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28

Bifar

S

Enfermedad de HUNTINGTON

co de la enfermedad de Huntington, no es

un buen marcador de la evolución de es-

ta enfermedad neurodegenerativa. La co-

rea puede ser muy manifiesta en las eta-

pas iniciales, pero con el tiempo la rigidez

y la

distonía

terminan por predominar sobre

otros síntomas.

Otro signo característico es la

impersisten-

cia

motora (imposibilidad de mantener la

contracción voluntaria de un músculo). Una

expresión de este signo clínico es la inca-

pacidad de apretar la mano durante un sa-

ludo cortés, lo que los ingleses denominan

milkmaid’s grip

(la forma de dar la mano

sin apretar). La

impersistencia

motora es

un marcador más predecible de la progre-

sión de la enfermedad, en detrimento de

la corea. Por esta razón se prefiere usar la

denominación «enfermedad de Huntington»

en vez de «Corea de Huntington».

Los pacientes terminan falleciendo por las

secuelas de caídas, inanición, disfagia o

aspiración. Normalmente la supervivencia

entre el diagnóstico y el fallecimiento no

suele sobrepasar dos décadas.

En ocasiones los signos clínicos son muy

inespecíficos, y los pacientes pueden reci-

bir diagnósticos erróneos, tales como en-

fermedad de Parkinson, esquizofrenia o ca-

tatonía. Los signos oculares y la corea son

definitorios en clínica para un diagnóstico

confirmativo.

Diagnóstico diferencial

Existen otras enfermedades neurodegene-

rativas que por infrecuentes se confunden

con la enfermedad de Huntington. Citemos

algunos de estos síndromes: «neuroacan-

tocitosis», «discinesia tardía», «hemicorea

vascular», «corea de Sydenham», epónimo

l 13 de abril de 1872

Geor-

ge Huntington

publicó

un artículo que descri-

bía una enfermedad del

sistema nervioso que terminaría

por ser designada por su epóni-

mo, enfermedad de Huntington,

durante muchos años denominada

«Corea de Huntington», en razón

de los movimientos involuntarios

entrecortados (corea) que afec-

tan a cabeza, cara y miembros.

La enfermedad ya había sido

descrita con anterioridad.

John

Elliotson

había descifrado en

1832 que se trataba de una enferme-

dad hereditaria.

Genética

La enfermedad de Huntington es una ge-

nopatía autosómica (no ligada al sexo)

dominante (la presencia de un único ale-

lo mutado basta para que se manifieste la

patología). El gen se localiza en el brazo

corto del cromosoma 4. El defecto genético

que subyace es la repetición de un codón

(CAG). [CAG, designan a los nucleótidos

de purina, Citosina, Adenina, Guanina]. El

número de veces que se repite esta se-

cuencia de nucleótidos determina la

pene-

trancia

de la enfermedad, siendo máxima

cuando el codón se repite más de 41 ve-

ces. Para un número de repeticiones entre

36 y 40, la

penetrancia

se considera incom-

pleta. Un número de repeticiones menor de

35 no se traduce en enfermedad clínica. El

codón CAG codifica la síntesis del aminoá-

cido glutamina. Así pues, las secuencias

repetidas de CAG dan lugar a cadenas de

poli-glutamina que se sitúan en el extremo

N-terminal de las proteínas.

Un número de repeticiones igual o superior

a 28 da lugar a inestabilidad de la replica-

ción cromosómica, siendo esta inestabili-

dad tanto más significativa cuanto mayor

sea el número de repeticiones del triplete

CAG. Además, la inestabilidad es mayor en

la espermatogénesis que en la ovogénesis.

De ahí que el genotipo paterno contribuya

más a la herencia de la enfermedad que el

genotipo materno.

Los gemelos heterocigotos con enferme-

dad de Huntington desarrollan la enferme-

dad en distintas épocas de sus vidas, a

veces con una diferencia de varios años.

Esta circunstancia parece deberse a que,

aun cuando son idénticos genotípicamen-

te, sus fenotipos son distintos. Sin

embargo, los gemelos homoci-

gotos (genotípicamente y feno-

típicamente idénticos) apenas

muestran diferencias en la edad

a la que debuta la enfermedad

aunque sí en su progresión.

Fisiopatología

La enfermedad puede debu-

tar en cualquier momento, casi

desde el nacimiento hasta la se-

nectud. Hay una fase prodrómi-

ca con cambios sutiles, impercep-

tibles incluso para el propio paciente,

que afectan a la personalidad, cognición

y control motor. En esta fase preclínica los

afectados pueden manifestar irritabilidad,

desinhibición y descuido en la realización

de tareas conocidas, a la par que aumenta

la dificultad para llevar a cabo actividades

que exijan prestar atención simultánea a

varios aspectos. Además se manifiesta un

estado de creciente ansiedad. El diagnósti-

co se suele llevar a cabo cuando aparecen

signos patognomónicos, tales como corea

(movimientos involuntarios entrecortados),

incoordinación, impericia motora y enlen-

tecimiento de los movimientos oculares.

Los problemas cognitivos y psiquiátricos

están siempre presentes. Los cuadros de-

presivos y las ideaciones suicidas son co-

munes en las primeras fases de la enferme-

dad, sobre todo tras el diagnóstico confir-

matorio. Según algunos estudios hasta un

25% de todos los pacientes realizan inten-

tos suicidas durante la parte de su enfer-

medad en la que el paciente mantiene su

autonomía personal.

Si bien la aparición de corea (movimientos

involuntarios entrecortados de cabeza, ca-

ra y miembros) es el signo patognomóni-

José Manuel López Tricas

y

Ángela Álvarez de Toledo Bayarte.

Farmacia las Fuentes.

Imagen del artículo publicado por George Huntington.