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Bifar
AFEZ
F. Javier Ruiz Poza
Presidente de
la Asociación
de Farmacéuticos
Empresarios
de Zaragoza (AFEZ)
La ampliación
de horarios
contamina ese
sistema tan
regulado y dota
de una ventaja
competitiva
añadida a
aquellas
farmacias que
gozan de una
localización
privilegiada
Los MERCADOS
y la dinámica de fluidos
sta crisis, larga y pesada crisis, nos ha llevado a
una situación que se torna irreversible desde el
punto de vista de que nada parece que vaya a
ser igual a tiempos anteriores.
Si algo caracteriza a los tiempos actuales es el estanca-
miento de los mercados. Me explicaré. Un estancamiento
es, en la dinámica de fluidos, cuando el agua llega a una
situación en la que aparentemente no hay salida. Pero
el agua sigue entrando y va subiendo el nivel. Al final, el
fluido siempre busca una salida y llega un momento que
desborda o rompe las paredes del depósito provocando
mayores o menores destrozos.
Esta situación es a la que nos ha llevado la crisis. Los mer-
cados están estancados, pero el agua sigue llegando. En
economía pasa lo mismo, los mercados se saturan hasta
que en un momento rompen y lo hacen en vías de escape
que, por suerte o por desgracia, siempre encuentran. En
España, trágicamente han roto y, entre otras cosas, han
dejado la desorbitada cifra de desempleo que hoy tene-
mos.
La economía pública hace aguas, se cuestiona el estado
de bienestar, no se puede reducir el déficit ya que no se
actúa sobre ciertas partidas del gasto, y como la demanda
no tiene el pulso suficiente, no se mejoran los ingresos. Un
sector público estancado que se ve obligado a contraer
más deuda para financiar ese déficit, que a su vez nos
hace incurrir en más gastos financieros. Perversa espiral.
La economía privada está afectada por el bajo tono de
la demanda interna y la inversión, fruto de la deflación de
los salarios, las mermadas rentas de las familias, los bajos
beneficios empresariales y la elevada cifra de desemplea-
dos. Esto sumado a la escasez de crédito y el encare-
cimiento del mismo, nos aboca a que el estancamiento
tenga que romper o bien por la innovación –complicada
tarea– o por la exportación en busca de nuevos mercados
que, o sean más ricos, o sean mercados emergentes que
tiendan a economías más desarrolladas.
Llegamos a lo que nos interesa, la oficina de farmacia.
Evidentemente, como la mayoría de los sectores, está
estancada. La piedra angular de la farmacia, estableci-
miento sanitario privado de interés público, se ha estan-
cado como consecuencia básicamente de la dependencia
que en los últimos treinta años ha tenido de lo público,
que ahora ha cerrado enérgicamente el grifo.
¿Qué ha pasado entonces? El Sistema Nacional de Salud
ha desbordado su depósito y ha llegado un momento que
las demandas de los usuarios han superado la capacidad
financiera de la oferta. Esto ha roto por la pared más débil
que ha sido el gasto en medicamentos. Se han tomado
una serie de medidas que han reducido el mercado de
12.500 a 9.000 millones de euros
que han inundado a la
farmacia, en cuyo depósito el agua va subiendo el nivel.
Tanto, que en algunos casos está llegando al cuello. La
regulación y planificación del modelo farmacéutico, que
aporta proximidad, capilaridad, equidad y universalidad,
tiene que tener una remuneración para que el farmacéu-
tico pueda ganarse la vida y ofrecer un servicio de calidad.
¿Cuál es la situación por tanto? Como en todos los mer-
cados las cosas deben fluir, pero si en mercados libres
es difícil, todavía lo es más en mercados regulados. La
tradicional posición de la farmacia encajada en el sistema
de salud del que ineludiblemente forma parte, se tambalea
y el agua sube. Así estamos viendo cómo ese estanca-
miento busca las vías de salida en ventas de parafarma-
cia; servicios sanitarios –que buscan alguien dispuesto a
pagar por ellos–; aspectos vinculados a tratar el enveje-
cimiento, la cronicidad y la adherencia desde la botica; la
no fácil tarea de realizar ventas por internet en busca de
nuevos mercados; y otras facetas sanitarias que aporten
futuro a una farmacia, que el sistema público se ha empe-
ñado en que no va a poder mantener. Las medidas corto-
placistas de recorte aplicadas están poniendo en riesgo el
modelo de farmacia que, junto con la distribución, acerca
el medicamento a todo el territorio en las mismas condicio-
nes de precio, garantizando la universalidad y la equidad.
Otra de las vías de escape que están surgiendo son las
ampliaciones de horario. Los horarios de apertura son,
probablemente, la única desregulación que tiene el sec-
tor. La farmacia es un sector tan regulado y tan indiferen-
ciado que la decisión de compra, básicamente, se lleva
a cabo por la proximidad y la comodidad en el acceso.
Parece que la ampliación de horarios contamina ese sis-
tema tan regulado y dota de una ventaja competitiva aña-
dida a aquellas farmacias que gozan de una localización
privilegiada.
Sin embargo, las farmacias sin esas buenas localizaciones
–que generalmente son las más modestas– sustentan el
modelo, dotándolo de capilaridad. Siguen haciendo guar-
dias y cubriendo zonas escasamente pobladas. A éstas
les va subiendo el nivel del agua cada vez más. Además,
podemos añadir que les queda menos trozo de tarta, que
dicho sea de paso, cada vez es más pequeña. No parece
justo dotar de más herramientas al más favorecido por
la ordenación de habitantes y distancias, que le blinda,
sin aportar más valor que el sitio donde están ubicadas.
Esta huida hacia adelante que significa ampliar los hora-
rios, que se extiende por barrios como una mancha de
aceite, más mirando lo que hace el vecino que por crite-
rios racionales, puede agravar más a un sector que lo que
debe de hacer es justo lo contrario: racionalizarse. Es un
problema interno que habrá que debatir, atajar y compen-
sar antes de que sea tarde.
Debemos de reflexionar sobre estos condicionantes y
tomar urgentes medidas para canalizar el agua. Y así,
cuando desborde, podamos controlar de forma adecuada
la riada y no se nos lleve por delante arrasando también
el modelo.
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