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sufienciente para explicar la expansión actual de la in-
fección. Debe haber existido algún otro “amplificador”,
como lo denomina en su libro el Dr. Pépin. Los estudios
entre los adictos a la heroína en ciudades del mundo
tan dispares como New York, Edinburgh y Bangkok,
muestran que la transmisión sanguínea es diez veces
más eficiente que la vía sexual.
En la década de 1920, la fabricación de jeringuillas
se automatizó disminuyendo su coste de modo os-
tensible. Los belgas y franceses comenzaron a atacar
muchas enfermedades en sus colonias, tanto por pa-
ternalismo, como para inmunizar al ganado y proteger
así a los propietarios blancos. Muchas personas reci-
bieron más de 300 inyecciones durante su vida. Otras
enfermedades también se han expandido a través de
las inyecciones: una campaña en Egipto frente a la
esquistosomiasis terminó en el año 1980 cuando se
hizo evidente que la mitad de los “beneficiarios” habían
contraído hepatitis C.
En el texto, Jacques Pépin pone su atención en las dos
ciudades gemelas a ambas orillas del río Congo: Kin-
shasa (capital de la República Democrática del Con-
go, antigua Leopoldville, cuando era Congo Belga), y
Brazaville (capital del actual Congo, antigua colonia
francesa). República Democrática del Congo y Congo
(a veces denominado Congo-Brazaville para evitar la
confusión) son dos países limítrofes pero distintos; y
sus capitales, Kinshasa y Brazaville, respectivamente
están separadas por el cauce fluvial del río Congo. Es-
tas dos ciudades constituyen la cuna de la epidemia.
La infección viral en ambas ciudades es la más alta del
mundo; y la primera muestra de sangre positiva fue ha-
llada aquí, ya en el año 1959.
Desde 1900, ambas ciudades crecieron una enfrente
de la otra, en ambas orillas del río Congo, que las se-
para y une a la vez. En aquella época solo los hombres
negros con permiso de trabajo podían vivir legalmente
en estas dos ciudades. Naturalmente les siguieron las
mujeres. Sin embargo, hasta 1960 los burdeles eran
prácticamente inexistentes. Muchas de las mujeres que
accedieron a estas ciudades eran lo que se denomina-
ban “mujeres libres”, que huían de la poligamia rural
para juntarse con tres o cuatro hombres, para los que,
además, cocinaban y limpiaban.
Las autoridades coloniales lo toleraban y cobraban por
ello, hasta el punto que el “impuesto por mujeres no
casadas” llegó a suponer el 20% del presupuesto de
Stanleyville (Kisangani, en la actualidad). Dado que las
“mujeres libres” mantenían relaciones con unos pocos
hombres, la expansión viral estuvo limitada, aun cuan-
do se produjeron brotes esporádicos de hepatitis, he-
cho conocido porque las mujeres acudían a las clínicas
en busca de penicilina para la sífilis. Las condiciones
de mínima asepsia en la administración de penicilina
facilitó la expansión del virus.
Todo cambió durante la década de 1960 cuando es-
tos países lograron su independencia. Pero debemos
remontarnos algunos años atrás: la Segunda Guerra
Mundial disparó el crecimiento de las dos ciudades ge-
melas (Kinshasa y Brazaville) con el comercio de ma-
terias primas para los Aliados, debido a la pérdida de
las colonias asiáticas conquistadas por los japoneses.
Durante la Segunda Guerra Mundial fueron años de ri-
queza para estas dos ciudades. Terminada la Guerra,
se esfumó la efímera prosperidad de estas dos ciuda-
des. Más tarde, cuando los blancos huyeron del caos
que siguió a la independencia durante la década de
1960, se produjo el colapso de la economía; y con ella
la miseria inundó todo.
La creciente pobreza fue el caldo de cultivo de nume-
rosos burdeles, donde las mujeres se veían impelidas
a tener relaciones cada vez con más hombres para po-
der subsistir. La huida de la élite blanca trajo también
la desaparición de los tratamientos contra las enferme-
dades venéreas. Muy probablemente haya que buscar
aquí la explosión viral. Una situación similar se observó
en un estudio con prostitutas en Nairobi (capital de Ke-
nia): en el año 1981, un 5% de ellas estaban infectadas
con el virus VIH; un lustro más tarde (1986) el porcenta-
je de infectadas era del 82%.
El sida cruza el Atlántico
El siguiente nexo de la historia nos lleva a Haití. Los
colonos belgas nunca se ocuparon de crear una élite
intelectual africana que pudiera gestionar una Adminis-
tración tras la independencia. Apenas 30 congoleños,
no vinculados al clero, tenían estudios universitarios
cuando el país (casi tan extenso como Europa) logró
su independencia. Para llenar este vacío, Naciones Uni-
das hizo un llamamiento para atraer con sustanciosos
salarios a burócratas y docentes con educación fran-
cófona. A este llamamiento respondieron unos 4.500
haitianos. Según Jacques Pépin, el grupo M del VIH-
1, se escindió en varios subgrupos: del A, al, K. Este
es el postulado más teórico del libro. Sin embargo, la
epidemia de SIDA que afecta a Haití, al igual que a Nor-
teamérica y Europa occidental es casi toda del grupo
B. Y este subgrupo (B) es raro en África central, donde
causa menos del 1% de los casos registrados. Esto
hace pensar que el SIDA cruzó el Atlántico en un único
ciudadano haitiano. La datación molecular indica que
el SIDA alcanzó Haití aproximadamente en el año 1966.
Una vez más, el Dr. Pépin arguye que la rápida expan-
sión del virus sólo por transmisión sexual es matemáti-
camente imposible. Y postula que también debió existir
en el país caribeño un “amplificador”. Achaca la res-
ponsabilidad a un Banco de Sangre de Portau-Prince
(capital de Haití), denominado Hemo-Caribbean, que
funcionó los años 1971 y 1972, cuyos estándares de
calidad dejaban mucho que desear. El limitado control
de los Bancos de Sangre en esos años facilitó la expan-
sión del SIDA en México, India, España y China. Solo
en la República Popular China se infectaron 250.000
habitantes de áreas rurales, datos nunca reconocidos
oficialmente por el gobierno de la República Popular
China.
Uno de los propietarios del Hemo-Caribbean de
Portau-Prince fue
Luckner Cambronne
, líder de los
tristemente famosos Tontons Macoutes (policía secre-
ta de los regímenes de la familia Duvalier). Luckner
Cambronne, fallecido en el año 2006, era apodado “el
vampiro del caribe”. Durante el bienio 1971-1972, en
el Hemo-Caribbean se recogió sangre a más de 6000
voluntarios a los que pagaba 3 dólares por extracción; y
exportó aproximadamente 1.600 galones (algo más de
6.000 litros) de plasma a Estados Unidos.
Por otra parte, Haití fue un destino de moda entre los
homosexuales norteamericanos desde que apareció
en la guía de viajes Spartacus, donde se describía
cómo los hombres jóvenes haitianos se prestaban a
los encuentros sexuales por irrisorias cantidades de
dinero. A comienzos de 1980 comenzaron a morir tanto
homosexuales como hemofílicos norteamericanos. La
moderna historia del SIDA había comenzado.
En el libro, Jacques Pépin desmonta otros mitos his-
tóricos. El más grotesco fue la denominada “viagra
quirúrgica”, que logró cierta notoriedad durante la dé-
cada de 1920. Alrededor de 2.000 hombres europeos y
americanos –mayoritariamente ricos, viejos e impoten-
tes– se sometieron a implantes de tejido testicular de
chimpancés en su escroto. La estúpida moda terminó
porque casi siempre el tejido implantado era recha-
zado. Pero la moda también alcanzó a las mujeres,
que se sometían a implantes ováricos de chimpancés
hembras, circunstancia que escandalizó, llegando a
postularse que estas mujeres podrían parir híbridos de
simio y humano. Otro mito, más conocido, procede del
libro “The River” (1999) en el que se postulaba que el
SIDA había surgido de los experimentos para desarro-
llar una vacuna contra la polio que se había ensayado
en chimpancés.
El Dr. Jacques Pépin halló una intrigante evidencia de
lo que pudieron haber sido primeros brotes de SIDA. El
Dr.
Léon Pales
, un médico militar francés, investigó un
rápido incremento de la mortalidad entre los hombres
que construían el ferrocarril que uniría el océano Atlánti-
co con el interior del Zaire (hoy República Democrática
del Congo) en la década de 1930. En las 26 autopsias
realizadas de lo que llamó “caquexia de Mayombe”
(por el lugar de la jungla donde los hombres murieron)
la descripción anatomopatológica semejaba a la obser-
vada en autopsias de pacientes con SIDA.
Finalmente, en otro de sus estudios de campo, el Dr.
Jacques Pépin observa que muchos de aquellos a los
que administró medicación por inyección durante la
década de 1940, murieron una década más tarde; y al-
gunos de los que sobrevivieron estaban infectados con
el HTLV, un virus de los simios que, se ha escrito antes,
también causa inmunodeficiencia, si bien su virulencia
es baja.
l
Estas dos ciudades constituyen la cuna de la
epidemia. La infección viral en ambas ciudades
es la más alta del mundo; y la primera muestra de
sangre positiva fue hallada aquí, ya en el año 1959
El libro, no traducido al español cuan-
do se escribe este artículo (noviembre,
2011) se puede adquirir en versión
inglesa, por 22
aproximadamente,
según el importador. Su lectura es muy
recomendable
1...,19,20,21,22,23,24,25,26,27,28 30,31,32,33,34,35,36,37,38,39,...48
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