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Bifar
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En las cartas debe constar la firma, el DNI, la dirección y un teléfono de contacto.
Debe enviarse a:
La dirección se reserva el derecho a publicar, editar y cortar las cartas por razones
de espacio y claridad. Se recomienda que no excedan las 100 líneas (5000 caracteres
con espacios).
A
mí me hace mucha gracia cuan-
do oigo sentencias sobre oscu-
ros pronósticos de nuestra pro-
fesión. Hace poco en una pre-
sentación profesional se escuchaban tér-
minos tan zoológicamente negativos como
que viene el lobo, que ya está aquí y se
nos va a comer a todos. Que vienen unas
multinacionales de voracidad insaciable y
es absurdo casi resistirse ya que nos van
a masticar irremediablemente. Por ello hay
que intentar defenderse con organización,
hay que evitar la fagocitosis con productos
imaginativos, la tarjeta de fidelización, con
descuentos, ofertas y comprando a los al-
macenes adecuados. Todo imprevisible-
mente perfecto. Da igual.
El lobo, que tradicionalmente ha sido con-
siderado un depredador temible, no deja
jada en el espejo porque sólo vemos la
caja registradora y cómo hacer la puñeta
a los vecinos con los precios. Se me cae
el alma al ver máquinas expendedoras de
todo tipo de productos en las fachadas
de algunas farmacias. ¡Sírvase usted mis-
mo y no moleste! Ya no son preservativos
en máquinas como en los retretes de los
bares, no. Es todo lo que quepa en las
casillas de la maquineta, geles, jabones,
lociones, pastas dentales, termómetros y
cepillos… ¡Para qué melones nos dedica-
mos a defender nuestra presencia, nues-
tra titularidad y propiedad, nuestro conse-
jo, si no hacen falta ya ni los auxiliares para
despachar. ¿Sabéis el daño que hace algo
así a nuestra profesión? No debemos vivir,
porque no podemos seguramente, sólo
de los medicamentos, de acuerdo, pero
cuanto más degrademos nuestra imagen
humana para sacrificarlas en pos de una
grandeza solidaria. Nos hemos vuelto ene-
migos de nosotros mismos sin miramien-
to, no tenemos ya ni las cualidades que
nos adornaban cuando nos defendíamos
ante ataques comerciales, recordad la sa-
carina de Bayer, nos han dejado sin orgu-
llo, ¡qué pena!
Ya no es que hagamos rebajas para qui-
tarle a los otros los clientes, ya no es que
abramos más horas que los chinos, que
por cierto, empiezan a darse cuenta del
valor del tiempo libre y a poner cotas a sus
tradicionales horarios continuos, ya no es
que demos regalos cada vez más valiosos
a los clientes, que está muy bien, es que
ya no tenemos ni ganas de protestar cuan-
do nos rebajan los precios, nos endosan
trabajos sin remunerar, nos echan la culpa
de que la receta electrónica no es lo que
parecía y encima de callarnos, intentamos
compensar quitándoselo al vecino. Ya nos
vale. Dentro de poco, a alguien se le ocu-
rrirá poner una maquinita en la fachada
donde el cliente meta la tarjeta sanitaria
y apretando unos botoncitos le dará los
medicamentos previo pago, sin el botica-
rio que le aconseje, total, es mejor estar
abierto pero dentro para pasar la tarjeta de
fidelización y hacer descuento…
l
Con esta carta del farmacéutico Bernardo
Sánchez reanudamos esta sección de BIFAR,
que bajo el título ÁGORA pretende impulsar una
comunicación más fluida con nuestros lectores.
Una sección para compartir vuestras opiniones,
ideas, reflexiones, inquietudes…
con el resto
de compañeros. Un espacio abierto a todos.
El LOBO
Bernardo Juan Sánchez Gálvez.
Farmacéutico
Cuanto más degrademos nuestra imagen
de verdaderos profesionales de los
medicamentos, menos podremos defenderla
de verdaderos profesionales de ello, me-
nos podremos defenderla.
El lobo, está claro, no viene de fuera, el
lobo está dentro de nosotros, en Zarago-
za, en Madrid y en Cuenca. Está en todas
partes y no somos capaces de pararlo
porque amigo, las cosas del dinero pue-
den mucho y no tenemos ya la categoría
de ser un animal que caza y come para
sobrevivir, o sea, como todos, incluido el
ser humano, pero con una diferencia y es
que el lobo no mata por placer. Siempre
se ha dicho que el hombre, en su término
más generalista que no sexista, es el lobo
del hombre. Hoy dirían que el hombre o
la mujer son los lobos y lobas del hombre
y la mujer pero Ibarreche y algunos otros
(y otras) ya no aparecen tanto en la tele.
Pero es así. Nuestros lobos no son sólo
las multinacionales farmacéuticas que
vienen a instalar cadenas y a encadenar a
los farmacéuticos y farmacéuticas, los lo-
bos son nuestros propios compañeros/as,
somos todos nosotros. Nos han mordido
los licántropos con el virus de discutibles
competitividades y ya no podemos mirar
al sol. No vemos nuestra imagen refle-