BIFAR 113 enero 2013 - page 37

Mientras
Banting
y
Best
trabajaban, eldirec-
tor del laboratorio,
John J. R. Macleod
pasaba su verano en Escocia. Banting nunca
perdonó que Macleod, a su regreso, quisie-
ra apropiarse intelectualmente de su trabajo. Y
así, cuando Banting y Macleod (se excluyó in-
justamente a Charles Best) fueron galardona-
dos con el Premio Nobel de Fisiología y Medi-
cina en el año 1923, Banting rehusó recoger el
galardón en Estocolmo, arguyendo que, aun-
que compartía el Premio con Macleod, nunca
compartiría el podio.
Entre tanto, Frederick Banting recibía car-
tas desesperadas de muchas madres, entre
ellas Antoinette, la madre de Elisabeth, que
comenzaba:
My Dear Dr. Banting: I am very
anxious to know more of your discovery (…).
My daughter is pitifully depleted and reduced
[Mi querido Dr. Banting: estoy ansiosa por sa-
ber más acerca de su descubrimiento (…).
Mi hija está tan deteriorada que da lástima].
El padre de Elisabeth, Charles Evans Hug-
hes, había dejado su puesto en el Tribu-
nal Supremo para servir como Secretario de
Estado en la Administración del Presidente
Warren G. Harding
. A pesar de estas cir-
cunstancias, el Dr. Banting respondió excu-
sándose por no disponer de insulina para su
hija. En su respuesta afirmaba que solo lo-
graba preparar insulina para un puñado de
pacientes. Pero unas pocas semanas más
tarde, Frederick Banting cambió su actitud.
Tal vez la posición del padre de Elisabeth ha-
Banting vendió derechos de producción
industrial a la empresa farmacéutica fundada
por el coronel veterano de la Guerra Civil
norteamericana
Ely J. Lilly
bía modificado la postura del joven médico
canadiense. Charles Evans Hughes era un
hombre tan rígido que
Theodor Roosevelt
,
se refería a él como “el iceberg barbudo”.
Finalmente, la exhausta Elisabeth viajó a On-
tario, recibiendo las inyecciones que le salva-
ron la vida. Fue el final del viaje de Elisabe-
th, pero solo el comienzo para muchos mi-
les de niños cuyos padres no tenían influen-
cia social.
La venganza del Dr. Banting fue vender los
derechos de producción industrial de insuli-
na a la empresa farmacéutica fundada por el
coronel veterano de la Guerra Civil norteame-
ricana
Eli J. Lilly
, de Indeanapolis (Indiana).
La producción de insulina a gran escala era,
en sus comienzos, una tarea abrumadora, en
aspectos logístico y económico.
En poco tiempo trenes cargados de pán-
creas congelados procedentes de los gran-
des mataderos de Chicago (Illinois) llegaban
a la planta de producción de Lilly; y ya en el
año 1932 el precio de los preparados de in-
sulina habían caído un 90%.
Mientras tanto la idea de que los pacientes
testaran su propia orina, calculando la dosis
de insulina que debían inyectarse fue consi-
derada en un principio estrafalaria por mu-
chos médicos. Con todo, acabó por prevale-
cer. De hecho, la diabetes fue la primera en-
fermedad en la que los médicos se vieron for-
zados a ceder parte de su responsabilidad a
sus pacientes. Con la insulina, los diabéticos
adquirieron pronto el derecho y la responsa-
bilidad de cuidar su propia salud, una actitud
que, en aquella época, se consideraba exce-
sivamente arriesgada.
Algunos de los niños que comenzaron a re-
cibir las primeras inyecciones de insulina, se
convirtieron, ya adultos, en portavoces de
los derechos de los pacientes. Pero no fue
el caso de Elisabeth Hughes. A pesar de que
durante algún tiempo fue la niña diabética
más famosa de Estados Unidos, y de que re-
cibió alrededor de 42.000 inyecciones de in-
sulina hasta su fallecimiento en el año 1981
cuando contaba 71 años, Elisabeth Hughes
destruyó gran parte del material que docu-
mentaba la historia de su dolencia, supri-
miendo en los documentos de su padre to-
das las referencias a su diabetes; llegando
a negar en ocasiones que hubiese sido una
niña enferma.
Sin embargo, en una de las pocas cartas que
se conservan, Elisabeth escribe a su madre
cuando se inyecta la insulina de forma autó-
noma por primera vez: “puedo hacerlo per-
fectamente, hermosamente. Ahora me siento
absolutamente independiente”.
l
FUENTE BIBLIOGRÁFICA
Título:
Breakthrough Elisabeth Hughes,
the Discovery of Insulin, and the
Making of a Medical Miracle.
Autores:
The Cooper & Arthur Ainsberg.
(El libro no ha sido traducido al es-
pañol)
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