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COF
Teruel
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Bifar
estabulación. El paro fue gigantesco, a nuestras mentes
modernas suena a risa, pero los esclavos se quedaban
en el paro, la destrucción de empresas fue tan profunda,
que ni trabajando gratis se hallaba empleo, y en zonas
como la Galia e Hispania hubo movimientos de aquellas
masas de parados, denominados “Bagaudas”
Diocleciano abdicó el 1 de mayo de 305, convirtiéndose
en el primer emperador romano en dejar voluntariamen-
te su cargo, el único antecedente que yo conozca es el
dictador Sila. Desde entonces, el ex emperador vivió de-
dicado al cultivo de sus jardines y huertos, en su palacio
en la costa Dálmata, del que surgiría la actual ciudad de
Split, en Croacia. Tras haber abdicado y llevar unos años
en Split, vinieron a buscarle de parte de su sucesor para
rogarle que volviera a tomar las riendas del Imperio, que
se desmoronaba. Mirando a su huerto, suspiró y dijo:
“Semejante invitación solo puede venirme porque no ha
visto lo lozanos que crecen los melones de mi huerto”, y
permaneció en retiro para siempre.
A mí, todo esto me parece una metáfora de nuestros
tiempos. Europa en decadencia como Roma, civilizacio-
nes “bárbaras” que nos vencen por falta de defensa, de
confianza en nuestros valores. Todo lo que a nuestros
gobernantes se les ocurre es parecido a lo que hizo aquel
romano: multiplicar la burocracia, devaluar la moneda,
clasificar a los individuos, dividir al Estado. Diocleciano
acuñaba moneda cuyo metal valía más que su nominal,
de manera que la gente las cambiaba y fundía en lingo-
tes. Algo parecido hace el BCE cuando compra deuda
de los países “PIGS” a mayor precio que el de mercado.
Como hizo nuestro personaje, en España nos han cla-
sificado también, nos han dividido en media docena de
ciudadanos distintos, en función de nuestra capacidad
de ser esquilmados por la autoridad. Nos distinguen
por nuestra TSI, que proviene del IRPF, que permite
cobrarnos dos veces por lo mismo. Sin embargo, la
carga burocrática, que ya es enorme en este país lleno
de “paisitos” no está previsto que mengüe, sino todo lo
contrario, que aumente hasta donde al Estado recau-
dador le sea posible. Nuestros egregios gobernantes
confían en la tendencia del ciudadano a no serlo, en su
habitual comportamiento indeciso, gregario y pusilánime,
para que soporte la carga sin rebelarse más allá de lo
folklórico como el eximio alcalde de Marinaleda.
En lo práctico, si quiebran las farmacias o los laboratorios
por bajos precios o falta de pago no importa; si quie-
bra la Seguridad Social por falta de ingresos, por mala
administración, tampoco; si nos gastamos lo poco que
aun tenemos, y lo que debemos, en nuestra selección de
futbol, en fiestas, en Parlamentos que no parlamentan,
en reivindicaciones localistas, no pasa nada. Aquí nadie
asume sus obligaciones, en especial el ubérrimo Estado,
que ni paga ni gobierna, que cada vez recuerda más a la
España de los últimos Austrias, la que Quevedo describía
en el soneto de “miré los muros de la patria mía...“ Pero
sin escritores ni pintores importantes.
Todos esperamos que nuestro descabellado por invia-
ble tren de vida lo sigan pagando los alemanes, y que
nunca nos pasen a cobrar, y si pasan, que se lleven lo
que les pluguiere, total, no somos capaces de sacarle
rendimiento.
Por fin, está el futuro, nuestra juventud: Iletrada por for-
mación, ignorante por vocación, apolítica por falta de
compromiso, cincuenta por ciento en paro, veinticinco
por ciento “ni-ni”. Si hay suerte, cuando salga por ahí
despabilará y volverá con nuevas ideas, y se dará cuenta
del engaño en que la hemos hecho vivir. Yo espero que
no sea demasiado tarde.
“Nihil novum sub sole”. A punto de publicar el artículo ha
resurgido el “problema catalán”, que tampoco es nuevo,
pues en la España de
Felipe IV
tuvo lugar “La rebelión
de los catalanes” cuando
Pau Claris
separó Cataluña de
España... para entregarla a Francia, y ¡¡¡Le han dedicado
una calle y un hotel en Barcelona!!!
3
. Ni es nuevo el Esta-
do Catalán, proclamado por la Generalitat de Companys
en la tarde del 6 de Octubre de 1934, en coincidencia con
la sublevación de Asturias, que serían la principal causa
del fracaso de la Segunda República en España.
No sé si están muy claras mis
conclusiones
, ahí van:
No falsificar la realidad
. No acuñar moneda de valor
engañoso, ni crear Deuda o Bonos europeos, que al no
valer su valor nominal, son vendidos no en el mercado
voluntario, sino al BCE, que es el contribuyente, que
compra de manera obligatoria.
No multiplicar los Centros de Decisión
, como hizo
nuestro emperador con las capitales y la Tetrarquía. Así
los dirigentes tendrán que responder ante los electores,
sin echar las culpas propias a los demás, por ejemplo
a Europa o al Gobierno Central, o a los gobiernos au-
tonómicos.
Confiar en la sociedad
: El estado no es quien para de-
cidir la vida de los individuos. Debe ceñirse a las suyas
y no abandonarlas para meterse en las que no le corres-
ponden. El contribuyente gasta de manera mucho más
eficiente que el Estado.
No hacer Ingeniería social
: Jugar con fuego es muy
peligroso, excitar los nacionalismos o a sus contrarios,
a los parados, dividir o separar a la sociedad es garantía
de un negro futuro; muy difícil de controlar. ¿Qué sucede-
rá en Cataluña o el País Vasco?
Tener prioridades
: Veo que se les llena la boca hablan-
do del fin del Estado de Bienestar, pero no se hace nada
para conservarlo. Ni se defiende una Seguridad Social
pública, universal y accesible (barata para el usuario), ni
se defiende una educación de calidad. Se prefiere gastar
en particularismos, y se adoctrina a la juventud, en vez
de formarla.
A nuestra sociedad le falta
AMBICIÓN
, como a los ro-
manos de Diocleciano. En vez de persistir en la cultura
romana, que les había dado tanto éxito, contemporizaron
con las foráneas que entraban por las costuras abiertas
del Imperio, e hicieron obligatorio lo que hasta entonces
era voluntario. A uno le pueden obligar a estar, pero nun-
ca a ser. Y así les fue. España fue un país ambicioso en
la Transición, y fue un éxito, ahora, con tanto mirar al pa-
sado, nos hemos olvidado del futuro.
l
3
J.H. E
lliot
:
La rebelión de los catalanes
, Siglo XXI editores,
Madrid,1998.
Nuestros
egregios
gobernantes
confían en la
tendencia del
ciudadano a
no serlo, en
su habitual
comportamiento
indeciso,
gregario y
pusilánime, para
que soporte
la carga sin
rebelarse
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