Bifar
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Pero en calma no sabemos estar. Así
que esta época dorada duró poco por-
que se metió con fuerza el gremio de
los químicos-drogueros, que empeza-
ron a hacer exactamente lo mismo que
los farmacéuticos (a excepción de que
éstos realizaban visitas domiciliarias).
El farmacéutico se quejó pero acabó
perdiendo la batalla y los químicos-
drogueros fueron los protagonistas de
la botica inglesa en el siglo XIX. Y es
que los farmacéuticos, pese a todas
las victorias anteriores, también tuvie-
ron su “invencible inglesa”.
l
Pero una profesión que nació con la
necesidad de abrirse paso no sabe
estar tranquila, así que a los farmacéu-
ticos ingleses les dio por ejercer como
médicos en aquellas ciudades donde
no había uno. Y ¿para qué quieres
más? Otro lío que duró hasta entrado
el XVIII. Y mira que los farmacéuticos
sólo cobraban por el medicamento
dispensado y no por la consulta y el
diagnóstico correspondiente (vamos,
como sucede en el siglo XXI). En el
conflicto intervino la mismísima Cáma-
ra de los Lores a favor de los farma-
céuticos (por el beneficio del interés
público, se justificaron), aunque pun-
tualizaron que sólo cuando no hubiera
la posibilidad de la presencia de un
médico, sin cobrar por ello (ya esta-
mos otra vez con el dichoso gasto far-
macéutico) y siempre que el boticario
hubiera recibido un aprendizaje previo.
Hay que apostillar al respecto que,
como perseverantes también somos,
un siglo más tarde cedieron y permi-
tieron al farmacéutico cobrar por la
consulta.
Los médicos acusaban a los farmacéuticos de
prescribir por su cuenta. Vamos, el “esto me lo dan
sin receta” de nuestros días
Un hechicero intenta curar a un enfermo.
Recreación basada en los dibujos hallados
en las cuevas prehistóricas de diferentes
países europeos. El hechicero se adornaba
con cornamentas de ciervo y pieles para
ahuyentar la enfermedad.




