Ángel Mas Farré.
Presidente del
Colegio Oficial
de Farmacéuticos de
Huesca.
R
esulta que el dinero que devol-
vemos al Servicio Aragonés de
Salud (SALUD) por las dispen-
saciones que, dicen, hemos
hecho mal –no voy a entrar si es por un
error sanitario o burocrático– lo podemos
destinar a campañas sanitarias organiza-
das conjuntamente por los Colegios y el
SALUD. Ya que, según señala nuestro Con-
cierto, el dinero que devolvemos al SALUD
en concepto de “Devoluciones de Recetas”
es un dinero retenido para la creación de
un fondo destinado a sufragar actividades
sanitarias.
Es decir, que ese dinero que nos quitan por-
que sí lo podemos reinvertir en actividades
sanitarias como campañas de prevención
o de información. Campañas que tendrán
mayor o menor alcance e impacto, depen-
diendo del dinero del que dispongamos, un
dato importante que nos deben comunicar
desde el SALUD.
Las campañas informativas las imagino
con cierta periodicidad en los medios de
comunicación de mayor repercusión, fru-
to del trabajo conjunto entre el SALUD y
nuestro “Consejo Autonómico”, uy, perdón,
nuestros Colegios y, por supuesto, para el
bien de nuestros pacientes. Por ejemplo,
para informarles del correcto funcionamien-
to de la receta electrónica, de cómo reti-
rar la medicación en la farmacia, si deben
presentar la tarjeta sanitaria o la hoja de
información al paciente…
Pero también me puedo imaginar fácilmen-
te, el uso de estas acciones como altavoz
de las campañas sanitarias que organiza el
Gobierno de Aragón, y así canalizar mejor
la inversión de esos trípticos que nos lle-
gan a la farmacia y que el paciente más
osado coge porque ha visto que en el
despacho del médico hay un póster con
el mismo mensaje y que ya leerá en casa.
O ese paciente al que le pones en la bolsa
el tríptico junto a su medicación y no sabe
para qué es.
Sigo imaginando campañas de concien-
ciación del uso de antibióticos, campañas
para dejar de fumar, campañas para uso
responsable de la medicación, campaña de
adherencia al tratamiento. Campañas que
hablen de vacunación o sobre el botiquín
doméstico, qué debemos guardar y dónde.
Campañas que si se financian con nuestros
errores, seamos nosotros los que propon-
gamos la información.
Y, ¿por qué no?, estas campañas también
pueden hablar de que en las farmacias
hacemos bien las cosas, que somos pro-
fesionales cercanos, accesibles, sin cita y
sin largas esperas. Donde además del ser-
vicio de dispensación estamos impulsando
nuevos servicios profesionales farmacéuti-
cos que mejoran el uso responsable de los
medicamentos y productos sanitarios. Unos
servicios que repercuten en la salud de los
pacientes y quizás (seguro) en un ahorro al
sistema sanitario.
Estas campañas significarían la integración
del farmacéutico en los planes y estrategias
de la Consejería de Sanidad, trabajando
conjuntamente en la promoción de la salud
con el Seguimiento Farmacoterapéutico.
Quizá soy muy osado en mis pensamientos,
porque para esto necesitamos encontrar en
la Administración a un valiente o una valien-
te que deje de vernos como un simple pro-
veedor o, peor, como una amenaza y que,
por fin, dé la cara por nosotros.
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Reinvertir las
devoluciones de recetas
Ese dinero
que nos quitan
porque sí
lo podemos
reinvertir en
actividades
sanitarias como
campañas de
prevención o
de información