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Ramón Jordán Alva

Presidente del COF de

Zaragoza

Editorial

v

Un buen político

no es el que más

normas dicta,

sino el que más

capacidad de

comprensión y

más sensibilidad

tiene para

poder detectar

y solucionar los

problemas

Política

a palabra política viene del latín “politi-

cus” y ésta, a su vez, del griego “poli-

tikos” que significa “de los ciudadanos”

o “del Estado”. Recordemos que “polis”

significa “ciudad”, pero también “Estado”, ya que

la ciudad, en la antigua Grecia, era la única uni-

dad estatal existente.

Por tanto, en su origen, la política trataba de to-

dos los asuntos de los ciudadanos, de los ha-

bitantes de la ciudad. Los griegos llamaban a

estos temas, políticos, en oposición a los temas

personales e intereses privados de los ciudada-

nos, a los que llamaban “idiotikós” o “privados”.

Con el paso del tiempo, aquellas personas que

solo se preocupaban de temas privados, es

decir, no concernientes a la “polis”, pasarían a

ser llamados “idiotes”, que más tarde se utilizó

como sinónimo de “incultos” o “no concernien-

te de las artes”, derivando con el tiempo en la

denominación que hoy todos conocemos de

“idiota”.

Apoyados en la etimología de la palabra, vemos

que los políticos son las personas que se ocupan

de los intereses públicos frente a los privados.

Los políticos deben desarrollar la habilidad de

conciliar intereses enfrentados intentando siem-

pre conseguir lo mejor para la población a la que

gobiernan. La política es el arte de tomar decisio-

nes que van a afectar profundamente a aspectos

tan vitales para la población como educación,

sanidad, salarios, vivienda, medio ambiente…

Ahora bien, los políticos acceden al poder, per-

manecen un cierto tiempo y acaban por dejar su

puesto a otros que los relevarán, pero los ciuda-

danos y sus intereses comunes persisten en el

tiempo, y de esto nuestros dirigentes no son a

veces conscientes.

Los políticos hacen leyes que inciden en la vida

diaria de los ciudadanos, pero estas leyes deben

tener el único fin de mejorar la vida de los ciuda-

danos y, por lo tanto, deben ser estables en el

tiempo, no cambiando continuamente atendien-

do exclusivamente a roces políticos y provocan-

do confusión entre todas las personas goberna-

das. No puede ser que temas tan fundamentales

y estratégicos para un país como la educación

o la sanidad sea moneda de cambio entre los

partidos para alcanzar el poder. Por lo menos en

estos temas debería ser obligatorio un consenso

entre todos los políticos para establecer estrate-

gias a largo plazo que consolidarán una ciuda-

danía mejor.

No podemos ni debemos admitir que en 35 años

se hayan promulgado 7 leyes de educación. Así

es imposible conseguir buenos resultados edu-

cativos. Esto no es política. Muchas veces los

gobernantes no priorizan a los ciudadanos y lo

único que ven son pactos partidistas que no me-

joran en absoluto la calidad de vida de los go-

bernados.

Entrando en el terreno de la sanidad, es im-

portante que la focalización en la mejora de la

calidad de vida del ciudadano sea prioritaria. El

gobernante debe dictar las leyes en función de si

va a beneficiar al paciente o no. Un ejemplo muy

claro son las subastas de Andalucía, que se ins-

tauraron para disminuir el gasto farmacéutico sin

tener en cuenta al paciente. Subastas que se re-

lacionan con un determinado arco político y que

temo pueda pasar como con las leyes de edu-

cación. A pesar de las advertencias de los cole-

gios de farmacéuticos andaluces, se impusieron.

¿Cuál ha sido el resultado? Disminución mínima

del gasto farmacéutico, continuos desabasteci-

mientos en las farmacias que obligan a cambiar

continuamente el medicamento al paciente y un

profundo malestar entre los usuarios.

Para poder gobernar, dictar normas e influir con

ellas en la vida de las personas es necesario

escuchar primero a los ciudadanos y a las ins-

tituciones que les representan. Un buen político

no es el que más normas dicta, sino el que más

capacidad de comprensión y más sensibilidad

tiene para poder detectar y solucionar los pro-

blemas.

Desde esta tribuna quiero mostrar mi agradeci-

miento a los políticos con los que hemos com-

partido 4 años llenos de dificultades, porque

siempre hemos tenido una puerta abierta a sus

despachos y nos han dejado llevar la voz de los

farmacéuticos y de los pacientes a las más altas

instancias.

También me gustaría dirigirme a los nuevos equi-

pos de Gobierno que entran. Espero que cuen-

ten con los colegios para gobernar, que sean

permeables a nuestros puntos de vista ya que,

en la mayoría de los casos, no solamente somos

la voz de los farmacéuticos, sino que somos tam-

bién la voz de los pacientes, pacientes que son el

único objetivo de gobernación de los políticos.

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Bifar

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