BIFAR 113 enero 2013 - page 49

Mariano Giménez
Vicepresidente
del COF de Teruel
COF
Teruel
M
i farmacia cumple en 2013 ciento cin-
cuenta años, una cifra respetable que
pienso celebrar.
No sé aún cómo lo haré, pero habrá al
menos una exposición de fotografías y documentos ori-
ginales que en tanto tiempo se han generado.
He estado buscando cualquier otro cumpleaños de si-
glo y medio: empresas, países, personajes o libros que
nacieran en aquel año, y haciéndolo he hallado el libro
Los Miserables
de
Víctor Hugo
, una obra maestra cuya
magnitud y calidad no conocía yo aún. Se publicó en
1862.
Víctor Hugo fue hijo de un general de Napoleón que lu-
chó en la Guerra de la Independencia, en especial en
Cuenca y Guadalajara, zonas limítrofes con Aragón. Su
enemigo fue
Juan Martín el Empecinado
, quien bien
podría haber sido un personaje de esta novela, dada la
persecución y las humillaciones que después sufriría a
manos de Fernando VII.
La novela se sitúa en unos años cruciales en la historia
de Francia, en la Restauración Borbónica de
Luis XVIII
.
Nos encontramos ante una Francia que acababa de so-
ñar en la Libertad con la Revolución Francesa, y en la
Gloria con
Napoleón Bonaparte
, y que se encuentra
con la cruda humillación de volver a ser gobernada por
un rey Borbón, y dominada por los países que el ejército
francés había derrotado una y otra vez durante más de
veinte años. Entre 1789 y 1813.
Como obra maestra que es,
Los Miserables
tiene mu-
chos niveles de lectura. En mi opinión, su tema director
es la bondad, pero hay muchos más, como la evolución
de los sentimientos ante la dureza de la vida, la inflexi-
bilidad de las leyes para con el débil, la contraposición
entre libertad y destino, entre justicia y derecho, la di-
recta relación entre miseria e injusticia, entre pobreza y
maldad, entre poder y abuso de él. Creo que muchas
personas deberían leerlo, pues nuestra sociedad actual
a pasos demasiado rápidos se está acercando a la des-
crita en la bonita historia. Por fin, es un crudo relato del
paso atrás que da Francia tras la caída de
Napoleón I
.
Nuestra sociedad, incluidos los farmacéuticos, salimos
de un largo sueño equiparable al que tuvieron los fran-
ceses entre 1798 y 1813. Los españoles hemos tenido
unos años magníficos: de desarrollo político (la Tran-
sición), social (todos éramos ricos, hasta los pobres,
millones de los cuales emigraban a España desde el
Tercer Mundo) y económico (jugábamos en la Cham-
pions League). Hubo tontos que como el burro flautista
confundieron el éxito con el mérito, cuando era todo un
espejismo temporal. Como los franceses del siglo XIX,
también nosotros estamos dando un paso atrás. ¡Lás-
tima no haya en España un Víctor Hugo para hacer el
crudo relato!
Un ejemplo real es el papel que en nuestra sociedad
desempeña el Estado. Después de muchos años de
Estado Bienestar, de Estado Providencia, es el de Esta-
do creador de miseria. ¿A dónde hemos llegado? ¡Qué
pena me da! Sus cuentas son irreales e inasumibles.
Su morosidad, un factor clave de nuestro declive eco-
nómico.
Yo no soy pesimista. Creo que al final nos daremos
cuenta. No se puede engañar a todos al mismo tiempo.
Y tenemos mucho campo por delante para mejorar.
Hay un montón de estructuras inútiles de las que se
puede prescindir, como son sociedades públicas, te-
levisiones autonómicas, parlamentos autonómicos que
crean caos legislativo y  cuestan mucho más de lo que
valen.
No se debe poner el perjuicio del ciudadano como
precio de las luchas políticas: el euro por receta es un
ejemplo. Se toma la decisión del copago como medida
disuasoria del consumo en un Consejo Interterritorial,
donde Madrid y Barcelona tenían voz y voto, y después,
incumpliendo sus propios compromisos, Barcelona no
pone en marcha el copago hasta varios meses más tar-
de, pero sí el euro por receta; y Madrid, vaciando de su
contenido a la norma, hace trabajar extra a las farma-
cias, obligándolas a rellenar una cartillita que declare
cuánto ha desembolsado el asegurado durante el mes,
permitiéndole no pagar al llegar a su límite personal.
Después, para disuadir del consumo, copia lo hecho
por Barcelona. Y no es esta la única rebelión de algunas
autonomías a normas estatales.
Se toman decisiones irrelevantes, por cobardes y por-
que no sirven para nada. La dación en pago en los pi-
sos hipotecados haría despabilar a los bancos y dejaría
libres de su deuda a los deudores, la reducción de los
intereses de demora a unas cifras soportables sería
la medida complementaria ninguna de las dos se ha
tomado. Nuestros compañeros de Valencia, Cataluña,
etc, saben muy bien que un día de números rojos pue-
de costar más que un mes de préstamo, que la TAE no
la sube el tipo de interés sino las comisiones de apertu-
ra, la falta de puntualidad en los pagos, los redondeos y
la letra pequeña de los contratos con los Bancos.
Se falsean las cuentas públicas, como se hace trasla-
dando el gasto en medicamentos a través de farmacia
a los hospitales. Pero la realidad es terca y al final sale.
Vamos al problema principal, el que ahora nos intere-
sa, que es el impago sistemático de nuestros múltiples
gobiernos, no solo a las farmacias. Generan en cadena
paro y más paro, pues disuaden a los pocos empresa-
rios que vamos quedando de invertir. Y ello disminuye
gravemente la recaudación del Estado. Si piensan pa-
gar, ¿para qué lo atrasan? ¿Qué pueden ganar con ello
más que maquillar unas cifras que nadie se cree?
¿Y si no piensan pagar? Que devuelvan las compe-
tencias que no han sabido administrar y se marchen a
casa. Algunos pensamos que no queda otra solución,
el éxito no tenía mérito, fue muy bonito mientras duró.
l
“El éxito es algo repugnante; su falso parecido con el mérito engaña a los hombres.”
Víctor Hugo
Vamos al
problema
principal, el
que ahora nos
interesa, que
es el impago
sistemático
de nuestros
múltiples
gobiernos,
no solo a las
farmacias
Los MISERABLES
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