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Científica
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un brazo del niño y la vacuna contra el sa-
rampión en el otro brazo. Este modo de
proceder representó el comienzo del fin
de esta enfermedad en Estados Unidos.
Maurice R. Hilleman dedicó el siguiente
cuatrienio a perfeccionar la vacuna, obte-
niendo una cepa (Moraten –acrónimo de
“More attenuated enders”–) mucho más
segura, y que hoy día continúa vigente.
Como siempre, el Dr. Hilleman se mante-
nía en un segundo plano.
Hace ahora también medio siglo, esto
es, en la primavera de 1963, se produjo
otro avance trascendental en el desarro-
llo de la futura vacuna “triple vírica”: una
epidemia de rubéola se desencadenó en
Europa, extendiéndose rápidamente por
todo el mundo. Los efectos fueron devas-
tadores: solo en los Estados Unidos las
infecciones que afectaron a embarazadas
durante el primer trimestre de gestación
causaron más de 11.000 abortos, según
el CDC (Centers for Disease Control and
Prevention). Otros 20.000 niños cuyas ma-
dres habían padecido rubéola durante su
embarazo nacieron con diversas deficien-
cias, desde sordera, a enfermedad cardía-
ca y cataratas. Se describió el cuadro de
infección congénita por rubéola materna.
El Dr. Hilleman había ensayado su propia
vacuna cuando la epidemia terminó en el
año 1965. Acordó trabajar con una vacuna
que habían desarrollado las Autoridades
Federales a la que se referiría más tarde
como “tóxica, tóxica, tóxica”. Maurice R.
Hilleman perfeccionó la vacuna, consi-
guiendo la autorización de la FDA en el
año 1969; y, lo más importante, se evitó
otra epidemia de rubéola con su terrible
peaje de sufrimiento y vidas futuras. Fi-
nalmente en el año 1971, el Dr. Hilleman
juntó las vacunas de sarampión, paroti-
ditis y rubéola en una preparación única
(“triple vírica”), reduciendo el número de
inyecciones de seis a dos. Sin embargo
hubo ulteriores mejoras: en el año 1978
Stanley Plotkin
, a la sazón en el Wistar
Institute (Philadelphia) desarrolló una ver-
sión mejorada de la vacuna anti-rubéola.
Maurice R. Hilleman obtuvo autorización
del Dr. Plotkin para usar este preparado
a fin de obtener una vacuna “triple vírica”
mejorada. Fue una decisión económica-
mente costosa para Merck. Como tantas
veces el Dr. Hilleman se situó en un inme-
recido segundo plano. No es que Maurice
R. Hilleman no tuviese ego, pero siempre
lo supeditó al valor de la excelencia.
Dada la obsesión del Dr. Hilleman con la
seguridad y efectividad, fue una amarga
sorpresa cuando en los últimos años de
su vida, su vacuna fue el centro de lo que
el Dr. Offit llamó “una perfecta tormenta de
miedo”. En el año 1998, la prestigiosa re-
vista médica británica The Lancet publicó
un artículo en el que afirmaba que la vacu-
na “triple vírica” (M.M.R., de las iniciales
en inglés de Measles, Mump y Rubella)
había causado una epidemia de autismo.
El autor del artículo de The Lancet, Andrew
Wakefield, se convirtió en una celebridad
mediática lo que indujo a que algunos pa-
dres se negasen a inmunizar a sus hijos
con la vacuna “triple vírica” (M.M.R., como
se suele designar internacionalmente). El
éxito de la vacuna había hecho olvidar
del imaginario colectivo las devastado-
ras consecuencias asociadas con los
padecimientos que la vacuna conseguía
prevenir. El Dr. Hilleman, que habría sido
merecedor del Premio Nobel de Fisiolo-
gía y Medicina, tuvo que vivir recibiendo
descalificaciones e incluso amenazas de
muerte.
Numerosos estudios desvincularon cual-
quier potencial relación entre la vacuna
“triple vírica” y el autismo. El artículo ha
sido retractado y la revista The Lancet rea-
lizó palinodia de la publicación. En el año
2010, las autoridades médicas británicas
prohibieron a Andrew Wakefield la prácti-
ca de la medicina.
La rectificación de The Lancet llegó de-
masiado tarde para el Dr. Hilleman, quien
poco tiempo antes había muerto de cán-
cer; pero también llegó tarde para muchos
padres que erróneamente no habían va-
cunado a sus hijos. Solo en el año 2011
un brote de sarampión en Europa hizo
enfermar a 26.000 niños, muriendo 9 de
ellos. Dado que la enfermedad es muy
contagiosa todavía se producen casos es-
porádicos entre personas no vacunadas.
Aunque a título póstumo, hay que recono-
cer el inmenso valor del trabajo de Mau-
rice R. Hilleman. La Measles and Rubella
Iniciative, una campaña mundial organiza-
da en el año 2001 suministró vacuna “tri-
ple vírica” a un mil millones de niños en el
siglo XXI, previniendo casi 10 millones de
muertes, por menos de dos dólares cada
dosis.
Aquella niña (la hija del Dr. Hilleman) del
año 1963, de cuya garganta se extrajeron
las cepas que hicieron posible salvar un
sinnúmero de vidas, es ahora una con-
sultora de biotecnología en Silicon Valley,
California en Estados Unidos; solo en ese
país, la incidencia actual de sarampión es
de menos de 1.000 casos al año, cuando
en la primavera de hace medio siglo era
de 186.000.
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Numerosos estudios desvincularon cualquier
potencial relación entre la vacuna “triple vírica”
y el autismo