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Bifar
P
inceladas de historia
¿El farmacéutico IDEAL?
E
s lógico pensar que la respues-
ta a esta pregunta ha ido cam-
biando a lo largo de la historia.
La sociedad evoluciona y las
necesidades que debe cubrir una pro-
fesión como la farmacéutica, que no se
entiende sino estando al servicio de las
necesidades de la sociedad, evoluciona
para adaptarse a esos cambios.
Los árabes, en concreto el Manual de Al-
attar, ya indicaba por aquel entonces que
el farmacéutico debía limpiar las balan-
zas, los pesos y demás utensilios a dia-
rio, controlar el inventario y reponer los
materiales deteriorados. Hasta aquí pre-
visible... Pero atención a los siguientes
requisitos que también incluía el manual:
debía tener profundas convicciones reli-
giosas, consideración para con el próji-
mo (especialmente con pobres y nece-
sitados), sentido de la responsabilidad,
actuar con prudencia y ser temeroso de
Dios, amable, honesto, solícito, poco
irascible, modesto, paciente y (aquí ven-
dría un redoble de tambor...) el manual
insta al farmacéutico a moderar sus
beneficios (ya sé que habría que decirle
al Ministerio que una cosa es moderar
y otra muy distinta vivir con el agua al
cuello...).
Los conocimientos en botánica y reme-
dios naturales crecen y su demanda
aumenta, lo que hace a los boticarios
muy apreciados en las expediciones que
los distintos países europeos realizaran
por aquel entonces al recién descubier-
to continente americano. Hallar nuevos
remedios y catalogar los ya existentes
se convirtió en una golosa inversión para
portugueses, españoles, ingleses, fran-
ceses... ávidos por romper el monopolio
veneciano con el Extremo Oriente.
Durante el siglo XIX, los procesos quí-
micos, el control y estandarización de
la pureza de los principios activos...
pasan a tener una importancia capital
en el desarrollo de nuevos fármacos.
Los farmacéuticos recogen el guante y
se ponen a la cabeza en investigación de
lo que sería la química orgánica.
Robi-
quet
descubre la codeína,
Derosne
y
Seguin
la morfina,
Pelletier
y
Caven-
tou
la quinina y la estricnina, etc.
Además, a final de siglo, los farmacéuti-
cos lograrán desplazar a los médicos en
el control sobre la elaboración y las revi-
siones de las farmacopeas, que no sólo
fijarán unas bases comunes en la prác-
tica, sino que serán motivo de orgullo
nacional por parte de los distintos países,
que competirán por disponer de las far-
macopeas más actualizadas y completas.
Y más cosas que no caben en una pági-
na... Pero tal vez el farmacéutico ideal
actual debiera ser una mezcla de todo lo
que se le ha ido pidiendo a nuestra pro-
fesión a lo largo de la historia. Está claro
que hemos de saber mucha teoría: cono-
cimientos de botánica, química, enferme-
dades, evidentemente de medicamen-
tos, etc. Pero también hemos de tener
la habilidad de poner todo esto en prác-
tica (quien estudia y no practica lo que
sabe es como el que ara la tierra pero
no la siembra, decía Platón). Sin olvidar
la capacidad para discernir lo importan-
te y transmitirlo de manera sencilla a los
pacientes, siendo una referencia para la
sociedad en el mundo de la salud.
El farmacéutico, dada la naturaleza de
su trabajo y las graves consecuencias
de una mala praxis (que puede incluir
la muerte del paciente), debe ser una
persona responsable, honesta y pruden-
te (
“prime non nocere”
, reza un princi-
pio médico también aplicable a nuestra
profesión).
Teniendo en cuenta, además, que tra-
tamos con personas, muchas de ellas
mayores, enfermas y, en definitiva, vulne-
rables, por lo que entre nuestras cualida-
des no deberíamos olvidar la amabilidad,
la honestidad, la paciencia y la empatía.
No estaría de más hacer una lista con
las cualidades que queremos transmitir;
anotarlas y, al finalizar cada jornada, pre-
guntarnos cuántas hemos cumplido y si
hemos atendido como se merecía a cada
paciente.
Me gusta cómo se define un amigo del
instituto en su perfil de una red social:
“enamorado de la mejora constante”. Tal
vez el reto sea ese, ser un poco mejor
cada día. No sólo en conocimientos y
transmisión de estos, sino en valores
como la empatía, la amabilidad, la éti-
ca...
l
Texto:
Daniel de María
. Imagen:
Bernardo Sánchez
. Farmacéuticos.
No estaría de más hacer una lista con
las cualidades que queremos transmitir;
anotarlas y, al finalizar cada jornada,
preguntarnos cuántas hemos cumplido




