Bifar
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Lo que no se entiende es que hoy día, en el
siglo XXI, un pueblo de religión musulmana
que en otras épocas sí fue de un dechado de
virtudes apabullante y culto como pocos, haya
caído en un fanatismo impropio del ser humano
de un dechado de virtudes apabullan-
te y culto como pocos, haya caído en
un fanatismo impropio del ser huma-
no y que abrace la violencia exacer-
bada e intolerante de quien no admite
nada que no sean sus salvajes princi-
pios para arrollar y destruir todo lo que
no coincida con sus fanáticas asevera-
ciones. Recordaré siempre a Ahmed,
un pastor de ovejas que paseaba su
ganado entre los restos de Palmyra al
amanecer y que nos sonrió amable-
mente posando para mis fotos inclu-
so. No sé si vivirá, o se habrá, o le
habrán, convertido a ese Islam que
no es el tolerante y fraternal que habi-
tó Toledo, Córdoba, Mallorca y tantas
regiones compartidas con cristianos y
judíos. Ese otro Islam que no respe-
ta la cultura ni a los seres humanos
que no opinan como ellos. Corren ríos
de tinta y cine sobre los excesos y
la crueldad del nazismo, claro, ahora
que ya no están porque se les ven-
ció, pero poquitas gotas de denuncia
caen sobre ésta sociedad anestesiada
y conformada con la crueldad de quien
aplasta seres humanos y la historia sin
piedad. Nadie se manifiesta, ni saca
pancartas tan fáciles de sacar cuando
la causa es cómoda de combatir. Qué
pena mi Palmyra Ya no veré tus dora-
dos amaneceres.
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