Ramón Jordán Alva
Presidente del COF
de Zaragoza
Editorial
v
De este modelo,
el principal
beneficiado es el
propio paciente,
pero también la
administración que
de forma gratuita
tiene solucionada
la prestación
farmacéutica a
sus beneficiarios
l pasado 30 de agosto, muy lejos de aquí,
en Bangkok, sucedió un hecho que ha
pasado bastante desapercibido entre la
población y más concretamente entre el
colectivo farmacéutico. Ese día Carmen Peña fue
elegida por amplia mayoría como nueva presidenta
de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP).
Esta entidad engloba a 127 organizaciones far-
macéuticas de otros tantos países cuyo principal
objetivo es defender al farmacéutico y velar por el
desarrollo de su profesión independientemente de
donde trabaje y de su modelo de farmacia.
El nombramiento de Carmen Peña como presi-
denta de esta organización centenaria no debe
ser interpretado como un apoyo a nuestro modelo
de farmacia. Se trata más bien del apoyo de esta
institución a un liderazgo, a una persona que ha
luchado por una farmacia de calidad desde hace
más de 20 años. Convertirse en la nueva presi-
denta de la FIP es un hecho trascendental para
la profesión sobre todo en el ámbito nacional. Es
fundamental que la persona que representa a todos
los farmacéuticos del mundo considere que, entre
todos los modelos de farmacia, el llamado modelo
mediterráneo es el mejor. Y es el mejor no para los
farmacéuticos, sino para los pacientes.
En el mundo hay multitud de modelos de farmacia
que van desde los más regulados, como el nuestro,
a los menos regulados como el modelo anglosa-
jón. Entre ambos hay un abanico muy amplio de
posibilidades. Todos y cada uno de ellos tienen sus
pros y sus contras, sus ventajas y sus inconvenien-
tes y, por supuesto son igualmente válidos y lícitos.
Sin embargo, la grandeza de nuestro sistema es
que logramos hacer llegar el medicamento en con-
diciones de igualdad al 99% de la población ase-
gurando su uso racional y en unas condiciones
de independencia debido a la indivisibilidad del
binomio titularidad-propiedad. Todo esto a coste
cero para la población y para las administraciones
públicas. Para ello nuestro modelo está fuertemen-
te regulado y tenemos unas leyes de planificación
muy férreas que hacen que sea imposible la masi-
ficación de farmacias en lugares económicamente
rentables y que en lugares alejados y económica-
mente no interesantes carezcan de prestación far-
macéutica. De este modelo, el principal beneficia-
DEFENDER la profesión
do es el propio paciente, pero también la adminis-
tración que de forma gratuita tiene solucionada la
prestación farmacéutica a sus beneficiarios.
Pero la principal fuerza de nuestro modelo es el
buen hacer de farmacéuticos anónimos que día a
día abren sus persianas a lo largo de toda la geo-
grafía española y cuyo único objetivo es llevar a
cabo su labor sanitaria centrada en el medicamento
y siempre pensando en el paciente.
En un país donde todos somos especialistas en
todo. Todos somos los mejores entrenadores de
futbol, todos somos los mejores pilotos de fórmu-
la 1 y si nos dejaran gobernar, todos arreglaríamos
este país en menos que canta un gallo. Lamenta-
blemente esto no es así. Solo podemos hablar de
lo que sabemos y conocemos en profundidad. En
los últimos meses, han salido en prensa diferentes
casos de farmacias que presuntamente han come-
tido irregularidades. No es función nuestra el juzgar
la actuación de estas farmacias, ya que este trabajo
es de los jueces. Ni tampoco sería deseable ni jus-
to que la administración y la población en general
juzgaran a toda la profesión farmacéutica por las
actuaciones de unos pocos. Creo que durante años
nos hemos ganado el respeto de toda la sociedad
con nuestro trabajo diario, callado y profesional y
estoy convencido que esto va a seguir así.
Me siento orgulloso de ser el presidente de un
colectivo que a pesar de la crisis, las continuas
bajadas de los precios de los medicamentos, de
los retrasos en el pago de la facturación… sigue
con su labor sanitaria con una sonrisa en la boca y
siempre con una palabra amable hacia sus pacien-
tes, verdadero núcleo gordiano de la profesión far-
macéutica.
En resumen, creo que las actuaciones anecdóti-
cas de ciertas personas no deben empañar la gran
labor asistencial del farmacéutico de hoy. Me gus-
taría acabar estas líneas con una frase de la actual
presidenta de la FIP: “No podemos defender en
los despachos lo que no defendemos en la ofi-
cina de farmacia”. Diariamente demostramos que
con nuestro trabajo defendemos la existencia de
esta profesión tan querida y tan necesaria para la
población.
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Bifar
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