio. Desde el pasado mes de junio de 2012, estas vir-
tudes han quedado sobradamente demostradas. En
estos últimos ocho meses hemos soportado:
–La implantación del copago puesta en marcha de for-
ma ejemplar en tan solo ocho días, con el consabido
desgaste personal que ha supuesto el cara al público.
–La exclusión de la financiación pública de multitud de
medicamentos, con el impagable coste de ser los que
estamos en primera línea, en contacto directo con los
pacientes.
–Las bajadas de precios con una regularidad mensual,
que ni el mejor de los gestores es capaz de controlar.
–La implantación de la receta electrónica, igualmente
de forma impecable, medio que esperamos que en el
futuro aporte más opciones que sirvan a la farmacia
para generar eficiencias y servicios en cuestiones sani-
tarias, no sólo problemas administrativos.
–El caos que viene de la mano de los precios notifica-
dos tal y como se quieren implantar, con las consabidas
pérdidas que acarrean…
Todos estos cambios en seis meses, siendo que, ade-
más, cada uno de ellos venía acompañado de una
nueva rebaja en los rendimientos económicos de una
ya depauperada oficina de farmacia, que dicho sea de
paso, sigue financiando a la Comunidad Autónoma por
encima de lo pactado en el concierto. Increíble pero
cierto.
Por citar un dato de eficacia comparativa, la Adminis-
tración, mientras las farmacias se adaptaban a todos
estos cambios a velocidad de vértigo, todavía no había
devuelto el exceso de aportación que la farmacia –de
nuevo la farmacia- les cobraba a los ciudadanos. La
verdad es que esto hay que hacerlo saber y valer. Eso
es aportar valor y ahorros al sistema. Todo un ejemplo
de profesionalidad e indolencia. El farmacéutico siem-
pre prioriza que el paciente tenga su medicamento a
tiempo a cualquier otra incidencia de las muchas que
se ve sometido. Sobresaliente cum laude, más que
merecido.
Parece una cuestión prudente, el pensárselo dos ve-
ces antes de acometer reformas de modelo en el sec-
tor. Una desregulación de la propiedad no parece una
cuestión que aporte valor ahora. No beneficia a los ciu-
dadanos, ni al empleo, ni a la Administración, ni mejora
la realidad económica.
Sí, se trata ahora de definir la función de la farmacia en
este nuevo orden económico-social. La farmacia ade-
más de ser sostenible y suficientemente remunerada
para poder ofrecer la dotación necesaria, debe tener
holgura económica para ser capaz de generar eficien-
cias, nuevos servicios y más ahorros al sistema. La ca-
pacidad, funcionalidad y agilidad de los profesionales
farmacéuticos, está fuera de toda duda y no parece in-
teligente no saber aprovecharlos, con el valor que apor-
ta al sistema y al precio que corresponde. Urge caer
en la cuenta, porque hoy, la situación es límite y esa
fabulosa red está en peligro.
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Una
desregulación
de la propiedad
no parece una
cuestión que
aporte valor
ahora. No
beneficia a los
ciudadanos, ni
al empleo, ni a la
Administración,
ni mejora
la realidad
económica
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