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Bifar
La MAQUINITA
ios me libre de reprochar
nada a nadie. Cada cual es
dueño de sí y de su destino,
lo cual como tampoco es
incompatible con la libertad de expre-
sión, me la tomo para opinar a tra-
vés de esta magnífica herramienta de
comunicación que es nuestro Boletín
Colegial.
Se trata de comentar una moda que
está empezando a implantarse entre
algunos compañeros y que, en mi
modesta opinión, daña nuestra imagen
a costa de unos sustanciosos bene-
ficios que prometen sus promotores.
Son las inefables máquinas automáti-
cas expendedoras de productos far-
macéuticos. Sí, ya sé que se ofertan
productos que no necesitan receta y
que según la próxima normativa se
podrán vender por Internet, claro, se
venden solos, no hace falta estar allí…
Dejando a un lado el tipo de produc-
tos que se colocan a la venta y que
en la misma publicidad del fabricante
se pueden observar como impropios
(leches infantiles de inicio, vitaminas,
plantas medicinales, etc.) me quedo
con el hecho. Hace años recuerdo
que vivimos la guerra de la sacarina
cuando nos unimos todos para boico-
tear a un fabricante por sacar al canal
comercial de grandes superficies y
supermercados su exitoso edulcoran-
te tras años de prestigio ganado en las
farmacias. Adujimos que eran produc-
tos, ese y todos los OTC, que reque-
rían el consejo y control de profesiona-
les farmacéuticos, qué locura vender-
los en mercaseñora y similares. Bien,
parece ser que ahora no necesitan ni el
experto en el medicamento, ni siquiera
la presencia de un auxiliar. Directamen-
te a vender y a callar. Meta la moneda,
elija y pulse el botón, total ¡no preci-
san receta!...Y, además, funcionando
24 horas al día. Al vecino que está de
guardia ese domingo abierto por obli-
gación administrativa, que le den, que
yo estoy en casa viendo el partido y
vendiendo. Viva la competencia.
En España nuestro oficio está tomando
un cariz deprimente. Hemos superado
a las tiendas chinas en horas de aper-
tura y en artilugios para seguir vendien-
do sin estar en esas pocas horas que
no abrimos. ¿Tanta necesidad eco-
nómica tenemos? Nuestra dignidad
se fue como hojas secas en un cier-
zo otoñal. ¿Qué ejemplo damos a las
nuevas generaciones de nuestro oficio
que no pueden acceder a una oficina
de farmacia porque no tienen puntos
ni experiencia? Gente preparada en las
universidades con los conocimientos
frescos de bioquímica, galénica y quí-
mica orgánica…qué pensarán al ver
las maquinitas de marras en las nue-
vas farmacias concedidas a compañe-
ros y compañeras que ya poseen una.
La crisis se ha llevado muchas cosas
pero la más importante para mí ha sido
la cohesión, el compañerismo, la ilu-
sión de hacer el bien y las cosas bien
sin pensar en el beneficio, pero ami-
go, cuando nos tocan el bolsillo, todo
eso se esfuma. Entiendo la necesidad
de adaptarse a los tiempos, que las
técnicas de venta cambian, que existe
Internet y que los hábitos de los con-
sumidores cambian. Todo es admisible
pero no lo hago si es a costa de rebajar
nuestra profesionalidad y nuestra res-
petada imagen a lo largo de la historia
de este oficio. En cualquier otro cam-
po, todo el mundo se ha adaptado a
la tecnología y al paso del tiempo pero
insisto, sin rebajar su imagen, porque
los conocimientos, la pericia profesio-
nal, el trato al público, la humanidad,
el saber y conocer sobre los medica-
mentos, el compañerismo y el espíritu
de sacrificio hacia nuestros semejan-
tes han sido las señas de identidad de
nuestro gremio y todo eso con modas
así no lo rebajamos, lo liquidamos.
¡Viva el merchandising y OLE!
Bernardo Juan Sánchez Gálvez
Farmacéutico
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