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Bifar

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actividades corsarias tradicio-

nalmente han sido:

• Reparto a domicilio

de medicamentos: ade-

más del daño al compañe-

ro, esta actividad ocasiona

un doble perjuicio: al pacien-

te ya que no se le garantiza una

dispensación de calidad y a la pro-

fesión en su conjunto ya que desle-

gitima nuestra profesión al rebajar-

nos a ser meros repartidores. Cual-

quier cadena de supermercados

estaría encantado de poder hacer

lo mismo.

• Compra de residencias: el sobre-

sueldo al encargado de la residen-

cia por hacerse cargo de las rece-

tas vulnera la confianza del pacien-

te en su residencia, que debe velar

por conseguirle la mejor atención, y

genera habitualmente una atención

precaria ya que, aunque aumenta

el volumen de negocio, el margen

disminuye peligrosamente y eso no

puede generar más que desidia.

• Rebaja de precios fijados por ley.

En ocasiones, algunos farmacéu-

ticos rebajan el precio de ciertos

medicamentos que no están cubier-

tos por la SS, como vacunas, para

ganar competencia, olvidando que

la competencia está en la actuación

profesional. Cualquiera puede reba-

jar un precio, lo difícil es implicarse

en la salud del paciente y mejorar el

uso de los medicamentos.

Los nuevos tiempos también están

generando nuevos nichos para los

corsarios:

• Regalo de Servicios Profesionales

Farmacéuticos (SPF). La aparición

ace varios años plan-

teaba en un artículo

de la revista de

Sefac, bajo el

título “Corsarios de la

farmacia”

1

el problema de

la competencia desleal del

cual me permito entresacar

un párrafo:

“En plena colonización de América, los

piratas, bajo la bandera de la calavera,

se dedicaban a capturar barcos mer-

cantes para saquearlos. Los piratas

de hoy en la farmacia son los falsifi-

cadores de medicamentos, atracado-

res de estupefacientes, etc., elemen-

tos ajenos al sistema que tratan de

sacar tajada. Pero existía otra figura

más elegante, el corsario, aquel que

servía bajo una bandera, y se dedicaba

a atacar y capturar barcos de bandera

enemiga. Así hizo fortuna Francis Dra-

ke, que hasta recibió el título de Sir por

hundir barcos mercantes. Quiero usar

esta figura para caracterizar a algunos

de nuestros propios compañeros que,

saltándose las reglas deontológicas,

hacen abuso de la profesión en bene-

ficio propio.”

El principal problema con los corsa-

rios es que, como la inmensa mayoría

de los farmacéuticos actúan correcta-

mente, respetando las reglas de juego

y tratando de ganarse honestamente

la vida, sacan beneficio de saltarse

esas reglas. Si todos hiciéramos como

ellos, difícilmente existiría la farmacia

comunitaria como profesión ya que la

sociedad generaría otros mecanismos

y seríamos probablemente meros ten-

deros.

Muchas son las posibilidades de sal-

tarse las reglas en una profesión tan

regulada como la nuestra. Todas son

contrarias a la ley y merecedoras de

castigo, aunque lamentablemente

seamos demasiado tolerantes con

estos pseudocolegas. Las principales

1 E-farmacéutico comunitario. Vol 2, nº1.

2007

Deontología corsaria

Eduardo Satué de Velasco.

Presidente de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria en Aragón (SEFAC).

S

EFAC Aragón

de los SPF está generando utili-

zarlos gratuitamente como reclamo

para atraer clientes, pero si realmen-

te es un servicio profesional, debe

tener un valor igual al menos al cos-

te. Con toda probabilidad, el que

regale un SPF, como por ejemplo

pasa con los SPD (sistemas perso-

nalizados de dosificación) a las resi-

dencias, no lo va a hacer con la cali-

dad necesaria, es decir, no solo se

trata de reemblistar pastillas sino de

revisar la farmacoterapia del pacien-

te.

• Venta online. Es llamativo cómo

muchos productos de parafarmacia

se encuentran en internet por debajo

del precio de coste en el almacén.

Es difícil luchar contra este dum-

ping, pero lo más lamentable es

ver cómo algunas farmacias online

venden los medicamentos publici-

tarios sin ningún tipo de control ni

de supervisión al paciente. El gra-

ve problema de esta actuación es

que da alas a aquellos que piden

la salida de estos medicamentos

de las farmacias, porque si esa es

la actuación profesional, cualquiera

puede hacerlo.

Seguro que hay muchas más actua-

ciones deshonestas que sería inte-

resante ir sacando en este boletín.

Baste decir hoy que, en definitiva,

cada vez que un corsario actúa lo

hace porque el buen hacer de la

mayoría le permite parasitar el sis-

tema. Si todos actuáramos parasi-

tariamente el sistema de confianza

en la farmacia se rompería y ten-

dríamos mucho más difícil justificar

ante la sociedad nuestra función. Así

que, por el bien de nuestra profe-

sión, al corsario, ni agua.

l

El grave problema de esta actuación es que

da alas a aquellos que piden la salida de estos

medicamentos de las farmacias, porque si esa es

la actuación profesional, cualquiera puede hacerlo