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Esto nos marca una ética fuer-
temente legalizada, pero la
ética siempre va más allá
de la ley y aquí es donde
puede que los farmacéuti-
cos cojeemos.
¿Qué hacer con aque-
llas cuestiones que la ley no
recoge, o con aquellas que las
hace de forma ambigua o incluso
con aquellas donde la ley vemos que
no acierta a dar una respuesta satis-
factoria? No hacer nada implica que
cada cual compondrá, mejor o peor,
una respuesta particular y la aplica-
rá como buenamente pueda. Esta
ética, inevitable pero individualista y
por tanto tremendamente dispar con-
llevará seguramente conflictos entre
profesionales, con los pacientes e
incluso con las autoridades. Por ejem-
plo, ahora que se pueden dispensar
medicamentos no sujetos a prescrip-
ción médica de forma online y dado
que la píldora del día después ya no
está sujeta a prescripción médica, ¿es
adecuado dispensarla de forma online
en grandes cantidades? O, por ejem-
plo, ¿debemos obligar a un enfermo
mental a tomar su medicación si este
se niega? o ¿podemos mirar a otro
lado cuando un compañero realiza
competencia desleal a otro?
Existen muchas cuestiones en las
que, independientemente del parecer
y las convicciones de cada uno, es
bueno que los profesionales tratemos
de establecer unos acuerdos, bien
concienzudos, al menos general, que
permitan cierta homogeneidad de res-
Ê
thos es una palabra
originaria del grie-
go que primaria-
mente significa-
ba “morada, lugar don-
de viven los hombres” y
que acabó derivando en
la Grecia clásica en el sig-
nificado “costumbre, hábito”.
Por otra parte, éthos significaba
“predisposición a hacer el bien”, que
es la raíz de donde surge la Ética, o
“teoría de la vida”.
En la práctica, los dos términos están
íntimamente relacionados. Donde vivo
marca una rutina, una forma de vivir,
un camino que recorro a diario y esto
conforma una costumbre, un hábito, y
en definitiva, un carácter, una mane-
ra de hacer las cosas. Qué acciones
realizo y cómo las realizo son el obje-
to de estudio y de debate de la Ética.
Y la Ética es la ciencia práctica por
excelencia, o como dice Kant, la razón
práctica, porque la ética solo adquie-
re sentido y entidad en su puesta
en “práctica”, en su constatación en
los hechos. Porque una norma ética
siempre está presente en la vida coti-
diana, tanto porque se ejerza efectiva-
mente como porque se niegue.
Así, la pregunta de dónde moramos
los farmacéuticos, esto es, qué cos-
tumbres, qué hábitos, en definitiva,
qué ética practicamos los boticarios
es una pregunta atemporal. La farma-
cia en general es un mundo extraordi-
nariamente regulado, ya sea la inves-
tigación, la industria farmacéutica, la
distribución o la dispensación, tanto
a nivel de primaria como hospitalaria.
¿Dónde vivimos los farmacéuticos?
Eduardo Satué de Velasco.
Presidente de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria en Aragón (SEFAC).
Una profesión que no se
preocupa por la ética, no
es una profesión sino un
mercadeo ya que acabará
por venderse a sí misma
S
EFAC Aragón
puesta: tratar los casos iguales con
criterios iguales.
Para ello es preciso dotarse de herra-
mientas que puedan ayudar a cons-
truir no tanto un cuerpo de doctrina,
sino un mapa de puntos de referen-
cia que nos ayuden a avanzar en
cuestiones a veces espinosas. En
este camino se encuentra la recien-
te aportación del Código Ético de la
Farmacia Comunitaria elaborada por
Sefac. Además, es imprescindible la
constitución de comisiones de ética,
preferentemente de forma transversal
a la profesión.
Y por último, es recomendable dife-
renciar entre la deontología, más
encaminado a las obligaciones de
los deberes de una profesión, y por
otra parte, la bioética, o la resolución
de cuestiones éticas referidas a deci-
siones vitales. En cualquier caso, una
profesión que no se preocupa por la
ética que quiere llevar no es una pro-
fesión, sino un mercadeo ya que aca-
bará por venderse a sí misma.
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