Bifar 116 octubre - page 5

Editorial
Ramón Jordán Alva
Presidente del COF
de Zaragoza
Bifar
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B
uscando el otro día viejas películas en
el vídeo club, llegó a mis manos un títu-
lo que hoy en día podría estar de plena
actualidad: “Las Autonosuyas”. Última
película de
Rafael Gil
basada en el libro del mis-
mo título que
Fernando Vizcaíno Casas
escribió
en 1981 y que satiriza el mundo de las autono-
mías. El libro relata las aventuras de un pueblo
de la sierra de Madrid, Rebollar de la Mata, que
quiere constituirse en ente autonómico, con toda
la infraestructura administrativa que ello conlleva y
acuñando moneda e incluso lengua propia. Sobre
esta situación, que a priori podría parecernos del
todo disparatada, a día de hoy y con un bagaje
de treinta años desde la publicación del libro, po-
demos decir que una vez más la realidad supera
la ficción.
La vertebración de España en comunidades autó-
nomas se recoge en la Constitución española de
1978 y la creación del mapa actual fue fruto del
primer pacto autonómico de 1981, con la creación
de las 17 comunidades autónomas, y del segundo
pacto autonómico del año 1992, que dio lugar a
las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
En principio la idea era buena, pasábamos de
un estado sumamente centralista a un estado
sensible a las peculiaridades de cada una de las
antiguas regiones y que además se acercaba al
ciudadano. Y eso era, y sigue siendo, algo muy
bueno para el ciudadano. No es lo mismo ni se
puede tener la misma sensibilidad y el mismo po-
der resolutivo ante un problema local desde Ma-
drid que desde tu propia comunidad autónoma.
Toda esta complejísima infraestructura ponía cara
y ojos a la Administración y aunque se aumenta-
ban los gastos, el ciudadano lo aceptaba porque
esta nueva situación era positiva para él. Pero a
medida que fueron pasando los años empezó a
verse un efecto que a priori no estaba contempla-
do. A la vez que se acercaba la Administración al
ciudadano, se iban alejando las distintas comuni-
dades autónomas entre sí. Las autonomías sen-
tían que no iban en el mismo barco y comenzaron
a remar en direcciones opuestas. Y esta es la rea-
lidad hoy en día.
El paroxismo llegó a su punto álgido cuando en
los presupuestos del año 2012 se implementó
una partida de 250.000
para traducir lo que los
representantes autonómicos debatían en la Comi-
sión General de Comunidades Autónomas y en
los debates de las mociones en los Plenos. ¿Al-
guien se podría imaginar a un señor de Tarragona
y a otro de Cuenca hablando a través de un tra-
ductor siendo como es que ambos son perfecta-
mente capaces de hablar uno de los idiomas más
importantes a nivel mundial? Esta noticia, si no es-
tuviéramos en los tiempos que estamos, causaría
solo perplejidad y alguna que otra risa. Pero al fin y
al cabo estamos hablando solo de dinero.
Pero hay otra faceta de las autonomías que no es
cuestión de dinero y que ya no causa tanta risa,
estoy hablando de las grandes desigualdades
entre los españoles según la comunidad donde
residan. No se puede mirar solo y exclusivamente
hasta las fronteras de tu autonomía en cuestión de
salud. Si queremos ser un país serio e implantar la
receta electrónica en toda la nación, sin duda uno
de los objetivos más importantes de la sanidad
española, no podemos crear 17 recetas electró-
nicas distintas y no interoperables entre sí. De tal
forma que un señor de Valencia no puede coger
los medicamentos en Aragón o en Cataluña y vi-
ceversa.
Otro ejemplo de estas desigualdades es la deci-
sión de la Agencia Española del Medicamento de
bloquear el canal de farmacia para una determi-
nada vacuna infantil. La decisión podrá tener una
base más o menos contrastada, no lo dudo, pero
el resultado es que dos comunidades autónomas
y las dos ciudades autónomas sí que pueden dis-
pensar en sus farmacias este fármaco y el resto
de España no lo puede hacer. La base científica
y las pruebas que han provocado este bloqueo
para proteger, según la Agencia, la salud de los
españoles, debería extenderse a todo el territorio
nacional, pues como dice la Agencia es una cues-
tión de salud pública. Pero, sin embargo, esto no
ha sido así. Lo único que hace este tipo de medi-
das asimétricas es aumentar las diferencias entre
los ciudadanos de un mismo Estado y aumentar la
desconfianza que estos tienen en las decisiones
de sus autoridades.
En un mundo que tiende a la globalización sería
de agradecer que nuestras Administraciones no
tendieran a la atomización. Y esto en todos los te-
mas pero primordialmente en lo que se refiere a
salud. Las Administraciones deberían pensar más
en los pacientes y tener un punto de vista más
global, para evitar estas enormes desigualdades
entre los ciudadanos.
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Lo único que
hace este tipo de
medidas asimétricas
es aumentar las
diferencias entre
los ciudadanos de
un mismo Estado
y aumentar la
desconfianza que
estos tienen en las
decisiones de sus
autoridades
“Las AUTONOSUYAS”
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