Mariano Giménez
Vicepresidente
del COF de Teruel
COF
Teruel
Los melones
de DIOCLECIANO
U
no de las mayores discusiones de los histo-
riadores es la causa de la caída del Imperio
Romano (de Occidente claro), porque el de
Oriente siguió existiendo hasta la caída de
Constantinopla a manos de los turcos, que daría origen
al Renacimiento.
Existe un macrolibro muy famoso del historiador británico
Gibbon
: “Historia de la decadencia y caída del Imperio
Romano”, pero a mí me gustan otros. En especial los de
Indro Montanelli
1
e
Isaac Asimov
2
. Este último, al igual
que basa la decadencia de la Corona de Aragón en la
peste del siglo XIV, piensa que el comienzo del fin estuvo
en la peste de
Marco Aurelio
, de la que murió uno de
cada cuatro habitantes del Imperio Romano.
Después del barbudo y estoico emperador, en cuyo su-
cesor
Cómodo
está basada la película
Gladiator
, vinie-
ron años y años de súper-crisis, con guerras civiles, hun-
dimiento económico y enormes revueltas sociales. A tan
inestable período puso fin el acceso al Cetro Imperial de
Diocleciano
, de humilde origen, posiblemente liberto,
un enorme trabajador que ascendió a tan alta dignidad
por sus méritos militares.
Para la posteridad, ingrata, el emperador Diocleciano
apenas es conocido por haber organizado una terrible
persecución contra los cristianos, de la cual proceden
la mayoría de los mártires famosos, como fueron:
San
Vicente Mártir y San Valero Confesor, San Cosme y
San Damián, San Pancracio y San Pantaleón
, entre
otros. Nuestras iglesias barrocas, llenas de crueles imá-
genes de sus martirios, no serían como son si no hubiera
existido aquella persecución, que no solo afectó a los
cristianos, sino también a maniqueos, y estuvo a punto
de acabar con la Iglesia pues generó la herejía donatista.
Sin embargo, yo creo que Diocleciano fue mucho más
importante por ser uno de los emperadores más reforma-
dores del Imperio Romano, y quizás el último que creyó
que aún se podía salvar aquel mastodonte en que se ha-
bía convertido el Imperio.
Diocleciano separó y aumentó los servicios militares y
civiles que los ciudadanos debían prestar al Imperio y re-
organizó las divisiones provinciales creando el gobierno
más grande y más burocratizado de la historia de Roma.
Indro Montanelli
afirma que planificó la economía,
nacionalizó las industrias y multiplicó la burocracia. El
epigramista
Lactancio
decía que había más personas
1
I
ndro
M
ontanelli
:
Historia de Roma
, Backlist
Barcelona, 2008.
2
I
saac
A
simov
:
El Imperio Romano
, Alianza Editorial,
Madrid, 1998.
usando el dinero de los impuestos que las que había pa-
gándolos. Contando pensionistas y parados, en la Espa-
ña actual les ganamos.
Dicho con mucha sorna, Diocleciano fue un precursor de
la Unión Europea, dividió el Imperio en cuatro “autono-
mías” gobernadas por cuatro Tetrarcas, quitó la capita-
lidad a Roma y estableció cuatro capitales: Nicomedia
(Izmit), Antioquía, Mediolano (Milán) y Tréveris, nosotros
tenemos tres: Bruselas, Luxemburgo y Estrasburgo, sin
contar Frankfurt o Berlín.
Incrementó el gasto del Estado hasta hacer necesaria
una reforma fiscal. Wikipedia, de clara tendencia so-
cialdemócrata, dice: “Al menos a partir del año 297 el
sistema impositivo fue estandarizado de forma más equi-
tativa y con tipos impositivos en general más altos que
los que habían imperado hasta entonces”. Montanelli no
cree –como Wikipedia– que los impuestos fueran más
justos, sino que eran mucho más altos, todo lo altos que
los sistemas de aquel tiempo se podían permitir. Me ha
dado la risa al saber que su sucesor
Constantino
, echó
abajo todos sus sistemas de lucha contra el Cristianis-
mo, y de casi todo lo demás, y solo mantuvo el sistema
de recaudación, que era muy efectivo. Me ha recordado
a este país, donde se han transferido Sanidad, Educa-
ción y tantas otras misiones del Estado, inhabilitando o
degradando su capacidad de dar servicio de calidad a
la sociedad, desigualando a los españoles, pero no se
ha transferido la Agencia Tributaria, pues el Estado y sus
Diecisiete hijos hubieran quebrado mucho antes. Ten-
drán que poner una capillita a San Constantino en cada
Delegación de Hacienda.
Volviendo a Montanelli, leeremos que los campesinos
quedaron fijados a sus tierras, dando origen a la servi-
dumbre de la gleba, los obreros fueron congelados en
corporaciones hereditarias que nadie podría abandonar.
Un alarde de ingeniería social que hundiría a Europa en
la Edad Media. Para que todo funcionase, promulgó su
Edicto sobre Precios Máximos y Salarios Mínimos del
año 301, “obra maestra de la economía dirigida. Todo
en él estaba reglamentado y dirigido, salvo la natural ten-
dencia de los hombres a las evasiones y su ingeniosidad
para tener éxito en ellas”.
Nada nuevo bajo el Sol. Algunos creíamos que el “Co-
rralito” era un invento argentino, pues no, Diocleciano ya
lo hizo. Primero creó un patrón moneda relacionado con
el oro, luego con la plata, y por fin devaluó la moneda
de uso corriente a la mitad. Duplicando el monto de las
deudas contraídas por los romanos antes de aquella
fecha. Una economía tan dirigida, una población esta-
bulada como si fuera ganado, trajo problemas que no
habían sido previstos. “Por vez primera en la historia de
Roma, hubo romanos que quisieron salir del Imperio”,
para sustraerse de sus obligaciones fiscales o de su
“Nihil novum sub sole”
Dicho con
mucha sorna,
Diocleciano fue
un precursor
de la Unión
Europea