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Bifar
Sección
Científica
L
a visión es un proceso mucho más com-
plejo del que pensamos, y tiene un papel
importante en el aprendizaje de cada per-
sona. De hecho, “la magnitud del procesa-
miento visual en el aprendizaje es tal que alrededor
del 80 % de la información que nos llega al cerebro
procede de nuestros ojos” (Seiderman y Marcus,
1989).
Todo contenido visual relevante que nos rodea, el
cual es esencial para que podamos aprender, debe
ser extraído, organizado e interpretado para poder
integrar la información visual con otras modalida-
des sensoriales y funciones cognitivas de alto or-
den. Es frecuente hablar de visión en términos de
agudeza visual, que es la capacidad del sistema
visual para resolver o detectar detalles. Poseer una
agudeza visual a distancia de 20/20 (o 100%), en
términos de nitidez, es importante para determina-
das tareas escolares, como copiar de la pizarra,
pero también existen otras funciones visuales que
están relacionadas con la agudeza visual y que son
igual de importantes. Algunas de estas funciones
son la acomodación o el enfoque, que permite ver
con nitidez a diferentes distancias; la coordinación
de ambos ojos, que facilita una buena binoculari-
dad y visión en profundidad; y la motilidad ocular,
que posibilita los movimientos visuales sobre la
escena observada. Para que toda la información
visual sea integrada y podamos dar significado a lo
que vemos, se requiere que estas funciones visua-
les sean óptimas. Además, son esenciales en mu-
chas de las actividades cotidianas, condicionando
el rendimiento académico, laboral, deportivo o de
la conducción.
En el ámbito académico y del aprendizaje, cuando
alguna de las funciones visuales mencionadas no
son óptimas se puede producir fatiga visual que se
puede traducir, a su vez, en falta de concentración,
desmotivación, frustración, abandono de la tarea,
bajo rendimiento académico y, en algunos casos,
llegar incluso al fracaso escolar. Según la Guía
de Práctica Clínica Optométrica publicada por la
American Optometric Association
(2000), cuando
los problemas visuales tienen efectos adversos en
el aprendizaje, éstos son reconocidos como pro-
blemas de aprendizaje relacionados con la visión.
De hecho, diversos estudios (por ejemplo, Das y
cols., 2010; Chen y cols., 2011) han demostrado
que aquellos niños con bajo rendimiento académi-
co son aquellos que presentan problemas visuales.
Según ha publicado la
American Foundation for Vi-
sion Awareness
, hasta un 25% de niños en etapa
escolar tienen problemas de visión suficientemente
significativos para afectar al rendimiento acadé-
mico, y esta tasa podría aumentar hasta un 60%
en aquellos niños etiquetados con problemas de
aprendizaje. Estos hallazgos apoyan la idea de que
el rendimiento visual es clave para el aprendizaje y,
por tanto, de la principal preocupación que concier-
ne al rendimiento escolar.
Los problemas de aprendizaje relacionados con la
visión representan déficits en algunas de las tres
áreas o componentes que comprometen al modelo
de visión o al sistema visual, y que son: la agudeza
visual y estado refractivo, eficacia visual y proce-
samiento de la información visual. Como decíamos
anteriormente, la agudeza visual es la capacidad
que tiene el sistema visual para detectar detalles,
y suele estar disminuida, entre otras, ante la pre-
sencia de un defecto de refracción ocular (miopía,
hipermetropía y astigmatismo). La eficacia visual
comprende las funciones visuales de acomoda-
ción, binocularidad y motilidad ocular. El procesa-
miento de la información visual implica funciones
cerebrales superiores que incluyen los aspectos
de la percepción, cognición y atención visual, así
como su integración con otros sistemas como el
motor, el auditivo o el del lenguaje. No hay que ol-
vidar que estos aspectos de la visión son funda-
mentales en muchas actividades de cerca como
la lectura, la escritura y otras actividades escolares
que suponen el proceso de aprendizaje del niño.
Además, los déficits en las funciones visuales pue-
den ser primarios o pueden producirse secundaria-
mente a un error refractivo sin corregir. Por ejemplo,
una hipermetropía sin compensar ópticamente por
medio de gafas o lentes de contacto podría deri-
var en problemas de desenfoque, de coordinación
binocular y pérdidas de ubicación en un texto. La
velocidad de procesamiento en estos casos esta-
ría disminuida y, por tanto, también la eficacia para
realizar un tarea determinada que requiera cierta
demanda visuo-cognitiva, como la lectura o la es-
critura.
No es raro que un problema de aprendizaje aso-
ciado a un déficit visual sea intuido inicialmente
por un maestro o por los mismos padres del niño,
cuando éstos observan que el niño tiene una dificul-
tad persistente para conseguir logros en algunas
tareas académicas. Además, padres o maestros
suelen percibir una serie de síntomas y/o un com-
portamiento anómalo en el niño, tales como can-
sancio, picor o dolor de ojos, visión borrosa, dolor
de cabeza, lagrimeo, visión doble, cierre de un ojo
o posturas anómalas en el escritorio (Figura 1) que
son relacionados la mayor parte a trabajos en visión
próxima.
El sistema visual madura durante los seis primeros
años de vida, por lo que un déficit en el desarrollo
funcional del sistema visual durante este periodo
podría afectar al procesamiento de la información
visual y al aprendizaje del niño. Aunque durante
los primeros años escolares son poco frecuentes
los períodos sostenidos de trabajo, y los estímulos
visuales son relativamente grandes y están muy se-
parados entre sí, el contexto de aprendizaje no deja
de estar basado en el reconocimiento y procesado
de múltiples patrones visuales. Esto se vuelve más
importante conforme avanza el proceso educativo,
con periodos de trabajo más prolongados y con
demandas visuo-cognitivas más complejas, como
la lecto-escritura o los problemas matemáticos.
Además, la proliferación de las nuevas tecnologías
en la enseñanza (ordenadores o pizarras electróni-
cas) y en el ocio (películas y videojuegos en 3-D),
ha hecho que cada vez exista una mayor deman-
da del sistema visual y que éste requiera ser más
eficiente.
La forma más efectiva de prevenir un problema de
aprendizaje asociado a un problema funcional de
la visión es realizar desde edades tempranas una
primera evaluación visual llevada a cabo por Óp-
ticos-Optometristas, así como revisiones rutinarias
que evalúen, no solo la agudeza visual y el estado
refractivo, sino toda la funcionalidad del sistema
visual y procesamiento de la información visual.
De esta manera, se minimizara el riesgo de que
los problemas visuales sin detectar y/o sin tratar
pueden interferir seriamente en el aprendizaje y, por
tanto, en la calidad de vida y autoestima del niño.
En cuanto al tratamiento optométrico de las ano-
malías visuales que puedan estar afectando al
aprendizaje, la primera opción de tratamiento es la
compensación óptica de cualquier defecto de re-
fracción ocular que pueda presentar el niño. Otros
tratamientos como terapia visual activa (Figura 2),
la oclusión con parche, la penalización con fárma-
cos o la fototerapia, también podrían minimizar o
eliminar el problema visual subyacente.
l
VISIÓN y aprendizaje
Antonio Rodán González.
Profesor de Optometría de la Universidad San Pablo-CEU
Figura 1
. Las posturas anómalas del niño cuando realiza ta-
reas en visión próxima pueden ocasionar problemas de visión.
Figura 2.
El entrenamiento o terapia visual está indicada como
tratamiento efectivo en aquellos niños con problemas funcio-
nales de visión.
Figura 1
Figura 2
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