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Bifar
S
Enfermedad de HUNTINGTON
co de la enfermedad de Huntington, no es
un buen marcador de la evolución de es-
ta enfermedad neurodegenerativa. La co-
rea puede ser muy manifiesta en las eta-
pas iniciales, pero con el tiempo la rigidez
y la
distonía
terminan por predominar sobre
otros síntomas.
Otro signo característico es la
impersisten-
cia
motora (imposibilidad de mantener la
contracción voluntaria de un músculo). Una
expresión de este signo clínico es la inca-
pacidad de apretar la mano durante un sa-
ludo cortés, lo que los ingleses denominan
milkmaid’s grip
(la forma de dar la mano
sin apretar). La
impersistencia
motora es
un marcador más predecible de la progre-
sión de la enfermedad, en detrimento de
la corea. Por esta razón se prefiere usar la
denominación «enfermedad de Huntington»
en vez de «Corea de Huntington».
Los pacientes terminan falleciendo por las
secuelas de caídas, inanición, disfagia o
aspiración. Normalmente la supervivencia
entre el diagnóstico y el fallecimiento no
suele sobrepasar dos décadas.
En ocasiones los signos clínicos son muy
inespecíficos, y los pacientes pueden reci-
bir diagnósticos erróneos, tales como en-
fermedad de Parkinson, esquizofrenia o ca-
tatonía. Los signos oculares y la corea son
definitorios en clínica para un diagnóstico
confirmativo.
Diagnóstico diferencial
Existen otras enfermedades neurodegene-
rativas que por infrecuentes se confunden
con la enfermedad de Huntington. Citemos
algunos de estos síndromes: «neuroacan-
tocitosis», «discinesia tardía», «hemicorea
vascular», «corea de Sydenham», epónimo
l 13 de abril de 1872
Geor-
ge Huntington
publicó
un artículo que descri-
bía una enfermedad del
sistema nervioso que terminaría
por ser designada por su epóni-
mo, enfermedad de Huntington,
durante muchos años denominada
«Corea de Huntington», en razón
de los movimientos involuntarios
entrecortados (corea) que afec-
tan a cabeza, cara y miembros.
La enfermedad ya había sido
descrita con anterioridad.
John
Elliotson
había descifrado en
1832 que se trataba de una enferme-
dad hereditaria.
Genética
La enfermedad de Huntington es una ge-
nopatía autosómica (no ligada al sexo)
dominante (la presencia de un único ale-
lo mutado basta para que se manifieste la
patología). El gen se localiza en el brazo
corto del cromosoma 4. El defecto genético
que subyace es la repetición de un codón
(CAG). [CAG, designan a los nucleótidos
de purina, Citosina, Adenina, Guanina]. El
número de veces que se repite esta se-
cuencia de nucleótidos determina la
pene-
trancia
de la enfermedad, siendo máxima
cuando el codón se repite más de 41 ve-
ces. Para un número de repeticiones entre
36 y 40, la
penetrancia
se considera incom-
pleta. Un número de repeticiones menor de
35 no se traduce en enfermedad clínica. El
codón CAG codifica la síntesis del aminoá-
cido glutamina. Así pues, las secuencias
repetidas de CAG dan lugar a cadenas de
poli-glutamina que se sitúan en el extremo
N-terminal de las proteínas.
Un número de repeticiones igual o superior
a 28 da lugar a inestabilidad de la replica-
ción cromosómica, siendo esta inestabili-
dad tanto más significativa cuanto mayor
sea el número de repeticiones del triplete
CAG. Además, la inestabilidad es mayor en
la espermatogénesis que en la ovogénesis.
De ahí que el genotipo paterno contribuya
más a la herencia de la enfermedad que el
genotipo materno.
Los gemelos heterocigotos con enferme-
dad de Huntington desarrollan la enferme-
dad en distintas épocas de sus vidas, a
veces con una diferencia de varios años.
Esta circunstancia parece deberse a que,
aun cuando son idénticos genotípicamen-
te, sus fenotipos son distintos. Sin
embargo, los gemelos homoci-
gotos (genotípicamente y feno-
típicamente idénticos) apenas
muestran diferencias en la edad
a la que debuta la enfermedad
aunque sí en su progresión.
Fisiopatología
La enfermedad puede debu-
tar en cualquier momento, casi
desde el nacimiento hasta la se-
nectud. Hay una fase prodrómi-
ca con cambios sutiles, impercep-
tibles incluso para el propio paciente,
que afectan a la personalidad, cognición
y control motor. En esta fase preclínica los
afectados pueden manifestar irritabilidad,
desinhibición y descuido en la realización
de tareas conocidas, a la par que aumenta
la dificultad para llevar a cabo actividades
que exijan prestar atención simultánea a
varios aspectos. Además se manifiesta un
estado de creciente ansiedad. El diagnósti-
co se suele llevar a cabo cuando aparecen
signos patognomónicos, tales como corea
(movimientos involuntarios entrecortados),
incoordinación, impericia motora y enlen-
tecimiento de los movimientos oculares.
Los problemas cognitivos y psiquiátricos
están siempre presentes. Los cuadros de-
presivos y las ideaciones suicidas son co-
munes en las primeras fases de la enferme-
dad, sobre todo tras el diagnóstico confir-
matorio. Según algunos estudios hasta un
25% de todos los pacientes realizan inten-
tos suicidas durante la parte de su enfer-
medad en la que el paciente mantiene su
autonomía personal.
Si bien la aparición de corea (movimientos
involuntarios entrecortados de cabeza, ca-
ra y miembros) es el signo patognomóni-
José Manuel López Tricas
y
Ángela Álvarez de Toledo Bayarte.
Farmacia las Fuentes.
Imagen del artículo publicado por George Huntington.




