Editorial
Ramón Jordán Alva
Presidente del COF
de Zaragoza
Bifar
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Vientos de CAMBIO
¡Q
ue viene el lobo!, decía el pastorcillo
mentiroso a la población de la aldea.
Tantas veces lo dijo siendo mentira
que al final, cuando realmente vino el
lobo, nadie lo creyó y el lobo se comió todas las ovejas.
Esta fábula, que nos contaban a todos cuando éramos
pequeños, se puede aplicar con toda crudeza al pano-
rama actual de la farmacia. Han sido muchos años, yo
llevo 23 en oficina de farmacia, lamentándonos de la difícil
situación del sector. Cada año iba a ser el último y nadie lo
iba a poder remediar. Han sido tantos los ataques sobre
la oficina de farmacia que nos han anestesiado los senti-
dos. Parece que los cambios que se están produciendo a
nuestro alrededor no fueran con nosotros y pensásemos
que nuestro micromundo fuera fijo e indeformable. Qui-
zás esta actitud tenga su justificación ya que durante años
hemos hablado de liberalización y de otros monstruos y
nunca ha pasado nada.
Está claro que la situación a la que se enfrenta día a día
nuestro país es una crisis, como dicen los eruditos, sin
precedentes. El panorama en el que vivimos actualmente
no se ha visto en muchos años. Las reformas y cambios
que experimentamos en nuestro entorno son de una du-
reza sin igual. Las consecuencias de esta dramática si-
tuación no se han hecho esperar en nuestro sector y han
tomado consistencia en forma del Real Decreto 16/2012.
En él se cambia de un plumazo todo el sistema de aporta-
ción farmacéutica que ha convivido con nosotros durante
muchos años. La falta de liquidez también ha sembrado
una duda y un temor inusitados que en algunas comuni-
dades se ha transformado en una insufrible realidad.
Pero hasta aquí, más mal que bien, el sistema no ha
cambiado. Lo único que estamos notando son las conse-
cuencias de la crisis, pero el modelo de prestación farma-
céutica sigue siendo el mismo. Es en este punto cuando
algunos sectores de la farmacia y de la Administración
están empezando a plantear modificaciones estructura-
les y fundamentales en el modelo actual de prestación
farmacéutica y, más en concreto, nuevos modelos de
retribución. Es cierto que va a llegar un momento en el
que el modelo de retribución a la farmacia, tal y como lo
conocemos hoy en día, con las continuas depreciaciones
del valor de los medicamentos, no va a permitir la sub-
sistencia de las farmacias y, lo que es peor, no nos va a
permitir hacer lo que hasta ahora venimos realizando: una
dispensación de calidad.
Soplan vientos de cambio y las farmacias no están al abri-
go de ellos. Posiblemente deberemos estudiar muy en
profundidad el cambio en el modelo de retribución. Pero
este cambio no tenemos que hacerlo de forma radical.
Deberá implantarse paulatinamente coexistiendo con el
actual modelo. Será necesario cambiar la actual estruc-
tura de servicios de la oficina de farmacia; demostrar a la
Administración que la farmacia y los farmacéuticos debe-
mos y sabemos ofertar una serie de servicios que pueden
ser cualitativamente y cuantitativamente necesarios para
la sociedad. Para conseguirlo comenzaremos por implan-
tar estas nuevas actividades en forma de pruebas piloto
y así demostrar que la farmacia es un establecimiento
sanitario perfectamente capaz de realizar determinados
servicios de calidad, rentables para la Administración y,
por ello, retribuibles.
Esta crisis indudablemente se va a llevar por delante mu-
chas cosas y, posiblemente, la forma actual de trabajar
de las oficinas de farmacia. Pero hay una cosa que no
debería cambiar, el actual modelo de distribución de las
farmacias. Creo sinceramente que llevar el medicamen-
to y la atención farmacéutica hasta el último rincón de la
geografía española es una labor conjunta de la distribu-
ción y de la oficina de farmacia que justifica por sí sola el
actual modelo. Pero si todos –Administración, colectivo
farmacéutico y pacientes- estamos de acuerdo en las
bondades de nuestra planificación y en la excelencia del
servicio que prestamos, deberemos hacer algo para ayu-
dar a conservarlo. De hecho, ya observamos cierta sen-
sibilidad por parte de la Administración en la redacción
del RD 9/2011. Un decreto que modificó el margen de las
farmacias con una “viabilidad económica comprometida”.
Pero con la entrada en vigor del RD 16/2012, la situación
ha cambiado y esta pequeña ayuda, destinada principal-
mente a la farmacia rural, es a todas luces, insuficiente.
Ante todo esto, es necesario que se levante el pie del
acelerador y que se varíe el punto de mira a otro sector
que no sea el farmacéutico, como reconocía la ministra
Ana Mato
en su último viaje a Zaragoza. Pero también
es necesario que se cambie la mentalidad con respecto
a la farmacia rural, y por rural me refiero, en este caso, a
farmacias ubicadas en pueblos pequeños, que observan
día a día las consecuencias de las últimas reformas legis-
lativas: sus números están en negativo y ya no pueden
prestar el servicio que antes sí podían.
Es necesario implantar nuevas medidas de ayuda que
complementen las que ya están instauradas. Por ejem-
plo: facilitar su traslado a sitios mejores; evitar convocar
nuevas oficinas de farmacias en estos lugares ya que hay
otras fórmulas para asegurar que estos pueblos peque-
ños cuenten con una prestación farmacéutica de calidad.
Son medidas que, si duda, repercutirán positivamente en
la farmacia y mejorarán el servicio al paciente.
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Posiblemente
deberemos
estudiar muy
en profundidad
el cambio en
el modelo de
retribución. Pero
este cambio no
tenemos que
hacerlo de forma
radical