bifar 115 julio 2013 - page 36

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Bifar
El ORIGEN de
la triple viríca
N
uestro mundo desarrollado vive
en una burbuja epidemiológica;
y no somos muy conscientes
de ello. Graves enfermedades
que, desde siempre, han determinado
un destino azaroso durante la infancia,
las vemos hoy día como historias lejanas.
Mientras nuestras abuelas identificaban
sin lugar a dudas un cuadro de saram-
pión infantil, en la actualidad incluso los
hospitales han de recurrir a los Clínicos
con mayor experiencia para confirmar el
diagnóstico (¿es realmente lo que parece
qué es?).
Debemos nuestro bienestar, y en muchos
casos nuestra vida, al trabajo de un hom-
bre y a los sucesos que acaecieron du-
rante la primavera de hace exactamente
medio siglo.
Situémonos: es la 1 de la madrugada del
21 de marzo del año 1963. Un irascible,
pero a la vez modesto científico de Merck
llamado
Maurice R. Hilleman,
se des-
pertó en su hogar de Lafayette Hill, en
Philadelphia, Estados Unidos. Su hija de
cinco años,
Jeryl Lynn
, lloraba molesta
por una úlcera en la garganta.
El examen clínico le permitió observar in-
flamación detrás de su mandíbula, signo
clínico indicativo de parotiditis (paperas).
Poco podía hacerse en aquella época,
más allá de colocar a la niña en una pos-
tura que facilitase el drenaje de las glán-
dulas parotídeas. Para muchos niños la
parotiditis era una enfermedad banal sin
mayores consecuencias, pero el Dr. Hille-
man sabía que en ocasiones derivaba en
un cuadro más grave con secuelas que
iban desde la sordera a la incapacidad
permanente. El Dr. Hilleman limpió la parte
posterior de la garganta de su hija, toman-
do muestras que sumergió en un caldo
de cultivo, transportándolo rápidamente al
congelador de su laboratorio.
El nombre de Maurice Hilleman no es muy
conocido, pero hoy casi todos los niños
reciben la vacuna denominada “triple ví-
rica” (contra el sarampión, parotiditis y
rubéola), que él desarrolló a partir del fro-
tis que recogió de la garganta de su hija
aquella, hemos de suponer, angustiosa
noche. Pero la vacuna “triple vírica” no
constituyó la única contribución de Mau-
rice R. Hilleman. Cuando falleció, en el
año 2005, muchos investigadores esta-
ban de acuerdo con el hecho de que sus
hallazgos habían salvado más vidas que
cualquier otro avance médico a lo largo
del siglo XX. Durante su vida profesional
Maurice R. Hilleman concibió o mejoró
sustancialmente más de 25 vacunas, in-
cluyendo 9 de las 14 que se recomiendan
a los niños de manera rutinaria.
Cuando era un hombre joven, Maurice Hi-
lleman solo aspiraba a ser gerente en el
almacén J.C. Penney. Su personalidad era
incompatible con este trabajo. De hecho,
cuando se le preguntaba de qué se sentía
más orgulloso en su vida, solía responder:
“haber sobrevivido mientras era un bas-
tardo”. Tras obtener su doctorado en Mi-
crobiología en la Universidad de Chicago,
Illinois, en EE.UU., entró en Laboratorios
Merck. Sus maneras poco sofisticadas le
marginaban dentro de la empresa. Según
el
Dr. Fauci
, “Maurice solía emplear un
vocabulario con abundantes palabrotas,
incluso cuando trabajaba como revisor
(peer) de artículos científicos”.
Las vacunas son herramientas que dina-
mizan el sistema inmunitario, estimulán-
dolo para resistir frente a una enfermedad
infecciosa, sin desencadenar los síntomas
característicos de la infección. La elabora-
ción de las primeras vacunas tenía más de
arte que de ciencia, en palabras de
Paul
A. Offit
, pediatra de Philadelphia, autor de
“Vaccinated” una biografía de Maurice R.
Hilleman, escrita en el año 2007.
La práctica general de preparación de va-
cunas consiste en aislar un organismo in-
feccioso, descubrir cómo mantenerlo vivo
en el laboratorio, para debilitarlo (atenuar
su virulencia) mediante la inoculación re-
petida en embriones de pollo. Tras varios
ciclos de multiplicación en embriones de
pollo, los microorganismos infecciosos
pierden su capacidad de división en los
humanos, esto es, atenúan su virulencia,
pero mantienen la capacidad residual de
inducir la respuesta inmune. Otras etapas
en el desarrollo de vacunas, sobre las que
el Dr. Hilleman mostró un particular interés
fueron la seguridad y los potenciales efec-
tos secundarios.
En la primavera de 1963, la Food and
Drug Administration (FDA) norteameri-
cana otorgó la primera licencia para una
vacuna contra el sarampión. Gran parte
del trabajo inicial sobre el virus causan-
te del sarampión se había realizado en
el laboratorio de
John F. Enders
, en el
Boston Children’s Hospital (John Franklin
Enders ex aequo
Thomas Huckle Weller
y Frederick Chapman Robbins
, fueron
galardonados con el Premio Nobel de Fi-
siología y Medicina en el año 1954 por sus
trabajos sobre el cultivo celular de los vi-
rus de la poliomielitis). Las preparaciones
iniciales de la vacuna contra el sarampión
desencadenaban eritema y fiebre. Fue en
este punto cuando el Dr. Hilleman comen-
zó a trabajar para mejorar estas vacunas.
Impelidos por los Organismos de Salud
Pública para frenar una enfermedad que
mataba cada año a unos 500 niños en
Estados Unidos, los doctores Hilleman y
Joseph Stokes
idearon una manera de
disminuir los efectos adversos asociados
con las primeras vacunas. El procedimien-
to consistía en inyectar una
γ
-globulina en
El Dr. Hilleman limpió la parte posterior de la garganta
de su hija, tomando muestras que sumergió en un
caldo de cultivo, transportándolo rápidamente al
congelador de su laboratorio
Sección
Científica
José Manuel López Tricas.
Farmacéutico especialista en Farmacia Hospitalaria.
Farmacia Las Fuentes
Durante su vida profesional Maurice R. Hilleman
concibió o mejoró sustancialmente más de 25
vacunas, incluyendo 9 de las 14 que se recomiendan
a los niños de manera rutinaria
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