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Ramón Jordán Alva
Presidente del COF
de Zaragoza
Editorial
v
No es razonable
que las autoridades
sanitarias sigan
empeñadas en
rebajar el gasto
en medicamentos
(siendo los más
bajos de Europa)
cuando el resto
de los indicadores
reflejan una
desviación inusitada
INVERTIR en farmacia
L
eo en una noticia publicada en los principales pe-
riódicos aragoneses que el Servicio Aragonés de
Salud (SALUD) va a “premiar” a los médicos con
12.000 euros anuales por llevar a cabo una pres-
cripción racional de medicamentos. Sigo leyendo que esta
dotación económica será destinada a aquellos profesiona-
les cuyo esfuerzo “revierta en un ahorro para el sistema sin
disminuir la calidad en la prestación farmacéutica que reci-
ben los pacientes”. El SALUD defiende esta medida seña-
lando que “no se incentiva el ahorro sino la calidad en la
prescripción porque en España se consume tres veces más
medicamentos que la media europea y, además, del 20 al
50% de los ingresos hospitalarios se deben a interacciones
medicamentosas –incompatibilidad entre fármacos en enfer-
mos polimedicados–, con lo que algo se estará haciendo
mal”, concluye.
En estos tiempos que corren, es importante contener el
gasto farmacéutico para asegurar la sostenibilidad del sis-
tema sanitario en beneficio de todos. Para lograr este obje-
tivo, las acciones realizadas por la Administración han ido
encaminadas única y exclusivamente a rebajar el precio del
medicamento. De hecho, el gasto en medicamentos en el
año 2013, se puede equiparar al de hace 10 años. El gasto
farmacéutico per cápita a nivel nacional ha caído un 27,6%
en los últimos 4 años cayendo de 272,28
a 197,06
y el
porcentaje de este mismo gasto sobre el PIB lo ha hecho en
un 25,2%. Ahora bien, hay otro dato que es todavía más re-
levante. En Aragón, durante los últimos 10 años, el gasto en
recetas médicas per cápita ha disminuido un 7%, mientras
que el gasto sanitario per cápita ha aumentado un 37,5%,
lo que supone una desviación del gasto sanitario de más
del 600%. Lo mismo ocurre con el gasto total per cápita: ha
crecido un 22,3%, lo que supone una desviación del 423%
.
No es razonable que las autoridades sanitarias sigan em-
peñadas en rebajar el gasto en medicamentos (siendo los
más bajos de Europa) cuando el resto de los indicadores
reflejan una desviación inusitada.
Volviendo a la noticia leída en la prensa regional, insisto que
es deseable y necesario que las autoridades sanitarias re-
gionales velen por una mejora de la calidad y de la eficien-
cia de la prescripción, pero sin sobrepasar líneas rojas. Es
decir sin alterar la salud y la calidad de vida del paciente.
Los ciudadanos deben salir siempre del Centro de Salud o
del hospital con el tratamiento –farmacológico o no– que su
médico crea conveniente. Ahora bien, una vez conseguido
este objetivo: una prescripción eficiente pero de calidad, nos
sigue quedando un importante hándicap del que la propia
Administración es plenamente consciente. Me refiero a los
problemas derivados del mal uso (que no es lo mismo que
abuso) de los medicamentos. Efectivamente, como ha se-
ñalado el Servicio Aragonés de SALUD, entre un 20 y un
50% de entradas en urgencias se deben a un problema re-
lacionado con el medicamento. Esto produce una pérdida
de calidad de vida del paciente y un aumento del gasto
sanitario. Se estima que en el ámbito nacional este gasto
se puede cuantificar en más de 11.000 millones de euros
al año y lo que es peor, más de 1.800 muertes anuales.
Vamos a poner un ejemplo concreto. Un ictus le cuesta a
la Administración sanitaria en su primer año entre 20.000 y
30.000
. En España se producen unos 120.000 ictus al año,
y muchos están relacionados con el control de la coagula-
ción, la hipertensión y el colesterol.
Una prescripción puede ser muy eficiente y de calidad, pero
si el paciente no sabe cómo tomar los medicamentos, si
ingiere una dosis superior o inferior a la pautada, esa pres-
cripción eficiente y de calidad desembocará en un ingreso
hospitalario. Recordemos que la falta de adherencia en los
pacientes se estima en un 40%. Es decir, de 10 pacientes, 4
no cumplen el tratamiento. Además, de ese 40%, muy pocos
pacientes reconocerán su incumplimiento por lo que es to-
davía más difícil conocer la causa del fracaso terapéutico.
Ante este panorama, es difícil justificar por qué la Admi-
nistración sanitaria no cuenta con profesionales altamente
cualificados como los farmacéuticos. Entre los servicios que
se están implantando en oficina de farmacia encontramos
los SPD (Sistemas Personalizados de Dosificación), que dis-
minuirían el problema de falta de adherencia. Un servicio
especialmente indicado para cualquier paciente que siga
un tratamiento con varios medicamentos y necesite ayuda
en la organización de sus tomas, especialmente pacientes
con pautas de medicación complejas y personas mayores
que viven solas, que olvidan las tomas, crónicos polimedi-
cados o pacientes que dependen de uno o varios cuida-
dores. El programa SPD va a contribuir a un mejor control
del paciente, facilitar el cumplimiento del tratamiento, reducir
los errores en la toma de medicamentos, evitar problemas
de manipulación y conservación y prevenir los problemas
de intoxicación involuntaria. ¿Por qué las farmacias no pue-
den supervisar, además, determinados parámetros de con-
trol que evitarían en muchas ocasiones ingresos hospitala-
rios o situaciones peores? Estoy pensando en el caso que
he expuesto antes del ictus. ¿No se podrían evitar muchos
casos de ictus y sus consiguientes ingresos hospitalarios
si los parámetros antes citados pudieran estar controlados
desde la farmacia?
Creo, firmemente, que la Administración debe invertir en una
farmacia asistencial y dotarla de recursos. Esta inversión se
traducirá, a corto plazo, en una mejora de la prestación far-
macéutica y de la calidad de vida del paciente y, a medio
plazo, en un ahorro para la Administración debido a la dis-
minución de visitas a urgencias, un menor número de hos-
pitalizaciones, un consumo más racional de medicamentos
y una mayor eficiencia en la prevención de enfermedades.
Está en manos de la Administración dar este importante
paso. Los datos estadísticos son incuestionables y las far-
macias tienen la cualificación necesaria para llevar a cabo
este tipo de servicios.
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