COF
Teruel
Mariano Giménez
Vicepresidente
del COF de Teruel
Tenemos
más de 200
embajaditas
autonómicas,
cuyo gasto
supera lo que se
recaudaría por
el pago de los
pensionistas
El CORONEL no tiene quien
le escriba
C
ada viernes, el coronel se afeita-
ba sin espejo, porque de pobre
que era ya no tenía ninguno, se
acicalaba y bajaba al muelle del
puerto fluvial a esperar la barca correo don-
de llegaban las cartas a la ciudad. Durante
cincuenta y seis años, el coronel no había
hecho más que esperar.
Así nos relata
Gabriel García Márquez
la triste historia de un coronel que es-
pera una carta donde le reconocen un
sueldo a cobrar como militar retirado. El
coronel es veterano de una guerra civil
y pasa los años muriéndose de hambre
y de miseria. A lo largo de la novela,
muy corta y recomendable para quien
no esté en tratamiento con antidepresi-
vos, vamos sabiendo que nuestro héroe
(por así llamarlo) entregó el dinero de la
revolución intacto al nuevo gobierno el
día del armisticio, sin quedarse nada de
nada, pues su dignidad no se lo permi-
tía. Que entonces se pactó que los vete-
ranos del bando derrotado, como en el
“Abrazo de Vergara”, tendrían derecho
a una pensión, la cual sería reconocida
por el gobierno en un futuro próximo, a
cada uno individualmente. Que desde
entonces, nuestro ex militar ha vivido de
fiado sobre la paga que iba a recibir, y
que ahora que ya nadie le fía sobrevive
de vender cuadros, armas, recuerdos,
lo que le va quedando. Al final sólo le
restan las alianzas del matrimonio, y un
gallo de pelea, recuerdo de su único hijo
asesinado unos años antes, y cuya som-
bra sobrevuela toda la narración. Todo lo
tiene que poner a la venta.
Este personaje de García Márquez es
uno de los más tristes que recuerdo
haber conocido en mis lecturas. Com-
parable a los protagonistas de las nove-
las rusas de “El Abrigo” de
Gogol
o de
“Pobres gentes” de
Dostoievski
, o al de
“Poquita cosa” del francés
A. Daudet
.
Nuestro coronel hacía como nuestro
gobierno, que cada viernes, tras tomar
la decisión de la semana en el Conse-
jo de Ministros se asoma al muelle, en
su caso a las agencias de noticias, para
saber el efecto que ha causado, si la
prima de riesgo baja, y si la credibilidad
de España sube. Esa es su carta. Has-
ta el último momento del día, confía en
los resultados de su labor bien hecha, y
pese a cualquier indicio negativo, no da
crédito a lo que ve hasta que es eviden-
te. Con el mismo desaliento que el Coro-
nel, nuestros gobernantes regresan del
muelle, llegan a casa, y no dicen nada,
porque su mujer, con solo verles la cara,
“lo sabe todo” como en la canción de
Cecilia. Todos juntos, reunidos y en si-
lencio como los apóstoles en Pentecos-
tés, se aprestan a pasar otra semana
de hambre y dignidad. Igual que hacía
el coronel.
Yo no sé cómo aun esperan la carta,
como nadie sabía en el pueblo del co-
ronel cómo podía seguir esperando la
suya cincuenta y seis años después. Yo
ya no sé nada.
Nuestros gobernantes hicieron un pre-
supuesto que han corregido tantas ve-
ces que supongo han subido las cifras
de importación de “Tipp-ex” en nuestra
nación. El Banco de España, que debía
controlar a la banca está desaparecido,
desautorizado, desprestigiado y todo lo
que queramos añadir, de manera que
han de traer auditores extranjeros por-
que aquí no queda ni uno fiable. Las Co-
munidades Autónomas dan un disgusto
todos los días, todos: Sus números no
cuadran, no se comunican entre ellas ni
con el gobierno, se caen los ingresos,
y no encuentran manera de reducir los
gastos. Por último, se ha descubierto
que en sus cuentas todas mentían, sin
excepción. El pago a proveedores, para
mí la medida más acertada que ha toma-
do este gobierno bicéfalo en economía,
ha puesto al descubierto el pastel.
No sé para qué sirve destruir el sistema
nacional de Seguridad Social, rompien-
do criterios que habían soportado todos
los embates, como eran el no copago de
los pensionistas, la inclusión de la farma-
cia en la cartera básica de servicios, el
aseguramiento universal. Tampoco sé
por qué obligaron a las Cajas de Ahorros
a dejar de serlo, convertirse en Bancos y
fusionarse todas a una, buenas y malas,
ricas y pobres, como se obliga a juntarse
en las mismas clases a los buenos y ma-
los estudiantes, tengan interés o no. Con
la urgente prioridad que hay en la eco-
nomía me resulta difícil comprender que
no haya un vicepresidente económico,
como lo hubo desde tiempos de
Fuen-
tes Quintana
. ¿Quién manda aquí?
Más difícil de entender es que no se
haya recortado ningún gasto de los real-
mente superfluos, como son los miles
de cargos políticos que generaron los
gobiernos autonómicos. O que no se
hayan tomado medidas verdaderamente
estructurales como podrían ser:
• Devolución de competencias
por
las Autonomías que no son capaces
de administrarlas.
•
Transferencia de impuestos con ca-
rácter
finalista
, de manera que el
dinero de sanidad o educación no
pueda ser gastado en comarcas, o
en festejos, o en ONGs tapadera de
lucrativos despilfarros.
•
No subir impuestos que no aumentan
recaudación, porque la disminución
de la actividad económica que cau-
san, hunde los frutos que con visión
miope esperaban conseguir.
•
Desaparición de fuentes de gasto
infinito como son las televisiones pú-
blicas (hay comunidades que tienen
hasta siete canales).
•
Sustitución de las empresas públicas
que sustituyeron a funcionarios por
los funcionarios que fueron sustitui-
dos por ellas, ahora que por el bajón
de la actividad aquellos funcionarios
se han quedado sin nada que hacer.
•
Reconocimiento por cada entidad
de sus verdaderas competencias,
de manera que las Comunidades no
hagan política exterior, o no tomen
medidas en materias que nunca les
fueron transferidas y que desigualan
a los españoles. (Verbigracia los me-
dicamentos). He leído que tenemos
más de 200 embajaditas autonó-
micas, cuyo gasto supera lo que se
recaudará por el pago de los pensio-
nistas.
•
Un sistema nacional, único y homo-
géneo de auditoría, intervención e
inspección, que evite la mentira sis-
temática y la duda permanente.
•
Si como el Coronel creemos que un
viernes nos van a traer una carta que
exima a nuestro país de las penurias
que sufre, tenemos para rato. Al Co-
ronel, la carta nunca le llegó.
En uno de los momentos más trágicos
de la novela se cuenta que la mujer del
Coronel ponía piedras a hervir en la olla
para que los vecinos no supieran que
no tenían nada que comer. Me parece
que nuestros vecinos ya se han dado
cuenta de que el Gobierno de España y
los múltiples gobiernos “taifales” llevan
tiempo haciendo lo mismo, y así nos va.
Ya que he nombrado Pentecostés, espe-
remos que la Paloma del Espíritu Santo
entre en el Consejo de Ministros, y en los
otros diecisiete consejos, les ilumine, y
les haga saber que de nada sirve arre-
pentirse y ser absueltos de los pecados
veniales si no se hace lo mismo con los
mortales.
“Odio más las deudas que a los españoles”
Dicho por Simón Bolivar en la novela de G.G. Márquez
(El general en su laberinto)