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Bifar
¡Orden! ¿Orden? Orden, por favor
T
ras desembarazarse de otros gre-
mios con los que había compartido
viaje (tan diversos como médicos,
comerciantes o especieros), en el
siglo XIII se afianzan por fin las corporacio-
nes exclusivamente farmacéuticas en ciuda-
des como París o Aviñón. Su finalidad no era
otra que la de preservar el monopolio, a la par
que limitar el número de farmacias por área
geográfica, velar por la calidad de los pro-
ductos, establecer precios, pautar la forma-
ción de los aprendices... (¿Suena de algo?).
Pese a todos estos controles y exclusivi-
dades para el gremio, la situación no era
El farmacéutico y escritor Daniel de María es el autor de esta sección que reco-
rre la historia de la farmacia pero de una forma “laxa, desenfadada y hasta críti-
ca”, como su propio autor señala. Una pluma de oro, acompañada de un pincel
de lujo, ya que para ilustrar esta sección contamos con los originales dibujos
del también farmacéutico y pintor Bernardo Sánchez.
Texto:
Daniel de María.
Imagen:
Bernardo Sánchez.
Nos quejamos en la actualidad del férreo control al que es sometida la farmacia
comunitaria, pero si echamos la vista atrás comprobamos que la profesión
farmacéutica ha estado, desde sus inicios, muy pero que muy controlada...
boyante que digamos. Así, en Italia, aun-
que controlaban la venta de más de 2.000
artículos, los farmacéuticos ejercían como
enterradores para poder llegar a fin de mes.
Y si avanzamos rápido la cinta (unos 800
años hasta la actualidad, más o menos), nos
encontramos con una regulación parecida y
unas necesidades para llegar a fin de mes
En Italia aunque controlaban la venta de más de
2.000 artículos, los farmacéuticos ejercían como
enterradores para poder llegar a final de mes
Un aspirante a apotecario (como entonces se denominaba a los boticarios) en el examen del protomedicato. Formaba parte
del tribunal que lo examinaba el propio boticario que había enseñado las artes farmacéuticas al alumno.
Dibujo a pluma del farmacéutico Bernardo Sánchez.
similares, cada vez en un mayor número de
oficinas de farmacia. Eso sí, al menos hemos
logrado dejar de lado el tema de los enterra-
mientos, que algo es algo.
Llegamos al siglo XVI y la cosa se pone más
estricta. Más requisitos y más control si cabe
(que, apretando bien, cupo y sigue cabien-