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uenas costumbres
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Bifar
Teruel existe: Ordio MINERO
enían que ser de Teruel.
Enrique
y Chesus
no podían ser de otro
sitio. Para ser más exactos son de
Blesa, pueblecito de la comarca
de las Cuencas Mineras, de esos que no
salen casi ni en el mapa, pero que ahora se
les ve un poco más, vaya que sí.
Emprender una nueva idea estos años ha
sido tarea complicadísima, pero si además
son dos chavales jóvenes y viven en un
pueblecito de poco más de 100 habitantes,
sencillamente es una locura. Y, oye, ade-
lante que fueron. Cuando conocí a Quique
y Chesus, al principio pensé que estaban
como dos chotas, pero vi que tenían una
ilusión absolutamente imposible de parar
y, lo que es más importante, un proyecto
muy bien hecho, unas cervezas que esta-
ban pero que muy buenas y una imagen
corporativa muy trabajada y creativa.
La aventura empieza en Blesa en 2012, ela-
borando cervezas artesanas en una olla de
50 litros. Solo 3 años más tarde ya van por
los 25.000 litros al año. Pasito a pasito…
Y en este 2015, además, se han lanzado
a abrir una cervecería en Zaragoza, en la
calle Espoz y Mina, donde disfrutar de sus
creaciones y de alguna que otra cosa más.
Después de todo este pasteleo cariñoso,
voy a hablar de una vez de las cervezas,
que es lo que nos trae aquí, lo que interesa,
vamos. Tienen ya 6-7 referencias y seguro
que cuando lean ustedes estas líneas esta-
rán pergeñando alguna otra nueva (a ver
cuándo me dais a probar el experimento
ese de la “mata dragones”).
Su primera creación fue “lignito”, una cer-
veza negra que no podía tener un nom-
bre más acertado viniendo de un pueblo
minero. Una típica cerveza negra con la
robustez, dulzor, notas de regaliza pro-
pias de este tipo de cervezas, magnífica
para tomártela con unas lascas de queso
de Albarracín que te ofrecen en la escueta
pero amable barra.
Curiosa es también la “lignito-milk” con lac-
tosa, que le da un toque de suavidad y cre-
mosidad bastante particular. Pasamos ya
Antonio Alfonso Casas.
Farmacéutico.
a otras cervezas más ligeras, ideales para
todos los públicos, como la Royale, una
cerveza roja de estilo irlandés, con un paso
de boca suave y dulce, que con una tapita
de salmón o una
Gilda
queda perfectamen-
te. Voy dejando para el final mi favorita, la
Triticale, no porque sea la mejor ni lo con-
trario, simplemente, la que más me gusta
a mí, que para eso escribo estas líneas.
Triticale es una cerveza dorada, más lige-
ra, fácil de beber, difícil de beber solo una,
y que está hecha, como su nombre indi-
ca, con triticale que es un cruce entre trigo
y centeno desarrollado tecnológicamente
en Aragón. ¿Y con qué la acompañamos?
Pues con una tapita de albóndigas con
tomate en la terracita y una buena cuadri-
lla de amigos.
Continuo con las ideas geniales, por no
decir malévolas, de estos chicos, como
la “Blesa black card”. Entenderán ustedes
como yo que este nombre es una referen-
cia a su querido pueblo, y el
black card
es
para la clientela internacional. ¡Ah! ¿Qué
habían pensado ustedes en algún banque-
ro? Será casualidad, no me sean malos. Es
una cerveza negra con más lúpulo, más
potencia, un amargor más pronunciado.
También pueden degustar otras cervezas
internacionales: de Canadá, Dinamarca,
Bélgica, cambiando constantemente. Las
últimas que probé son una artesana cana-
diense fabulosa y una
KrieK
de cereza bel-
ga, perfecta para acabar con un postre de
chocolate, como dicen en nuestra zona “un
caramelico”.
Paro ya de hablar de estos chicos que se
me acaba el papel. Simplemente abrazar
la idea de Quique y Chesus y animarles a
ustedes a sofocar estos calores estivales
con una buena cervecita de Teruel.
Salud y a disfrutar




