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Editorial
Ramón Jordán Alva
Presidente del COF
de Zaragoza
Bifar
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En la misma dirección
Y
a en el siglo XV,
Jorge Manrique
escribía en
sus
“Coplas por la muerte de su padre”
un ver-
so que es de plena actualidad en el mundo
farmacéutico desde hace unos años:
“Como,
a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor”
.
Esta expresión, que se suele utilizar para explicar un
sentimiento de añoranza hacia otras épocas de la vida,
muchas veces está cargado de nostalgia y subjetividad
más que de realidad. En nuestro caso, por desgracia,
de lo que está cargado es de una estricta objetividad y
realismo.
Desde el año 2000 el mundo farmacéutico está siendo
sometido, año tras año y Gobierno tras Gobierno, a conti-
nuos ajustes con el único objetivo de disminuir el mal lla-
mado gasto farmacéutico. El resultado de tales medidas
ha ido minando poco a poco un modelo farmacéutico
que era y continúa siendo uno de los mejores en el ámbi-
to mundial. Un modelo cercano ya que el paciente tiene
a su disposición, en el momento que él quiera o necesite,
a un profesional sanitario y capilar, puesto que llega a
pueblos donde en otros países, a nadie se le ocurriría
pensar que pudiera haber una farmacia. Un modelo alta-
mente valorado por los ciudadanos y del que la misma
Administración se enorgullece y que, muchas veces, y a
pesar suyo, sigue funcionando.
Es cierto que tenemos un Gobierno central que se
enorgullece de tener uno de los sistemas sanitarios me-
jores del mundo, en el cual está incluido nuestro modelo
farmacéutico. ¿Por qué, entonces, las Comunidades Au-
tónomas se aseguran de que el paciente reciba su trata-
miento médico ambulatorio, su tratamiento médico hos-
pitalario, tenga derecho a sus pruebas analíticas, pero en
cambio se olvidan de la última fase del proceso sanitario:
asegurar la distribución y adquisición del medicamento
por parte del paciente? Si no hubiera sido por la actua-
ción ejemplar de la profesión farmacéutica, que ha teni-
do que arriesgar en muchos casos todo lo que tenía, la
población se hubiera quedado sin un derecho y un bien
principal, su acceso al medicamento. La responsabilidad
de estos compañeros farmacéuticos les ha llevado a to-
mar una decisión: han preferido estar abiertos con las es-
tanterías vacías que cerrados con las estanterías llenas.
Ante estos negros nubarrones, que ya no se avecinan,
sino que los tenemos sobre nuestras cabezas, hay dos
áreas en las que podemos actuar: por un lado, a nivel
institucional, y por otro, a nivel particular de oficina de
farmacia.
A nivel institucional, nuestros representantes a todos los
niveles: Consejo, Colegios, asociaciones empresariales,
distribución… no dudéis que están luchando por presen-
tar a la Administración la realidad farmacéutica actual
que no es otra que la de estar inmersos en un modelo
diseñado por ellos y del cual forma parte la profesión
farmacéutica de una manera coordinada, activa y nece-
saria. Si seguimos estando de acuerdo con este modelo
sanitario, la Administración deberá asegurar su sosteni-
bilidad en todo su recorrido pero con medidas de otra
índole, ya que nuestro sector no puede aguantar otra
vuelta de tuerca sin perder calidad, cosa que ha hecho
durante más de 12 años.
A nivel particular, de oficina de farmacia, ante esta avalan-
cha de medidas ahorradoras que se complementan con
impagos, y que van erosionando poco a poco al sector,
lo único que podemos hacer es responder con unidad y
con profesionalidad usando todas las herramientas que
nuestra profesión nos da. No podemos luchar con los
grandes lobbies económicos con medidas económicas
y acciones comerciales aisladas porque en este campo
nos aplastarán. Si nos convertimos en establecimientos
comerciales en vez de establecimientos sanitarios, no
tendrá sentido la oficina de farmacia como la concebi-
mos hoy en día. Tenemos una herramienta fundamental:
somos profesionales sanitarios que llegamos a toda la
población y que cumplimos una labor que ningún otro
agente hace. Cada día esta labor es más necesaria y así
lo debemos demostrar.
Con la reciente desfinanciación, va a ser el boticario quien
se responsabilice del uso racional de todos estos medi-
camentos. Con la llegada de la receta electrónica, va a
ser el farmacéutico el agente sanitario que va a asegurar
el uso correcto de los medicamentos durante el tiempo
que el paciente no esté en contacto con su médico de
cabecera. Debemos también recomendar y preocupar-
nos del buen uso de los medicamentos publicitarios, así
como en general de todos los medicamentos que dis-
pensamos en nuestra oficina de farmacia y asegurarnos
que cumplen la finalidad para la que han sido prescritos.
Esta es la única forma de actuar en estos tiempos de
zozobra. Ahondar en nuestra profesión, especializarnos
y dar al paciente la atención que se merece. Si vamos
cada uno por nuestro lado y dejamos de lado el medica-
mento, nuestro futuro a corto plazo estará, por desgracia,
asegurado. Ante este clima adverso, la única forma de
reivindicarnos es centrarnos en lo que realmente ha sido,
es, y deberá seguir siempre siendo nuestro: el medica-
mento.
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Si nos
convertimos en
establecimientos
comerciales
en vez de
establecimientos
sanitarios, no
tendrá sentido
la oficina de
famacia como la
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