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Bifar
a Farmacia se hace Arte
L
La muerte
de la
Cultura
oy es frecuente oír a perso-
nas bienparlantes eso de”la
cultura del ocio” o “la cultura
de tal o de cual” refiriéndose
a costumbres o maneras de vivir que
conforman en general la idiosincrasia
de un pueblo, de sus gentes. Sin
embargo voy a referirme a la Cultura
como suma de conocimientos objeti-
vos sobre diversidad de temas que
afecta al comportamiento, a la sensibi-
lidad, al fin último del ser humano
como pacífico, solidario, generoso y
sobre todo satisfecho de poder cono-
cer y disfrutar de todo lo que el mundo
nos ofrece positivamente hablando. La
civilización es otra cosa, referida al
buen comportamiento, respeto, trabajo
y entrega a los semejantes. Se puede
ser inculto pero civilizado, incluso culto
y ser un demonio peligroso para la
sociedad. Lo peor que se puede ser es
incívico y además inculto. Para echarse
a temblar.
Visité Palmyra, así lo escribían allí, en el
año 1997 y me dejó una huella imbo-
rrable por lo que emanaban sus res-
tos, sobre lo que algún día fue. Segu-
ro que los romanos cuando lo cons-
truyeron junto con toda la colección
de ciudades de las que sólo quedan
restos como Jerash, y algunos otros
en todo Oriente Medio pensaban en
extender su dominio junto con su cul-
tura y costumbres. Cuando Zenobia
fue derrocada por el emperador Aure-
liano no imaginaba como iba a acabar
su maravilloso enclave después de su
intento de sublevación. Seguro que el
ejército romano no fue un dechado de
virtudes ni amabilidad en sus invasio-
nes, pero claro, hablamos de hace casi
2000 años y entonces la vida humana
valía poco.
Lo que no se entiende es que hoy día,
en el siglo 21, un pueblo de religión
musulmana que en otras épocas sí fue
Bernardo Sánchez Gálvez.
Farmacéutico.




