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Bifar
El descubrimiento
de la Insulina
G
racias a la insulina, niños que mo-
rían famélicos volvieron a jugar y
reír, mientras los padres, e inclu-
so los médicos, hablaban de “re-
surrecciones bíblicas”: como en la visión del
profeta Ezequiel del valle de los huesos se-
cos, en los niños con diabetes volvía a cre-
cer la carne sobre verdaderos esqueletos vi-
vientes. De estos niños se decía que tenían
el peso de sus huesos y un alma humana.
La insulina no cura la enfermedad, solo fre-
na su dramática progresión. En el año 1921,
la mortalidad causada por diabetes en la ciu-
dad de New York era la más alta de todos
los Estados Unidos. Aun hoy día, a comien-
zos de la segunda década del siglo XXI, la
diabetes está entre las cinco enfermedades
que más muertes causan en New York City.
Pero ahora, a diferencia de entonces, son los
adultos quienes fallecen por diabetes, no los
niños.
En el libro
Breakthrough Elisabeth Hughes,
the Discovery of Insulin, and the Making of a
Medical Miracle
se cuenta la historia del des-
cubrimiento de la insulina a través de un caso
real, aunque no paradigmático. Los autores,
Thea Cooper & Arthur Ainsberg
se reali-
zan las preguntas clásicas ante los grandes
descubrimientos: ¿quién consiguió primero
el fármaco?; ¿quién pagó por él?; y, sobre
todo, ¿tuvieron los investigadores un mereci-
do e igualitario reconocimiento?
A comienzos del siglo XX media docena de
grupos de investigación trataban de obtener
insulina en forma purificada, pero la tecnolo-
gía química de la época hacía casi imposible
aislarla separándola de las enzimas diges-
tivas sintetizadas también por el páncreas.
No olvidemos que tanto la insulina como las
enzimas digestivas son proteínas, y que los
métodos analíticos para separarlas termina-
ban por desnaturalizarlas.
En ausencia de insulina el organismo es inca-
paz de utilizar glucosa como fuente de ener-
gía. Hoy sabemos que los niños con diabe-
tes de aparición temprana (diabetes tipo 1 o
juvenil) carecen por completo de insulina, a
diferencia de la diabetes tipo 2 que afecta a
personas a partir de la mitad de la vida en
los que sus páncreas sintetizan insulina, pero
sus tejidos se tornan relativamente refracta-
rios a su acción. Así, el azúcar y el almidón se
comportan en los niños diabéticos como un
verdadero veneno. La sangre acumula glu-
cosa que los tejidos no pueden utilizar como
combustible, y ésta termina por excretarse en
la orina, arrastrando agua de tal suerte que el
organismo actúa como un sifón (de ahí la eti-
mología “diabetes” que en griego significa si-
fón). El organismo comienza a consumirse, y
los afectados que no reciben tratamiento ter-
minan por fallecer de inanición en medio de
la abundancia.
Antes de que la insulina estuviera disponible,
los niños diabéticos eran alimentados con
ensaladas y huevo (alimentos prácticamen-
te carentes de azúcar), aportándoles las ca-
lorías mínimas para sobrevivir. Pero apenas
se conseguía controlar la enfermedad. Se lo-
graba que vivieran algo más que sus homó-
logos no tratados, pero eran verdaderos es-
queletos. El Dr.
Elliot Joslin
fundó una clí-
nica en Boston, Massachusetts, que hoy, un
siglo más tarde, continúa siendo un referen-
te en el tratamiento de la diabetes. El Dr.
Fre-
derick Allen
abrió en el East 51th Street, en
Manhattan, New York, una residencia hospi-
talaria, que más tarde fue trasladada a una
zona rural de New Yersey.
Fue al Dr.
Allen
a quien acudió
Charles
Evans Hughes
, un eminente jurista del Tri-
bunal Supremo, cuando su hija,
Elisabeth
manifestó la sintomatología de la diabetes en
el año 1919, contando 11 años de edad. Se
la describe en el libro como una niña encan-
tadora, fascinada por la ornitología. Sometida
a la estricta dieta del Dr. Allen, Elisabeth co-
menzó a perder peso rápidamente, sufriendo
episodios de diarrea que varias veces pusie-
ron su vida en peligro. La madre de Elisabe-
th tuvo conocimiento de que la insulina ha-
bía sido aislada en Canadá. El trascenden-
tal logro había sido llevado a cabo por
Fre-
derick Banting
, hijo de un granjero que se
había graduado en Medicina en la universi-
dad de Ontario, sin demasiadas buenas no-
tas. A consecuencia de las heridas sufridas
en Europa durante la Gran Guerra (I Guerra
Mundial) se vio impelido al trabajo de labo-
ratorio. Y durante el tórrido verano canadien-
se de 1921, en colaboración con su asisten-
te
Charles Best
, trataron de aislar insulina a
partir del páncreas de perros.
Antes de que la insulina estuviera disponible,
los niños diabéticos eran alimentados con
ensaladas y huevo, apartándoles las calorías
mínimas para sobrevivir
Sección
Científica
Uno de los avances más importantes en farmacología fue
el aislamiento de la insulina en el año 1921 por un equipo
de investigadores canadienses no muy bien avenido.
Dr. José Manuel López Tricas
Farmacéutico especialista
en Farmacia Hospitalaria