50
Bifar
La importancia del
arte farmacéutico
Texto:
Daniel de María
. Imagen:
Bernardo Sánchez
. Farmacéuticos.
P
inceladas de historia
D
esde el inicio de la humani-
dad, en la sociedad siempre
ha habido una preocupación
por la salud, la búsqueda
incesante de remedios y una manipu-
lación de éstos buscando mejorar sus
resultados. Al principio, se trataba de
descubrir los remedios que ofrecía la
naturaleza y de recolectarlos. El tiempo
y la capacidad humana hicieron que
éstos se fueran manipulando, transfor-
mando e incluso que se crearan nuevos
remedios. La importancia del farmacéu-
tico en la sociedad fue creciendo para-
lelamente a la complejidad que traen
estos cambios.
No obstante, no es hasta la civilización
árabe que el farmacéutico se consoli-
da como un profesional independiente,
separándose del médico. En el siglo XI,
los árabes definen a la farmacia como
el arte de conocer “los elementos en
sus diversas especies, tipos y formas,
preparando a partir de ellos los medi-
camentos compuestos tal y como los
solicita y estipula el médico prescrip-
tor”. Así, el farmacéutico se convierte en
la persona dentro de la sociedad que
mejor conoce los fármacos, que sabe
además dónde obtenerlos, reconocer
su calidad, combinarlos a conveniencia
y presentarlos de forma que puedan to-
marse con facilidad.
En la Alta Edad Media europea son las
boticas monacales quienes cobran es-
pecial importancia y prestigio. Centros
de curación tanto del alma como del
cuerpo, muchos monasterios dispusie-
ron de botica y huerto medicinal propio,
ofreciendo asistencia gratuita a los po-
bres del lugar (como hacía la Seguri-
dad Social con los pensionistas antes
de la implantación del copago,... ¡qué
tiempos aquellos!). Este hecho, dicho
sea de paso, les valió alguna que otra
disputa con las farmacias seglares, que
sí precisaban cobrar por sus servicios
para poder subsistir.
El Renacimiento se lanza en busca de
la “quinta esencia”, se trata de aislar las
cualidades principales del fármaco me-
diante procedimientos químicos, con lo
que la química adquiere un papel fun-
damental en la elaboración de medica-
mentos que ya no dejará hasta nuestros
días. El farmacéutico empieza a realizar
con asiduidad procesos de evapora-
ción, destilación, incineración,... Esto
acabará por consolidar el prestigio de la
profesión, aunque no la librará del férreo
control por parte de médicos y autorida-
des sanitarias.
La importancia de los farmacéuticos en
la sociedad queda patente con la llega-
da de los europeos a América. Aunque
las razones económicas y de conso-
lidación del poder primarán sobre las
sanitarias (¿cuándo no...?), la cuestión
es que en las listas de personas requeri-
das para embarcarse en una expedición
al Nuevo Mundo, allá por la Inglaterra de
inicios del siglo XVI, el farmacéutico fi-
guraba en una segunda honrosa posi-
ción, lo cual resulta muy meritorio.
Al otro lado del canal, la Francia del si-
glo XVI reconoce en una ley que la far-
macia requiere “mucho arte, ciencia, ex-
periencia y conocimiento de los fárma-
cos, así como de la composición de las
prescripciones que entran en el cuerpo
humano”. Y claro, eso del “arte” impo-
nía al vulgo, pues no estaba al alcance
de cualquiera (salvo en España, que
siempre nos ha sobrado eso del arte...).
La llegada de la industria, asumiendo
el papel de investigación y elaboración
de la medicación, hace trastabillar el
prestigio de los farmacéuticos, que se
ven amenazados con ser meros vende-
dores. Los propios médicos tratan, con
escaso éxito, de hacerse con las com-
petencias que habían consolidado los
farmacéuticos.
Por favor, resistámonos a cambiar el
arte de trabajar con la salud y el medi-
camento para ganarnos la vida, por el
arte de buscar todo aquello que sea
vendible en la farmacia para aumentar
los ingresos.
l
Resistámonos a cambiar el arte de trabajar con
la salud y el medicamento, por el arte de buscar
todo aquello que sea vendible en la farmacia para
aumentar los ingresos




