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Ramón Jordán Alva

Presidente del COF de

Zaragoza

Editorial

¿Todas estas

consideraciones

las ha tenido en

cuenta la OCU

antes de emitir el

informe? ¿Cree

la OCU que todas

estas dudas las

puede responder

el personal de un

supermercado?

Pacientes o clientes

S

egún el diccionario de la lengua española,

cliente se define como “persona que com-

pra en una tienda, o que utiliza con asidui-

dad los servicios de un profesional o empre-

sa”. En cambio, si buscamos la palabra paciente,

encontraremos la siguiente definición: “que recibe o

padece la acción del agente”, “persona que pade-

ce física y corporalmente, y especialmente quien se

halla bajo atencion médica”, “persona que es o va a

ser reconocida médicamente”.

Habitualmente, cuando nos dan cursos de gestión

de la farmacia, marketing, coaching, gestión por ca-

tegorías… y cuando en el seno de esos cursos nos

hablan de esas personas que entran por la puerta de

la farmacia todos los días, se refieren a ellas como

clientes. En cambio, cuando estamos asistiendo a

cursos mucho más enmarcados en nuestra profe-

sión como farmacología, prevención de enfermeda-

des, dermofarmacia, ortopedia…, los ponentes se

refieren a estas personas como pacientes. Es decir,

las personas que cada día entran en nuestra farma-

cia pueden ser clientes o pacientes y en virtud de eso

pueden ser tratados de una forma o de otra. Y esto

es lo que pasa por la propia definición de farmacia

que da la Ley de garantías y uso racional de medi-

camentos y productos sanitarios que establece que

la farmacia es un establecimiento sanitario privado

de interés público. Somos gestión privada pero tene-

mos interés público.

Ahora bien, siendo esto verdad, la propia ley nos

encasilla como SANITARIOS. Creo que los primeros

que nos tenemos que aclarar sobre cómo vamos a

tratar a las personas que entran por la puerta somos

nosotros. Debemos tener claro con qué personas

estamos tratando, con clientes o con pacientes.

¿Está tan definida la línea de separación entre los

dos conceptos? Desde luego, si no lo tenemos claro

nosotros, no esperemos que en el exterior del mundo

farmacéutico lo tengan nítido.

Hace unas semanas la Organización de Consumi-

dores y Usuarios (OCU) sacó un informe en el que

dejaba bien claro que los protectores solares para

niños que se compran en los supermercados son,

“en términos generales”, tan buenos como los que

se adquieren en las farmacias o “incluso pueden ha-

cerles sombra en eficacia” en algunos casos. Este

informe hacía hincapié en la protección UVB y UVA

y sobre todo en el precio de compra por parte del

cliente consumidor. La OCU encaminaba a los clien-

tes a comprar dichos productos fuera de farmacia.

Independientemente de las consideraciones técni-

cas que podamos hacer ante semejante afirmación,

que tendríamos mucho que decir, lo que está claro

es que la OCU se ha fijado exclusivamente en el pro-

ducto y en su precio, sin tener en cuenta el punto de

venta ni quién lo vende. Es decir, la OCU no ha no-

tado diferencia ni ningún valor añadido entre adquirir

un protector solar en el supermercado o adquirirlo en

una farmacia.

Como farmacéuticos podríamos argumentar muchí-

simas cosas. Podríamos argumentar que no todos

los protectores solares son iguales ni todos valen

para cualquier tipo de piel. Nos vamos a encontrar

con pieles secas, grasas, atópicas, seborreicas…

Nos vamos a encontrar con diversos fototipos y para

cada uno de ellos deberemos adaptar el protector

adecuado. Las personas toman medicamentos y

pueden producir fototoxicidad y eso tenemos que

saberlo antes de que la persona adquiera el protec-

tor solar. ¿Todas estas consideraciones las ha tenido

en cuenta la OCU antes de emitir el informe? ¿Cree

la OCU que todas estas dudas las puede responder

el personal de un supermercado?

Lo que está claro es que la OCU, de nuevo, nos

considera un comercio más, un punto de venta más

en el cual conseguir una serie de productos de con-

sumo. Banaliza dos cosas importantes, el producto

y lo que es más importante, el consejo farmacéu-

tico. Pero también es cierto, y es necesario hacer

autocrítica, la banalización viene muchas veces por

la ausencia del mismo. Nos enredamos muchas ve-

ces en hacer la acción comercial, en ser los más

baratos, en ver exclusivamente el lado comercial,

que el lado sanitario lo dejamos olvidado. Esto se

junta con un informe que cayó en mis manos el año

pasado en el que preguntaban a la sociedad cuál

era su visión de la farmacia. El resultado fue que en

un 41% de los casos la sociedad veía a la farmacia

solo como un establecimiento comercial.

El objetivo de este artículo no es ni mucho menos

ir contra las organizaciones de consumidores, ni

contra los que consideran a la farmacia como un

comercio más. El objetivo de este artículo es hacer

autocritica sobre cómo estamos tratando a las per-

sonas que día a día entran por la puerta de nuestra

farmacia, como clientes o como pacientes. Si que-

remos ganarnos el calificativo de SANITARIOS por

parte de la sociedad y que además de ser califica-

dos en la ley como tales, seamos considerados así

por los pacientes deberemos ganárnoslo con nues-

tra actuación profesional día a día. Una actuación

dirigida al paciente más que al cliente.

l

Bifar

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