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S
Los JUDÍOS
en la ciencia médica
José Manuel López Tricas y Ángela Alvárez de Toledo y Bayarte.
Farmacia las Fuentes.
ientras algunas
religiones sitúan
la responsabili-
dad última de
la curación en manos divi-
nas, los judíos nunca han
planteado conflicto entre la
medicina y la fe. El judaísmo
ha considerado a los médicos
y farmacéuticos como instru-
mentos de la Divinidad para
la curación de enfermeda-
des.
Edad Media
Durante la Edad Media
muchos judíos europeos con-
tribuyeron a la expansión del conoci-
miento médico traduciendo a lenguas
romances importantes textos del ára-
be y hebreo; siendo uno de los más
célebres el escrito por Avicenna, médi-
co y filósofo de origen persa, naci-
do en lo que hoy es Uzbequistán en
el siglo XI. Durante la misma época
medieval, los judíos también fueron
acusados de las terribles epidemias
de peste negra (bubónica), cuyos bro-
tes solían comenzar en primavera. Es
muy factible que en ello tuvieran una
involuntaria responasabilidad, por su
costumbre de airear los graneros al
llegar la Pascua Judía (final del invier-
no), lo que facilitaba la expansión de
las ratas y, con ellas, la bacteria
Yer-
sina pestis
.
Los judíos no eran admitidos en las
Facultades de Medicina de las pri-
meras Universidades (denominadas
entonces Estudios Generales). Así
pues, el aprendizaje de la ciencia
médica y farmacéutica se rea-
lizaba bien como aprendi-
ces o como autodidactas.
La Universidad de Padua,
en la actual Italia, admitía
estudiantes judíos en el
siglo XVI, pero les cobraba
tasas de matrícula más ele-
vadas que al resto de los alum-
nos.
Un edicto del Pontífice Cle-
mente VIII (cuyo pontifica-
do se extendió durante los
últimos años del siglo XVI y
primer lustro del siglo XVII)
reafirmó preceptos de Papas
que le precedieron, en los que se
prohibía que médicos judíos asistieran
a enfermos cristianos; y que médicos
cristianos atendieran a pacientes de
origen judío. Sin embargo, casi todos
los Pontífices tenían Clínicos y Farma-
céuticos judíos entre sus asesores.
Hacia el año 1800 las Facultades de
Medicina en Europa abrieron de mane-
ra paulatina sus puertas a estudiantes
de origen judío, incluyendo mujeres
entre sus alumnos. Y en los prime-
ros años del siglo XX, la mitad de los
médicos que ejercían en Berlín, alre-
dedor del 60% de los que trabajaban
en Viena, y un 70% de los que des-
empeñaban su labor en Varsovia, eran
judíos. No obstante, seguían teniendo
restringido el acceso a determinadas
especialidades médicas, tales como
la cirugía, dedicándose a otras áreas
de las ciencias médicas que entonces
tenían menos prestigio, tales como la
dermatología, incipiente inmunología,
patología ginecológica y psiquiatría.
De hecho, el psicoanálisis fue cono-
cido durante un tiempo como “cien-
cia judía”. El propio Sigmond Freud
era de origen judío, viéndose obliga-
do a abandonar Viena, ya gravemen-
te enfermo, para terminar sus días en
Londres.
Prejuicios
Un paradigma de los prejuicios con-
tra los judíos lo hallamos en el insigne
patólogo Paul Ehrlich, galardonado en
el año 1908 con el Premio Nobel de
Fisiología y Medicina, compartido con
Ilych Mechnikov. A pesar del honor
recibido no consolidó su plaza de pro-
fesor en la Universidad de Frankfurt
hasta el año 1914, pocos meses antes
de su fallecimiento. Cuando el Parti-
do Nacional Socialista Obrero Alemán
(Nazi) llegó al poder (1933), cambia-
ron el nombre de todas las calles que
recordaban a Paul Ehrlich, eliminando
Durante la Edad Media muchos judíos europeos
contribuyeron a la expansión del conocimiento
médico traduciendo a lenguas romances
importantes textos del árabe y hebreo
El propio Sigmond Freud era de origen
judío, viéndose obligado a abandonar
Viena, ya gravemente enfermo
Los judíos han sido marginados en
todos los campos del ámbito científico.
Muchos de ellos, tanto americanos como
europeos, han sido grandes innovadores
a pesar de ser incomprendidos y del
menosprecio de la clase médica.
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