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Bifar

Mujeres farmacéuticas

monjas en las actividades farmacéuticas

desarrolladas en los conventos, aunque

siempre en tareas auxiliares supeditadas

a un varón. Y también, que a las viudas

de farmacéuticos se les permitía mante-

ner la farmacia, si bien debían contratar

a un farmacéutico.

América no fue muy diferente al viejo

continente, así que debemos remontar-

nos sólo hasta el siglo XIX para encon-

trar a la primera mujer que obtuvo el títu-

lo de Farmacia en Estados Unidos, allá

por la Nueva York de 1863. Sin embargo,

fue un caso aislado y no es hasta 1879

cuando se decide admitir a mujeres en

los estudios de farmacia, si bien a fina-

les del siglo XIX el porcentaje de mujeres

apenas llegaba al 5%.

Pese a su entrada tardía, la escalada

fue meteórica y, tanto en Europa como

en Estados Unidos, a finales de la déca-

da de los ochenta ya se contabilizaban

más mujeres estudiantes que hombres.

En España, actualmente casi 3 de cada

4 profesionales en la farmacia comunita-

ria son mujeres.

Acabaré resaltando dos casos más. Si

bien no fue la primera, la leridana

Zoe

Rosinach Pedrol

, licenciada en 1917,

sí fue la primera mujer española doctora

en Farmacia (1920). Con su tesis, titula-

da “Bacilos diftérico y pseudo-diftérico.

Crítica de los procedimientos empleados

para apoyo diferenciación y modificación

introducida al método de Costa, Troisier

y Dauvergne”, consiguió un excelente

unánime y el ofrecimiento a seguir su

trabajo de investigación.

Y ya en la actualidad, cabe destacar a

la farmacéutica

Carmen Peña

, que se

convirtió en 2014 en la primera mujer al

frente de la Federación Internacional de

Farmacia (institución fundada en 1910 en

Holanda), habiendo sido ya en 2009 la

primera mujer en ostentar la presiden-

cia del Consejo General de Colegios de

Farmacéuticos (fundado en 1915 bajo el

nombre de Unión Farmacéutica Nacio-

nal).

Se ha evolucionado mucho y para bien.

En cualquier caso, estoy convencido de

que la verdadera igualdad no es aque-

lla obligada en las leyes, con medidas

como la de la paridad, sino aquella que

permite acceder a cada puesto a la per-

sona mejor preparada, indistintamente

de su sexo, aspecto o condición de otra

índole.

l

uando a principios del siglo

XXI llegué a Tabuenca, un pue-

blo de apenas 300 habitantes,

procedente de una ciudad de

más de 65.000, me sorprendieron los

relatos de algunos pacientes mayores

que habían vivido sin agua corriente y sin

luz en el pueblo, y que narraban cómo

algún invierno de los intensos la orina se

podía congelar en el orinal ubicado

debajo de la cama, en el propio dormi-

torio. Y es que aunque a muchos, espe-

cialmente en las ciudades, nos pueda

parecer que algunas comodidades son

“de toda la vida”, en realidad no hace ni

un siglo de muchas.

Tampoco hay que remontarse demasia-

do en el tiempo si buscamos la discri-

minación de la mujer respecto al hom-

bre. Y el mundo de la farmacia no es una

excepción. La historia nos brinda situa-

ciones y ejemplos que nos pueden pare-

cer arcaicos, pero que están ubicados

apenas hace un siglo... A sólo un suspiro

dentro de la historia de la humanidad...

Por ejemplo, en Europa la mujer no se

incorpora a la farmacia hasta finales del

siglo XIX. Así, en Inglaterra no se admitie-

ron mujeres estudiantes hasta 1872. En

Holanda, aunque la primera mujer admi-

tida fue también en 1872, hasta finales

del siglo XIX sólo se admitieron otras

15 más. En Bélgica fueron sólo 17. En

Suecia, esta discriminación se acabó en

1891, ya a las puertas del siglo XX. En

Alemania, aunque desde 1898 se permi-

tía a las mujeres trabajar en las farma-

cias, no es hasta 1908 que se les permi-

te el acceso a las carreras de ciencias

(¡desde hace sólo 109 años!).

Y en España no somos menos, pues la

mujer tuvo prohibido el acceso a la Uni-

versidad hasta 1910 (aunque hubo quie-

nes consiguieron acceder con anterio-

ridad, en el último cuarto del siglo XIX,

gracias a permisos especiales firmados

por el propio rey y a una Real Orden de

1888 que posibilitaba a las mujeres exa-

minarse al final del curso). Así, la primera

mujer licenciada en Farmacia fue

María

Dolores Martínez

en 1893. Y tres años

después,

Gertrudis Martínez Otero

fue

la primera andaluza farmacéutica por la

Universidad de Cádiz (actualmente des-

aparecida), ostentando la titularidad de

varias oficinas de farmacia a lo largo de

su vida.

En la línea del decreto español encontra-

mos el caso de dos monjas en Polonia.

En 1824 ya se les permitió estudiar en

la Universidad de Jagiellonian, pero reci-

biendo clases de un profesor en priva-

do, porque “no se consideraba decoroso

que asistieran a clases en un lugar públi-

co”, examinándose posteriormente frente

al decano y el claustro de la universidad.

Es cierto que con anterioridad, de mane-

ra no reglada, en el Renacimiento se tie-

ne constancia de la participación de

Texto:

Daniel de María

, Imagen:

Bernardo Sánchez

.

Farmacéuticos.

P

inceladas de historia