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Es fundamental informar a los usuarios de lentes

sobre la necesidad de extremar los cuidados

en la higiene de manos, lentes, portalentes

y zona periocular, para tratar de disminuir al

mínimo la incidencia de complicaciones

Investigadores del NYU Langone Medical

Center, aplicando este tipo de técnicas al culti-

vo del microbioma (o microbiota) ocular, halla-

ron diferencias significativas entre los resul-

tados procedentes de superficie conjuntival

de personas usuarias de lentes de contacto

y de las que no las usaban. En sus resulta-

dos exponen que la diversidad bacteriana en

la conjuntiva de aquellos que usan lentillas es

mayor que la de los que no las usan, siendo

en estos casos más parecida a la microbio-

ta de la piel que a la de los ojos. De alguna

manera esto significa que al poner en el ojo

ese cuerpo extraño que es la lente de contac-

to o bien agregamos una mayor carga micro-

biana a esa zona, o bien en alguna manera

estamos afectando al sistema inmune, y cier-

tas bacterias consiguen en mayor proporción

crecer y prosperar (Shin H, 2015).

Los principales microorganismos que apare-

cen en usuarios comparado con no usuarios

son: Methylobacterium, Lactobacillus, Acine-

tobacter y Pseudomonas. Sin embargo en las

mismas muestras encontraron menos Coryne-

bacterium, Streptococcus y Staphylococcus

en usuarios de lentes de contacto.

Esto no hace sino confirmar lo que ya sabía-

mos: usar lentes de contacto altera la estruc-

tura microbiana de la superficie ocular del

paciente y encontraron que es más parecida

a la de la piel que rodea a los ojos. La lente

no deja de ser un cuerpo extraño, la tocamos

con los dedos, durante el tiempo que está

colocado en el ojo altera el funcionamiento

del sistema inmune sobre la superficie ocular,

lo cual propicia este diferente desarrollo de

las bacterias habituales de ese entorno: ayu-

da a disminuir algunas pero permite un mayor

desarrollo de otras.

En el estudio realizado en la USP CEU

(Acanthmoeba y lentes de contacto, ¿un ries-

go real?) (

Proyecto PI12/02725 del Instituto de

Salud Carlos III (FISS) y fondos FEDER

), utili-

zamos este tipo de técnicas para buscar la

presencia de amebas en lentes desechables

que recogíamos de los estudiantes de nuestra

universidad. En él se recogieron lentes de 177

personas, usuarios asintomáticos de lentes de

contacto. Acompañaban las lentes entrega-

das con una encuesta de hábitos higiénicos.

Cada una de las muestras se utilizó de dos

maneras: una parte se cultivó en placa Petri y

de otra se sometió a la técnica de Reacción

en Cadena de la Polimerasa (PCR) en tiem-

po real. De los resultados de las encuestas

sobre hábitos daría para hablar largo y tendi-

do, aunque nada que a cualquier optometrista

le pueda sorprender, y no precisamente por-

que éstos fueran los más adecuados…

Pero vayamos al otro tema que nos ocupa

hoy, el cultivo: solamente en uno de esos

177 cultivos se obtuvo una muestra positiva:

crecieron y se aislaron quistes y trofozoítos

de Acanthamoeba. Ello, quedándonos en el

método tradicional podría indicar que sola-

mente en una de las muestras recogidas, un

1,1%, había la posibilidad o más bien el riesgo

de una infección por este protozoo.

Al analizar los resultados de la PCR en tiem-

po real obtuvimos 87 muestras positivas, un

49,15% de las muestras revelaron datos gené-

ticos, o lo que es lo mismo, en un 49,15% de

las muestras había habido amebas, aunque

no hubieran sido viables en nuestro cultivo.

Esto significaría, a grandes rasgos, que de

las 177 personas participantes, 87 de ellas

podrían haber estado en riesgo de padecer

este tipo de queratitis… Esto, sin embargo,

no debe ni sorprendernos ni escandalizarnos:

la Acanthamoeba está presente en nuestro

entorno. Se reconoce su presencia en más

del 90% del agua potable, no digamos ya en

el suelo o en aguas residuales. Solamente

tenemos que pensar que, afortunadamente,

nuestro sistema inmune es tremendamente

efectivo frente a esos posibles patógenos que

están en el entorno.

También, por supuesto, que es fundamen-

tal el tiempo dedicado por el optometrista a

informar a nuestros usuarios de lentes sobre

la necesidad de extremar los cuidados en la

higiene de manos, lentes, portalentes y zona

periocular, para tratar de disminuir al mínimo la

incidencia de complicaciones. Y por supues-

to, educarles para que siempre respeten los

tiempos de uso, plazos de reemplazo y sis-

temas de mantenimiento que les indicamos

para el cuidado de sus lentes y de la salud

de sus ojos.

l

Ilustración 1: Huella de la mano de un niño

de 8 años sobre una placa Petri con base

de Agar, después de un día de cultivo a

37º y posteriormente varios días a 22 º.

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Ilustración 2: Quistes de Acanthamoeba

en la placa de cultivo. Fuente: Elabora-

ción propia.

Ilustración 3: Trofozoítos de Acanthamoe-

ba en la placa de cultivo. Fuente: Elabora-

ción propia.