CONGRESO NACIONAL DE FARMACÉUTICOS COMUNITARIOS
“Una profesión farmacéutica
consciente de sus posibilidades,
trabajando junta en beneficio
del paciente, es imparable”
Discurso inaugural del presidente de la delegación en Aragón
de la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria,
Eduardo Satué, ofrecido con motivo del VII Congreso Nacional
de Farmacéuticos Comunitarios, celebrado en Zaragoza
del 26 al 28 de mayo de 2016
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Bifar
Q
ueridos colegas:
Antes de nada transmitiros la gran alegría y
emoción que supone para todos los que he-
mos preparado este congreso, tras dos años de
preparación, estar aquí con todos vosotros. En su
nombre y en el mío propio quiero agradecer la presen-
cia del excelentísimo consejero Sebastián Celaya, de mi
amigo el presidente del COF Ramón Jordán, sin cuyo
concurso hubiera sido imposible este congreso y de to-
dos aquellos representantes de la administración, de
sociedades científicas, de representantes políticos,
asociaciones de pacientes, colegios profesionales,
otras entidades del ámbito farmacéutico, de todos los
congresistas… que hoy elegís estar aquí, en Zaragoza,
apostando por una profesión vocacional, asistencial,
orientada a dar respuesta a los problemas de nuestro
tiempo y siempre que podamos, a llamar a las cosas
por su nombre en vez de poner nombre a las cosas.
Bienvenidos a un espacio que necesita madurar nada
menos que dos años para poder dar su fruto. Dos años
en los que han pasado muchas cosas en nuestra profe-
sión y no la menor la crisis de deuda. Dos años donde
vemos como competencias antaño nuestras se nos es-
capan por entre los dedos: medicamentos de diagnós-
tico hospitalario, innovadores… y a esto sumamos posi-
bles nuevas pérdidas en los centros sociosanitarios, de
los pacientes con patologías crónicas… todas estas
amenazas nos dicen una cosa: que hemos perdido re-
levancia dentro del sector sanitario. Es duro decirlo pero
es estúpido ignorarlo. Por otra parte, es cómodo echar
la culpa al mundo de nuestros males, pero
también tremendamente inútil. Preguntas
como quién es el culpable suelen aflorar en
estos debates pero permitidme que os tras-
lade algunas preguntas que tal vez nos ayu-
den mejor a avanzar: ¿Qué necesita la socie-
dad, el paciente, de nosotros? ¿Cómo
podemos conseguir aportar a la sociedad nues-
tros valores? ¿En qué punto podemos encontrarnos
con ella y hacernos valer? ¿Cómo podemos ser un
agente real de cambio? Tratar de acercarnos a estas
preguntas está en el sentido profundo de este congre-
so. Un espacio en el que podremos encontrar y encon-
trarnos con dos aspectos aparentemente distantes,
como son la ciencia y los deseos. En primer lugar, la
ciencia, imperativo categórico de nuestra profesión, que
debe prestar con todo su rigor los fundamentos y los lí-
mites de nuestros quehaceres, la pequeña luz que nos
permite adentrarnos en la pregunta tan necesaria de
“qué podemos hacer, hasta dónde podemos llegar”.
Con los límites de la realidad tanteados, explorados…
es posible preguntarnos qué hacemos con la realidad,
dar la palabra al corazón, al coraje, al deseo, porque
aquí no se trata sólo de contar la realidad sino de dotar-
la de sentido, transformarla, de posibilitar que nuestra
aportación a la sociedad sea cada vez más eficaz, más
justa, de responder a la pregunta “qué queremos ha-
cer”, que es la pregunta que nos define como profesio-
nales, como vocación, porque no todo lo que puede
hacerse debe hacerse y es esta segunda respuesta la
que define nuestra identidad como seres humanos. Así,
entre la ciencia y el deseo nos encontramos este con-
greso, un congreso que por esta mezcla, por esta sen-
sibilidad a ambas realidades, más podemos llamarlo un
A
ctualidad farmacéutica




