nuevo. La Asamblea Mundial de la
Salud abordó por primera vez la falsi-
ficación de productos farmacéuticos
en 1998. En 2006 se creó el Grupo
Especial Internacional contra la Fal-
sificación de Productos Médicos
(IMPACT), integrado por organiza-
ciones internacionales, organismos
encargados de hacer cumplir la ley,
la industria farmacéutica y organiza-
ciones no gubernamentales.
Resulta difícil evaluar el impacto eco-
nómico de cualquier actividad ilegal,
porque no hay fuentes fiables de
donde tomar datos. En 2010 el Cen-
ter for Medicine in the Public Interest
publicó en Estados Unidos una esti-
mación según la cual en 2010 la cifra
de ventas de medicamentos falsifica-
dos podría ascender a 75.000 millo-
nes de dólares. Este valor puede ser
discutible, pero no la tendencia a un
crecimiento vertiginoso que se eva-
luaba en un incremento del 90% en
cinco años.
Pero estas valoraciones se refieren
al mercado total de medicamentos
falsificados, tanto a través del canal
legal como del ilegal. Según la OMS,
en más del 50% de los casos se ha
comprobado que los medicamentos
adquiridos a través de sitios web sin
domicilio social declarado son pro-
ductos falsificados. La Alianza Euro-
pea por el acceso a los medicamen-
tos seguros afirma que, en el caso
concreto de los comprimidos, el 62%
de los comprados en Internet serían
falsificaciones (año 2011).
En 2010 Pfizer publicó su estudio
“Cracking Counterfeit Europe”, refe-
rencia obligada en el estudio de las
falsificaciones. Refleja también un
rápido crecimiento de las evidencias
de falsificación, como es el hecho de
que entre 2005 y 2007 (en tan solo
dos años) se multiplicara por siete el
número de medicamentos falsifica-
dos detectados en las fronteras eu-
ropeas (560.598 unidades en 2005 y
4.081.056 en 2007).
Queda dicho que la inmensa mayor
parte de los medicamentos falsifica-
dos llegan a los ciudadanos a través
de canales no legales, como por
ejemplo Internet. España está por el
momento libre de incidentes con me-
dicamentos falsos en las oficinas de
farmacia (no así en Internet), pero no
hay que llamarse a engaño, porque
el riesgo está siempre presente.
Y tampoco hay que confiar demasia-
do en teorías y suposiciones que, en
alguna ocasión, han demostrado no
ser ciertas. En 2014 dos farmacéuti-
cos alemanes fueron condenados a
cuatro años de prisión por un tribu-
nal de Stuttgart por haber introducido
a lo largo de cuatro años anteriores
unos 600.000 envases de omeprazol
genérico falsos en el canal de la
oficina de farmacia de su país. Este
hecho hizo saltar las alarmas porque
rompió varios prejuicios: no sola-
mente se vio que los medicamentos
falsificados podían llegar a las farma-
cias de la UE sino que quedó claro
que también los genéricos podían
ser víctimas de falsificación, algo
que hasta entonces se consideraba
muy improbable porque no parecía
razonable falsificar medicamentos
tan baratos. Pero es que, además,
los medicamentos habían sido fabri-
cados en España.
Internet
Con frecuencia, se culpa a Internet
de las falsificaciones de medicamen-
tos, olvidando que en la red hay que
diferenciar entre casos muy diferen-
tes. La legislación española en la
materia es muy garantista y asegura
que, detrás de una farmacia virtual, lo
que realmente existe es una farmacia
física, identificable, autorizada por su
Comunidad Autónoma, que vende
por Internet los mismos medicamen-
tos OTC (en España no está permi-
tida la venta on line de medicamen-
tos de prescripción) que en su local.
Esta situación no tiene nada que ver
con la que se produce al pedir a un
sitio web que no se sabe en qué país
se encuentra establecido ni a quién
pertenece un medicamento que se
recibe por correo o por paquetería en
un envase que con frecuencia simula
contener otro producto (como, por
ejemplo, un juguete) para no ser de-
tectada su entrada ilegal en España.
Es en este segundo caso en el que
el riesgo de acabar comprando una
falsificación es muy alto, mientras
que el peligro en el caso de hacerlo
a una web de una farmacia española
debidamente autorizada es práctica-
mente nulo.
La directiva de 2011
En 2011 el Diario Oficial de la Unión
Europea publicó una nueva Direc-
tiva que modificaba la legislación
existente (el Código Comunitario so-
bre medicamentos de uso humano)
para luchar más eficazmente en “la
prevención de la entrada de medica-
mentos falsificados en la cadena de
suministro legal”. Como se ha seña-
lado al principio de este trabajo, la
nueva Directiva no combate las fal-
sificaciones en Internet o en canales
ilegales, sino sólo las que podrían
llegar a los ciudadanos a través de
las oficinas de farmacia. Debe ser
considerada como una herramienta
puesta al servicio de las farmacias
(de la que se benefician los ciudada-
nos) para aumentar su seguridad y
fiabilidad.
Gran parte de las medidas que esta-
blece la Directiva ya han sido implan-
tadas, aunque en muchas ocasiones
no lo sepa el gran público y, en mu-
chos casos, ni siquiera los farma-
céuticos. Es el caso de las introdu-
cidas a través de las nuevas Buenas
Prácticas de Distribución, que hacen
especial hincapié en los análisis de
riesgos, en el registro de todas las
actividades y en las precauciones,
garantizando y documentando que
todos los proveedores y clientes
de cada almacén farmacéutico son
establecimientos autorizados. Gra-
cias a estas medidas los almacenes
Basta con que la
documentación que le
acompaña durante su
distribución sea falsa
para que el medicamento
adquiera esa condición,
aunque sea original
Todo el mundo sabe
qué es un billete falso,
pero en el caso de
un medicamento el
concepto de falsificación
no es tan sencillo
Bifar
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