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Bifar

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ba en entablillar los músculos para inmo-

vilizar los miembros. La medicina de la

época creía que el reposo protegía los

miembros dañados y que las contractu-

ras persistentes precisaban tratamiento

quirúrgico.

El éxito aparente de

Sister Kenny

la llevó

por toda Australia; y desde allí a Gran

Bretaña. Sin embargo, fue en Estados

Unidos donde logró su fama y donde

vivió el resto de su vida. Se estableció

en Minneapolis (Minnesota), abriendo

la

Elisabeth Kenny Clinic

donde trataba

enfermos de todo el país. Su fama hizo

que

Hollywood

contase su hitoria en una

película

“Sister Kenny”

(1946), protago-

nizada por

Rosalind Russell

y dirigida

por

Dudley Nichols

.

Elisabeth Kenny atrajo el apoyo de

pacientes y familiares, quienes tenían

plena confianza en que su proceder res-

tauraba la fortaleza y movilidad. En el año

1943, contó su experiencia en un libro

autobiográfico titulado “

And They Shall

Walk

” describiendo sus años de experien-

Su énfasis en la movilización temprana de

los pacientes con parálisis poliomielítica

se ha extendido a otras patologías del

ambito de la Medicina Física

cia con pacientes infectados por polio.

La

National Foundation for Infantile Paraly-

sis

que más tarde llegó a ser conocida

como

The March of Dimes

, contribuyó

financieramente a sus prácticas.

Pero no todo fueron parabienes. Elisa-

beth Kenny también fue criticada. Los

médicos y fisioterapéutas confiaban en

los resultados de la inmovilización argu-

yendo que no existía base científica para

la terapia de Kenny. Además la medicina

clásica creía necesaria la realización de

ensayos clínicos controlados y aleatori-

zados (que nunca se llevaron a cabo)

para determinar de modo indubitado la

utilidad de sus métodos.

Pero el rechazo de la

American Medical

Assocition

y, en general, del

stablishment

médico hacia los métodos de

Elisabeth

Kenny

trascendían sus propias prácti-

cas. En primer lugar,

Sister Kenny

era

una enfermera que, con su actuación,

cuestionaba los métodos de la enton-

ces muy prepotente clase médica; y,

además, era una mujer.

Elisabeth Kenny consideraba innecesa-

ria la realización de estudios clínicos. Su

propia experiencia al lado de la cama

del enfermo era, en su opinión, la mejor

prueba de la validez de sus prácticas.

La actuación proactiva con los afectados

de parálisis poliomielítica daba, según

su criterio, mucho mejores resultados

que la actitud conservadora imperante

en la medicina de la época. Para ella, la

evidencia empírica era suficiente.

¿Actuó Elisabeth Kenny de modo correc-

to? Sí y no. Su énfasis en la movilización

temprana de los pacientes con paráli-

sis poliomielítica se ha extendido a otras

patologías del ambito de la Medicina

Fisica. Por el contrario, sus considera-

ciones sobre la naturaleza de la polio-

mielitis y los resultados a largo plazo de

sus actuaciones con estos pacientes no

tuvieron éxito. El desarrollo de vacunas

para prevenir el contagio del virus de

la polio durante la década de 1950 (la

vacuna inyectable a base de virus muer-

tos desarrollada por

Jonas Salk

;

y la

más común vacuna oral con virus inac-

tivados de

Albert Sabin

) terminó con el

debate y relegó al olvido a

Sister Kenny

.

La historia de

Elisabeth Kenny

(

Sis-

ter Kenny

), en estos tiempos donde tal

vez se sobrevaloren los ensayos clíni-

cos controlados y aleatorizados, vuel-

ve a enfrentar dos actitudes médicas: la

medicina basada en la evidencia fren-

te a la medicina al lado de la cama del

paciente (medicina empírica).

l

La fotografía, fechada en el año 1953, muestra una sala de pulmones de acero del Hospital

Rancho Los Amigos, Calfornia, Estados Unidos.