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Bifar
S
EFAC Aragón
de un centro tecnológico o de cual-
quier otra índole, podrá realizar el tra-
bajo que implica encontrarse cara a
cara con el paciente. Porque el dolor
es una dimensión trasversal donde
paradójicamente las personas nece-
sitamos más que nunca y a la vez
podemos ofrecer más que nunca. Y
solo el contacto humano es capaz de
obrar el milagro que ninguna tecnolo-
gía sanitaria puede suplir.
Y por todo esto, para los que forma-
mos parte de esta delegación, hoy es
un día grande, enorme porque tene-
mos dos importantes noticias: por
un lado celebramos el convenio fir-
mado entre el COF Huesca y Sefac
sobre servicios farmacéuticos, una
herramienta destinada a mejorar la
capacitación y la implantación de los
nuevos servicios profesionales farma-
céuticos, el décimo convenio a escala
nacional de este tipo y un claro ejem-
plo de la importante sinergia que se
genera de la colaboración de colegios
y sociedades científicas, y, por otro
lado, tenemos el orgullo de lanzar uno
de los mayores acontecimientos de la
vida profesional farmacéutica de este
país: la presentación del VII Congre-
so Nacional de farmacéuticos comu-
nitarios, el principal congreso científi-
co de la farmacia comunitaria y uno
de los puntos de encuentro impres-
cindibles que deben servirnos para
avanzar, desarrollar, adaptar la profe-
sión a lo que hoy y mañana necesi-
ta la sociedad. Un congreso para la
sociedad, porque una sociedad que
no cuida el auxilio y el socorro a los
más débiles es una sociedad encami-
nada a la autodestrucción. Para la far-
macia española, porque solo a través
de esforzarnos y entregarnos al máxi-
mo el farmacéutico estará cumplien-
do con lo que debe hacer. Para la far-
macia aragonesa, porque nos pone
ivimos tiempos
revueltos. Las cer-
tezas de ayer son
las incertidum-
bres de hoy. Nada puede
darse por seguro y quien
lo haga se llevará desagra-
dables sorpresas. La crisis, los
vaivenes políticos, las presiones
liberalizadoras por un lado y las
fun-
cionarizantes
por otro sitúan, como de
costumbre, al farmacéutico comunitario
en una situación complicada.
Pero hay algo que se mantiene cons-
tante a lo largo de la larga historia de
la farmacia y a lo que ni la sociedad
ni los profesionales podemos per-
mitirnos el lujo de renunciar. Y es a
paliar el dolor. Como sanitarios, nues-
tra labor histórica, desde el curandero
que preparaba un brebaje de plan-
tas hasta el biotecnólogo que muta
genes, nuestro cometido siempre ha
sido combatir la enfermedad. Pero
¿qué es en última instancia la enfer-
medad sino el dolor, ya sea físico,
psicológico o moral, que acompaña
siempre a todo problema de salud?
Así, eliminar el dolor, paliarlo cuando
no es posible y finalmente acompa-
ñarlo si no tenemos más alternativas
son uno de los compromisos inhe-
rentes a nuestra profesión. Y este
debe ser uno de los puntos de refe-
rencia que nos guíen en estos tiem-
pos de cambio hacia un desarrollo
profesional más preparado, más efi-
caz, más implicado con el
paciente que tratamos.
De esta manera, podre-
mos preguntarnos ¿esta
reforma que se plantea,
esta ley que se nos vie-
ne, este debate que nos
ocupa… o incluso esta refor-
ma que planeo en mi farmacia…
va a servir para tratar mejor el dolor
de mi paciente? Porque si no es así,
en algo nos estamos equivocando.
Si lo que planteo no sirve para que
en última instancia Doña Carmen,
Pablo, D. Orencio y tantos nombres
y caras que os pueden venir a la
cabeza estén mejor atendidos, mejo-
ren su calidad de vida, toleren mejor
su dolor… entonces sólo servirá para
recortar gastos o para maquillar cifras
o para que alguno engorde su ego o
su bolsillo, o pueda escribir un libro o
presumir en los grandes salones pero
no servirá para aquello a lo que nos
debemos, que es mirar directamente
al dolor de nuestros pacientes y ayu-
darles a soportar su carga.
Y podemos decir que la farmacia
mediterránea tiene un plus que pocas
farmacias en el mundo tienen: la cer-
canía, la capilaridad, la disponibili-
dad del profesional… es un tesoro
que debemos conservar por el bien
de la sociedad. Ni el mejor robot del
mundo podrá sustituir nunca el trato
humano directo con el paciente ni la
telefarmacia, ya sea de un hospital o
Estrenamos colaborador y sección.
Eduardo Satué, farmacéutico, filósofo y
presidente de la delegación en Aragón
de SEFAC (Sociedad Española de Far-
macia Comunitaria), se suma a nuestra
lista de colaboradores para ofrecernos
un nuevo punto de vista sobre el futuro
y los retos de la farmacia comunitaria.
Textos que alternará o combinará con
otro tema igual de apasionante: la im-
portancia de la bioética en el campo de
la salud.
Como sanitarios, nuestra labor histórica,
desde el curandero que preparaba un brebaje
de plantas hasta el biotecnólogo que muta
genes, nuestro cometido siempre ha sido
combatir la enfermedad
Otra farmacia es posible
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Eduardo Satué.
Presidente de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC) en Aragón.




