42
Bifar
Mujeres farmacéuticas
monjas en las actividades farmacéuticas
desarrolladas en los conventos, aunque
siempre en tareas auxiliares supeditadas
a un varón. Y también, que a las viudas
de farmacéuticos se les permitía mante-
ner la farmacia, si bien debían contratar
a un farmacéutico.
América no fue muy diferente al viejo
continente, así que debemos remontar-
nos sólo hasta el siglo XIX para encon-
trar a la primera mujer que obtuvo el títu-
lo de Farmacia en Estados Unidos, allá
por la Nueva York de 1863. Sin embargo,
fue un caso aislado y no es hasta 1879
cuando se decide admitir a mujeres en
los estudios de farmacia, si bien a fina-
les del siglo XIX el porcentaje de mujeres
apenas llegaba al 5%.
Pese a su entrada tardía, la escalada
fue meteórica y, tanto en Europa como
en Estados Unidos, a finales de la déca-
da de los ochenta ya se contabilizaban
más mujeres estudiantes que hombres.
En España, actualmente casi 3 de cada
4 profesionales en la farmacia comunita-
ria son mujeres.
Acabaré resaltando dos casos más. Si
bien no fue la primera, la leridana
Zoe
Rosinach Pedrol
, licenciada en 1917,
sí fue la primera mujer española doctora
en Farmacia (1920). Con su tesis, titula-
da “Bacilos diftérico y pseudo-diftérico.
Crítica de los procedimientos empleados
para apoyo diferenciación y modificación
introducida al método de Costa, Troisier
y Dauvergne”, consiguió un excelente
unánime y el ofrecimiento a seguir su
trabajo de investigación.
Y ya en la actualidad, cabe destacar a
la farmacéutica
Carmen Peña
, que se
convirtió en 2014 en la primera mujer al
frente de la Federación Internacional de
Farmacia (institución fundada en 1910 en
Holanda), habiendo sido ya en 2009 la
primera mujer en ostentar la presiden-
cia del Consejo General de Colegios de
Farmacéuticos (fundado en 1915 bajo el
nombre de Unión Farmacéutica Nacio-
nal).
Se ha evolucionado mucho y para bien.
En cualquier caso, estoy convencido de
que la verdadera igualdad no es aque-
lla obligada en las leyes, con medidas
como la de la paridad, sino aquella que
permite acceder a cada puesto a la per-
sona mejor preparada, indistintamente
de su sexo, aspecto o condición de otra
índole.
l
uando a principios del siglo
XXI llegué a Tabuenca, un pue-
blo de apenas 300 habitantes,
procedente de una ciudad de
más de 65.000, me sorprendieron los
relatos de algunos pacientes mayores
que habían vivido sin agua corriente y sin
luz en el pueblo, y que narraban cómo
algún invierno de los intensos la orina se
podía congelar en el orinal ubicado
debajo de la cama, en el propio dormi-
torio. Y es que aunque a muchos, espe-
cialmente en las ciudades, nos pueda
parecer que algunas comodidades son
“de toda la vida”, en realidad no hace ni
un siglo de muchas.
Tampoco hay que remontarse demasia-
do en el tiempo si buscamos la discri-
minación de la mujer respecto al hom-
bre. Y el mundo de la farmacia no es una
excepción. La historia nos brinda situa-
ciones y ejemplos que nos pueden pare-
cer arcaicos, pero que están ubicados
apenas hace un siglo... A sólo un suspiro
dentro de la historia de la humanidad...
Por ejemplo, en Europa la mujer no se
incorpora a la farmacia hasta finales del
siglo XIX. Así, en Inglaterra no se admitie-
ron mujeres estudiantes hasta 1872. En
Holanda, aunque la primera mujer admi-
tida fue también en 1872, hasta finales
del siglo XIX sólo se admitieron otras
15 más. En Bélgica fueron sólo 17. En
Suecia, esta discriminación se acabó en
1891, ya a las puertas del siglo XX. En
Alemania, aunque desde 1898 se permi-
tía a las mujeres trabajar en las farma-
cias, no es hasta 1908 que se les permi-
te el acceso a las carreras de ciencias
(¡desde hace sólo 109 años!).
Y en España no somos menos, pues la
mujer tuvo prohibido el acceso a la Uni-
versidad hasta 1910 (aunque hubo quie-
nes consiguieron acceder con anterio-
ridad, en el último cuarto del siglo XIX,
gracias a permisos especiales firmados
por el propio rey y a una Real Orden de
1888 que posibilitaba a las mujeres exa-
minarse al final del curso). Así, la primera
mujer licenciada en Farmacia fue
María
Dolores Martínez
en 1893. Y tres años
después,
Gertrudis Martínez Otero
fue
la primera andaluza farmacéutica por la
Universidad de Cádiz (actualmente des-
aparecida), ostentando la titularidad de
varias oficinas de farmacia a lo largo de
su vida.
En la línea del decreto español encontra-
mos el caso de dos monjas en Polonia.
En 1824 ya se les permitió estudiar en
la Universidad de Jagiellonian, pero reci-
biendo clases de un profesor en priva-
do, porque “no se consideraba decoroso
que asistieran a clases en un lugar públi-
co”, examinándose posteriormente frente
al decano y el claustro de la universidad.
Es cierto que con anterioridad, de mane-
ra no reglada, en el Renacimiento se tie-
ne constancia de la participación de
Texto:
Daniel de María
, Imagen:
Bernardo Sánchez
.
Farmacéuticos.
P
inceladas de historia




