Bifar
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de marketing y escaparatismo para los
más metódicos o, para quien pueda
ser generoso en los pedidos, el delega-
do comercial facilita carteles, banners
y demás armatostes que recuerdan a
quien los mira los fabulosos anuncios
televisivos que, esos sí, no tienen com-
petencia. ¿Quién no ha visto alguno?
(están por todas partes,...). Por ejem-
plo, el del antigripal que te libra en un
tris del resfriado para disfrutar de una
tarde con tu media naranja (que es
también uno de los sabores disponi-
bles, por cierto). O el de las cápsulas
que controlan la diarrea en un santia-
mén y te permiten acudir a la importan-
te reunión de trabajo. Y qué decir del
que te deja la ropa blanquísima sólo
sumergiéndola un par de segundos
y sin frotar,... ¡Uy! Perdón, esto no va
aquí. Pero es que uno se pone a recor-
dar anuncios, se emociona y, entonces,
pierde la noción del tiempo,...
l
fracaso puede atribuirse a la volun-
tad de dioses, espíritus o a los pro-
pios pecados del pobre afectado. Por
ejemplo, en Egipto la medicina empí-
rico-racional alcanzó una importancia
notable para la época, donde era con-
siderada un equilibrio entre el sacerdo-
te, el brujo y el médico, como refleja el
papiro de Ebas, que recoge más de
800 prescripciones y donde se citan
unos 700 fármacos. No obstante, es
indicativo que sus más de 20 metros
de longitud se inician con una plegaria.
Las sociedades se organizaron y, aun-
que en la antigua Mesopotamia, en la
ciudad de Nippur, existió una calle
exclusiva para los llamados vendedo-
res de fármacos, no es hasta el tiempo
de los árabes cuando se consolida la
identidad de la profesión, se consigue
una cierta independencia del farma-
céutico respecto del médico y apare-
cen las primeras farmacias.
Tras un retroceso durante la Edad
Media, donde el poder curativo de la
fe y las reliquias religiosas cobrarían de
nuevo fuerza, el Renacimiento conso-
lidará de manera definitiva a la profe-
sión farmacéutica. En esos tiempos, la
pericia del profesional del medicamen-
to en la preparación de las fórmulas y
los resultados que éstas obraban en
los pacientes, eran la mejor publici-
dad posible para mantener una cierta
fama y atraer a un buen número de
pacientes.
La sociedad crece rápido, envejece
más, aumentan sus necesidades y,
por tanto, la demanda en salud. Apare-
cen los laboratorios, que acaparan ese
mayor volumen de elaboración que
no puede cubrirse artesanalmente, a
pequeña escala desde las boticas. Las
farmacias evolucionan y pasan enton-
ces a realizar principalmente funcio-
nes de dispensación y asesoramiento.
Y ahí estamos.
Pero la publicidad también evoluciona
a pasos agigantados. En la farmacia en
forma de cartulinas, tijeras y rotulador
para los más inspirados, con cursos
La comodidad del trabajo es obvia cuando
cualquier fracaso puede atribuirse a la
voluntad de dioses, espíritus o a los
propios pecados del pobre afectado