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Bifar
Sección
Científica
L
a historia comienza en algún momento alre-
dedor del año 1921, y en algún lugar entre los
ríos Sanaga, en Camerún y Congo, en lo que
era en aquella época Congo Belga, más tar-
de Zaire y, hoy día, República Democrática del Congo.
Los actores de la historia son chimpancés y monos,
cazadores y carniceros, “mujeres libres” y prostitutas,
jeringas y vendedores de plasma; y, oculto entre todos,
el personaje central: un virus que, contra todo pronós-
tico, parece haber hecho un viaje que le llevó desde un
simio en la jungla centroafricana hasta Haití, por medio
de un burócrata haitiano que regresaba a su país des-
de África; continuando su viaje desde Haití hasta unas
pocas docenas de bares gays en California. Un oculto
viaje del que nadie tuvo noticias hasta sesenta años
después de su inicio.
Muchos libros acerca del SIDA comienzan su historia
en el año 1981 cuando algunos homosexuales norte-
americanos comenzaron a morir a consecuencia de
una extraña neumonía. A comienzos de octubre de
2011, la editorial Cambridge University Press publica
el libro
“The Origins of AIDS”
del Dr.
Jacques Pépin
,
especialista en enfermedades infecciosas en la uni-
versidad de Sherbrooke en Quebec (Canadá). Para su
trabajo, el Dr. Pépin rebuscó entre un aluvión de docu-
mentos científicos, e integró la información recopilada
con sus propias observaciones tratando pacientes en
un hospital rural africano, donde llevó a cabo análisis
de sangre de las personas más provectas. Además,
dedicó años de trabajo bibliográfico en los archivos de
los antiguos poderes coloniales europeos.
Su investigación se remonta al año 1900. Explica en
su trabajo cómo las políticas coloniales de Bélgica y
Francia condujeron a un hecho “a priori” enormemen-
te improbable: que un frágil virus que infectaba a una
minoría de chimpancés alcanzase a un puñado de ca-
zadores. Uno de ellos lo debió enviar a una cadena de
lo que el autor denomina “amplificadores”, tales como
campañas de erradicación de enfermedades, barrios
de prostitución en ciudades africanas, un centro de
plasma haitiano y turismo homosexual. Sin estos “am-
plificadores”, el virus nunca hubiese llegado a ser lo
que hoy en día es: un macabro peregrino situado en
la cima de una montaña de 62 millones de víctimas,
algunas vivas y muchísimas muertas.
A comienzos de la década de 1980, el Dr. Jacques
Pépin era un médico que luchaba contra un brote epi-
démico de la enfermedad del sueño (tripanosomiasis)
en un hospital de Nioki (en lo que entonces era Zaire,
hoy día República Democrática del Congo). El virus del
SIDA era entonces desconocido en África, pero el aná-
lisis retrospectivo de su trabajo le ha resultado muy útil
para, años más tarde, descifrar el oscuro y largo viaje
del virus.
Retrospectivamente, Jacques Pépin nos dice en su
libro que él mismo pudo haber infectado inadvertida-
mente a algunos de sus pacientes. En su hospital de
Nioki, las jeringuillas de vidrio eran esterilizadas en la
autoclave del hospital. Pero los cortes de electricidad
eran frecuentes; y, en estas situaciones, las enfermeras
optaban por hervirlas antes de reutilizarlas. Nadie pres-
taba demasiada atención en todo este proceso.
Más tarde, Jacques Pépin trabajó en Guinea Bissau
en pacientes con el virus VIH-2, un subtipo de virus
Existe evidencia de que la sangre y las jeringuillas han
expandido otros tipos de virus. Las muestras de sangre
y tejidos almacenadas en congeladores de hospitales
de África y Europa que tratan a ciudadanos africanos
(algunas muestras conservadas desde la década de
1950) forman un mapa de subtipos de virus del SIDA
de sorprendente complejidad. Por ejemplo, los blancos
y negros de Sudáfrica tienen distintos subtipos. Pocos
homosexuales afrikáner mantienen relaciones sexuales
con heterosexuales zulúes. El subtipo de VIH de los
blancos (afrikáner) es común entre los homosexuales
europeos y americanos; el otro subtipo es más común
entre los negros que llegaron a Sudáfrica a través de
Zambia.
El virus de inmunodeficiencia simio que infecta a mo-
nos y simios fue también estudiado. Se aisló primero
en animales de zoológicos, pero actualmente se puede
aislar a partir de las heces de sus homólogos que vi-
ven en libertad en las junglas. El ancestro del SIDA se
halla en una subespecie de chimpancé, Pan troglodyte
troglodyte, el cual vive confinado entre los ríos Sanaga
(Camerún) y Congo (República Democrática del Con-
go) –los chimpancés no pueden nadar–. Es una mezcla
de otros virus endémicos de mandriles, animales que
los chimpancés cazan y comen.
De los archivos coloniales en París, Marsella, Bruse-
las, Lisboa y Londres, Jacques Pépin halló registros
de clínicas congoleñas de comienzos de siglo XX. En
ellos se menciona cómo se exigía que las prostitutas
africanas fueran sometidas a exámenes médicos de
enfermedades venéreas. Un periódico congoleño,
Voix
du Congolais
, escribía ampliamente en aquella época
contra la poligamia y prostitución.
En la naturaleza, solo el 6% de los chimpancés Pan tro-
glodyte troglodyte están infectados. En cada grupo o
familia de estos chimpancés, cada hembra copula con
muchos machos, pero la cópula con machos de otros
grupos es inhabitual. De aquí se concluye que mientras
unos grupos o familias de estos chimpancés no están
infectados, otros llevan una importante carga viral.
El subtipo VIH-1 tiene cuatro grupos genéticos: M, N, O
y P. Esto indica que el salto del chimpancé al hombre
sucedió cuatro veces a lo largo de la historia. Sin em-
bargo, solo el genotipo M del VIH-1 explica el 99% de
todos los casos existentes hoy día. La datación mole-
cular muestra que el grupo M alcanzó a los humanos en
algún momento alrededor del año 1921. Los chimpan-
cés son demasiado grandes y ágiles para ser cazados
sin armas de fuego, que únicamente poseían los hom-
bres blancos hasta comienzos del siglo XX.
Partiendo de información sobre el censo colonial y de
las encuestas acerca de cómo actuaban los cazado-
res, así como de los registros de infecciones entre las
enfermeras por manejo de jeringuillas contaminadas,
Jacques Pépin estima que a comienzos de la década
de 1920, un máximo de 1.350 cazadores podían haber
tenido contacto sangre-sangre con chimpancés Pan
troglodyte troglodyte. Solo el 6% de estos chimpancés
(unos 80 ejemplares) estarían infectados; y solo un 4%
de los cazadores que hubiesen sufrido rasguños se
habrían infectado. Esto sugeriría que solo habría tres
cazadores infectados.
Teniendo en cuenta que la transmisión sexual de la
infección por VIH es bastante ineficiente, esta vía de
contagio (sexual) partiendo de tres cazadores no es
La larga
ruta del
virus del
SIDA
Dr. José Manuel López Tricas.
Farmacéutico espe-
cialista en Farmacia Hospitalaria
del SIDA, distinto del VIH-1. La transmisión del VIH-2
es mucho más difícil que la del subtipo 1, además de
causar una variante más benigna de enfermedad, con
la cual muchos pacientes pueden vivir durante déca-
das sin tratamiento. Dándose cuenta que los casos
de infección por VIH-2 eran más frecuentes entre las
personas más ancianas, el Dr. Pépin concluyó que la in-
fección se estaba extinguiendo. Si la transmisión sexual
entre las personas más jóvenes no mantenía activo el
virus, debió existir alguna otra ruta para su transmisión
entre personas mayores. Las sospechas se centraron
en las agresivas campañas de los médicos coloniales
contra la sífilis, lepra y tuberculosis, hasta la indepen-
dencia de esos países a comienzos de la década de
1960.
Los médicos usaban inyecciones de antibióticos en lu-
gar de comprimidos, ya que éstos eran mucho menos
accesibles y más costosos. Jacques Pépin comenzó
sus estudios de campo en el año 2005. Partiendo de
análisis de sangre de africanos de 55 o más años,
mostró que aquellos que habían recibido muchas in-
yecciones en su juventud, o habían sufrido circuncisio-
nes en las que se usaba la misma cuchilla para varios
muchachos, tenían anticuerpos frente a hepatitis C y
HTLV (un virus poco conocido relacionado con el VIH-1
que también infecta a los linfocitos CD4, pero es prác-
ticamente inocuo).