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Bifar
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El uso de LENTES DE CONTACTO
modifica la flora bacteriana
La función de barrera que ejerce el epitelio
corneal frente al entorno se ve afectada por el
uso de las lentes de contacto, lo cual facilitaría
la entrada de microorganismos. Ni siquiera es
necesario que esa barrera se rompa, ya que
situaciones como la hipoxia ocasionada por
la lente, pueden causar cambios en la per-
meabilidad del epitelio intacto que reduzcan
la eficacia de su función de barrera. Sin olvi-
dar que las posibles erosiones y otros daños
que podemos ver en forma de tinciones supo-
nen alteraciones que facilitarían el acceso de
esos posibles patógenos. Además algunos
microorganismos, como la temida
Acantha-
moeba
, es capaz de romper epitelios intac-
tos para penetrar y causar una grave infección
(Efron N, 2013).
Muchos de los efectos no deseados de las
lentes se producen por la colonización de
éstas por parte de las bacterias del entor-
no ocular. La complicación severa que pue-
de suponer esta infección está causada, en
un elevado porcentaje de los casos, por la
bacteria
Pseudomonas aeruginosa
(Willcox
M.D.P, 2001).
Con el método tradicional ya descrito para
identificar y estudiar estos microorganismos,
se ha conseguido identificar cientos de espe-
cies de bacterias, tanto beneficiosas como
perjudiciales. Pero éste es un procedimiento
no solamente lento y costoso, sino que como
no es posible saber las condiciones que
requiere cada especie (nutrientes, temperatu-
ra principalmente) al no saber qué especies
son las que nos vamos a encontrar allí, eso
nos hará suponer que un número elevado de
ellas o bien no aparezcan en el cultivo o bien
no lo hagan en las condiciones óptimas.
Las técnicas actuales nos permiten ir un paso
más allá, son técnicas de biología molecular
que permiten analizar muestras que contienen
diferentes tipos de microorganismos sin tener
que separarlos previamente ni cultivarlos: ana-
lizan genes. Son técnicas parecidas a las que
se usan para descifrar el genoma humano y
tienen un potencial mucho mayor de conocer
e identificar bacterias y microorganismos pre-
sentes, ya que se estima que hasta su apari-
ción los microbiólogos con los métodos ante-
riores habían conseguido cultivar menos del
1% de las especies del planeta.
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e calcula que en el mundo hay unos
140 millones de usuarios de lentes
de contacto según datos aportados
por Muntz y col., de los cuales 2,5
millones son españoles y aunque cada vez
las lentes que utilizan son de materiales más
novedosos y biocompatibles, las soluciones
de mantenimiento más seguras y los períodos
de reemplazo más variados, siguen dándose
con más frecuencia de la que nos gustaría
una serie de quejas y abandonos. La incomo-
didad y la sequedad siguen siendo las que-
jas más frecuentes, sin embargo, la querati-
tis microbiana y las condiciones inflamatorias
derivadas del uso de las lentes no han dismi-
nuido con las novedades aportadas por los
avances tecnológicos (Muntz A, 2015).
El uso de lentes de contacto es un factor
que predispone al desarrollo de queratitis
microbiana. Aunque su incidencia no es ele-
vada (se estima que es de 1,1:10.000 usua-
rios de lentes rígidas permeables, 3,5:10.000
usuarios de lentes blandas en uso diario y
20:10.000 en usuarios de lentes blandas en
uso prolongado), sigue siéndolo más que en
los no usuarios. Aunque los datos aportados
no corresponden a un estudio reciente, los
datos encontrados en estudios más actuales
no difieren mucho de éstos (Cheng K, 1999).
El llevar una lente de contacto sobre la super-
ficie ocular no es algo sin consecuencias, está
comprobado que tiene un efecto, modificando
de forma temporal (reversible al dejar de usar
las lentes) el microbioma o microbiota ocular,
más conocida como la flora bacteriana. Estos
cambios en el entorno ocular pueden ser
favorables para algunos de esos microorga-
nismos, potenciales patógenos, dando como
resultado una mayor incidencia de infecciones
en estas personas simplemente por usar len-
tes de contacto, no necesariamente por hacer
un mal o inadecuado uso de ellas.
También se han realizado numerosos estudios
que informan sobre estos cambios, tanto si
las lentes de contacto se emplean en moda-
lidad de uso diario, como si se hace en la
modalidad de uso prolongado, es decir, sin
retirarlas del ojo para irse a dormir, y tanto
si se trata de lentes blandas hidrófilas como
de lentes rígidas permeables de cualquiera de
los materiales que se emplean para su fabri-
cación (Stapleton F, 1995).
Para realizar estos estudios el procedimiento
tradicional pasaba por recoger muestras de
superficie ocular, de la conjuntiva, del borde
del párpado y de las propias lentes, cultivarlas
en un medio adecuado para poder observar
y cuantificar su crecimiento. Estudios de este
tipo, como los realizados por Stapleton y col.,
mostraron una mayor cantidad de microorga-
nismos si la muestra procedía de la conjuntiva
de un usuario de lentes de contacto de uso
prolongado que en aquellos de uso diario.
Incluso en los usuarios de uso prolongado,
los resultados eran diferentes si se tomaban
las muestras de la conjuntiva nada más des-
pertarse o cuando llevaban un tiempo ya des-
piertos y parpadeando normalmente, ya que
el número de “residentes” en esta microbiota
ocular disminuía según pasaba el tiempo con
el ojo abierto y parpadeando. Por tanto, como
es de todos sabido, llevar la lente puesta de
forma continuada también durante las horas
de sueño, da lugar a un entorno de tipo infla-
matorio subclínico, que puede predisponer al
ojo a una mayor incidencia de desórdenes
inflamatorios y/o infecciosos.
No se encontraron diferencias entre los culti-
vos procedentes de nuevos usuarios compa-
rado con los que eran usuarios desde hace
más tiempo, aunque se supone que los más
novatos tardarán más en ponerse las lentes y
manipularán más el ojo y la lente, añadiendo
un riesgo adicional. Tampoco hallaron dife-
rencias entre los diferentes materiales de len-
tes empleados en el estudio y sí las hallaron
relacionadas con diferentes períodos estacio-
nales o el uso de estuche portalentes sucio
(Stapleton F, 1995).
Dra. Sara Bueno Fernández.
Profesora Grado en Óptica y Optometría. Universidad CEU San Pablo.
La incomodidad y la sequedad siguen siendo las
quejas más frecuentes, sin embargo, la queratitis
microbiana y las condiciones inflamatorias
no han disminuido con las nuevas lentes




