Bifar
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Mariano Giménez
Vicepresidente
del COF de Teruel
C
OF Teruel
God gave me everything
n diciembre del año 2000 publiqué mi primer
artículo en esta revista. Lo titulé “
Una farmacia
condicionada por la geografía
”, y comenzó
entonces una andadura que hoy llega a su fin,
puesto que no voy a estar en la próxima Junta del
Colegio de Farmacéuticos. Me he asustado al ver mi
fotografía de aquel entonces, pues veo que el tiempo no
perdona, y que aunque el giro de la saeta del reloj a
menudo nos parece muy lento, es inapelable su
sentencia. Seguro que
Tardou
, uno de los protagonistas
de
La Peste
de
Camus
, gozaría al notar este paso del
tiempo.
Voy a aprovechar estas últimas letras para agradecer a
quienes me han apoyado, a quienes gracias al Colegio
he conocido y disfrutado de su amistad, y como me
dejaría a alguno, no voy a nombrar a nadie. Sí quiero
decir que el balance ha sido tan positivo que, como
diría
Fernando Díaz Plaja
, me envidio a mí mismo por
esta suerte que me ha dado la vida. Hay una canción
de los
Rolling Stones
cuyo título es: “God gave me
everything I want”, al menos con respecto del Colegio
de Farmacéuticos, y de mi bella profesión, el título me
sirve.
Es cierto que he trabajado mucho, y que como en todo
lo que hago en la vida me he implicado totalmente.
He contado con ciertas ventajas, pues tenía cerca
a mi mujer, Inspectora y Especialista en Farmacia
Hospitalaria, cuyos conocimientos y visión de la
farmacia me daban una amplitud especial. A mi padre
y antepasados, cuya memoria me permitía ver que el
mito del eterno retorno existe hasta en la farmacia. Y a
mis hijos, farmacéuticos ya, que me mantienen actual,
de grado o por fuerza. Y un equipo, entre quienes debo
destacar a
Antonio Royo
, la persona más noble que he
conocido jamás.
Ahora me quedo como espectador, en el sentido que
Ortega y Gasset
daba al término. Lo explica en el
prólogo de su libro del mismo nombre.
Dado que esto se publica en Bifar, querría dar las
gracias especialmente a quienes a menudo me han
enviado comentarios sobre mis artículos, siempre
han sido constructivos y acertados, como ellos saben
quiénes son, que sepan que están presentes en mi
memoria, cada uno de ellos. Solo me voy a conceder la
licencia de nombrar, porque su ayuda es impagable, a la
directora de esta revista,
Verónica Barriendos
, y a su
gran impulsor,
Juan Carlos Gimeno
, que tanto interés
puso en este proyecto. Y al Colegio de Farmacéuticos
de Zaragoza
porque pese a que a veces yo no he sido
políticamente correcto, nunca ha tocado una coma de
mis escritos, gracias.
He disfrutado mucho escribiendo, casi tanto como
leyendo, pues me ha exigido muchas horas de lectura
preparar algunos artículos. Hay varios autores con
quienes tengo una deuda especial, como
Indro
Montanelli
e
Isaac Assimov
, de quienes aprendí que
democracia no significa la fuerza de los votos, sino
el imperio de la Ley, a la que deben estar sometidas
hasta las más altas autoridades, y que la libertad del
individuo está por encima de la igualdad (a pesar de
las izquierdas) y del progreso material (a pesar de las
derechas).
Echaré de menos mis largas peroratas, inspiradas
entre otros en
André Maurois
, o en
Stephan Zweig
,
de cuyas biografías saqué mis ideas sobre el papel del
hombre en la sociedad, en la política, en la libertad.
Sobre la bondad de la ambición de la persona en
mejorar su entorno, y sobre la lealtad a las ideas, a los
amigos, a las raíces. Sobre la capacidad del trabajo y la
voluntad para cambiar al mundo y al individuo.
Querría contar que mis primeras lecturas fueron
El
Capitán Trueno, La Vuelta a la Galia
de
Asterix
, e
Historia
de Norteamérica
de la Colección Historias Selección. Se
lo debo, y se lo pago. Que el libro que más veces he
leído en mi vida (más de cincuenta) es
Las aventuras
de un recluta de 1813
de
Erckmann-Chatrian
, que me
hizo pacifista hasta el día en que me muera. Y que hay
tres libros que me cambiaron la vida:
Crimen y Castigo
de
Dostoievski
, que me inspiró mi artículo “
Mensaje
en una Bodega”
, la
Autobiografía
de
Arthur Koestler
,
que me ha permitido entender casi todo lo sucedido
en Europa y Oriente Medio en los últimos cien años,
y
En busca del tiempo perdido
de
Proust
, que a quien
tiene la paciencia de leerlo, le cambia su forma de ver
todo. Debo decir todo esto para quien tiene el detalle
de leerme. No puedo ser tan egoísta de quedármelos
solo para mí.
Querría pedir perdón por haber sido pesado con
algunas obsesiones: mi niñez, feliz como pocas, que
recuerdo con enorme precisión, lo que me permite ver
cuánto hemos cambiado, y valorarlo; la existencia de
dos Españas, que son la de las grandes ciudades y la
costa, y la despoblada del interior; la incapacidad de la
Unión Europea para hallar su camino en la Historia; la
marginación de Teruel en Aragón; las Guerras Carlistas
y la Guerra Civil en Teruel, traumas que aún estamos
pagando; la Distribución Farmacéutica Cooperativa,
malla que nos une y muralla que nos defiende de la
Industria; el aislamiento de nuestra bella profesión de la
sociedad en general; la falta de formación empresarial de
muchos titulares de oficina de farmacia (también somos
empresarios, no tengamos complejos); la necesidad
de una mayor profesionalización en las farmacias,
contratando adjuntos en vez de auxiliares, estableciendo
protocolos y sistemas de calidad; el sistema de las
comunidades autónomas, el rey desnudo lo llamé,
rémora y ruina de este país; la falta de democracia
real en España, debido a los complejos y banderías
que se han apoderado de aquellos jóvenes que tanto
esperábamos el día en que Franco falleció. Siempre
que he escrito he huido de los lugares comunes, de los
senderos trillados, de mirar al ombligo. He intentado
decir algo, con sustancia, no entiendo la inanidad. Y con
deseo de que sirviera para hacernos progresar.
Mi larga misión llega a su fin. Como
Cincinato
, regreso
a mi campo de labranza, y lo que quedare, para quienes
sigan. Hasta siempre.
l
Siempre que he
escrito he huido
de los lugares
comunes, de
los senderos
trillados, de
mirar al ombligo.
He intentado
decir algo,
con sustancia,
no entiendo
la inanidad. Y
con deseo de
que sirviera
para hacernos
progresar