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Editorial
Ramón Jordán Alva
Presidente del COF
de Zaragoza
Bifar
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O
me lo parece a mí o el mundo en general
está evolucionando demasiado rápido. Los
acontecimientos se precipitan uno detrás de
otro agolpándose y siendo difíciles de dige-
rir. Cambios políticos, geográficos, sociales, están a la
orden del día y hacen que ya nada sea “para siempre”.
En el mundo de la farmacia, los cambios han sido menos
rápidos pero han sido más profundos. La farmacia tal
y como la conocían nuestros abuelos era una farmacia
formuladora donde el boticario elaboraba fórmulas ma-
gistrales prescritas por el médico. Poco a poco, algunas
farmacias empezaron a elaborar grandes cantidades
de fórmulas para vender a terceros. Fue la génesis de
la industria farmacéutica y el punto de inflexión entre la
farmacia formuladora y la farmacia dispensadora. Esta
farmacia es la de nuestros padres y la que hemos man-
tenido hasta la actualidad. Y digo hasta la actualidad
porque a mi juicio estamos ante otro punto de inflexión
de la farmacia.
El modelo asistencial está cambiando, pasando de pa-
cientes agudos a crónicos con lo que eso conlleva de
sobrecarga a la atención primaria. Para ilustrar esta
afirmación solo tenemos que leer la última encuesta de
salud europea, donde podemos ver que más del 45,6%
de la población española mayor de 16 años padece, al
menos, un proceso crónico. Además, como la edad me-
dia de la población está aumentando, esto produce una
prevalencia de este tipo de enfermedades: entre los 65 y
los 74 años los ciudadanos padecen una media de 2,8
patologías crónicas. Estas enfermedades crónicas son,
además, la causa del 80% de las consultas de Atención
Primaria, del 36 por ciento de visitas a urgencias, del
63% de las muertes y provocan más del 40 por ciento
del gasto.
Esta cronificación de las enfermedades produce un efec-
to claro y directo, el aumento de la esperanza de vida. En
España actualmente hay 2,6 millones de personas ma-
yores de 80 años. Pero es que en 40 años esta cifra se
habrá duplicado. Tenemos, por tanto, dos realidades que
están cambiando el modelo asistencial de una manera
patente: cronificación de enfermedades y envejecimiento
de la población. A su vez, esto va a producir sin lugar a
dudas problemas de adherencia a los tratamientos, pro-
blemas relacionados con los medicamentos, reacciones
adversas a medicamentos etc.
La propia evolución de la sociedad está pidiendo a la
farmacia comunitaria una ampliación en sus tradiciona-
les funciones de adquisición, custodia y dispensación de
medicamentos. Esta ampliación se enmarca en el actual
desarrollo de un catálogo de servicios farmacéuticos
asistenciales. Pero estos servicios no pueden ni deben
ser improvisados. Deben ser servicios de calidad para
los cuales el farmacéutico debe estar perfectamente
formado. Deben ser servicios homogéneos y protocoli-
zados según unos estándares de calidad de tal forma
que el paciente sienta que los servicios que se le están
prestando por parte del conjunto de las farmacias sean
similares. Deben ser servicios realizados en farmacia
comunitaria pero en comunicación con los demás esta-
mentos sanitarios.
Debemos, entre todos, ser capaces de elaborar una car-
tera de servicios que responda a la demanda y a las nue-
vas necesidades de los pacientes. Esto va a suponer un
importante esfuerzo por parte de la farmacia comunitaria:
esfuerzo en formación, esfuerzo económico, esfuerzo en
cambiar las rutinas de trabajo y hasta, en algunos ca-
sos, el cambio de infraestructuras de la farmacia. Pero
es un esfuerzo que tenemos que hacer porque el farma-
céutico es el único profesional que puede dar solución a
esta nueva demanda de la sociedad y porque, además,
vamos a afianzar y reforzar el carácter asistencial de la
farmacia.
Un primer peldaño para empezar a construir esta cartera
de servicios es la implantación del SPD en la farmacia
comunitaria ya que un problema importantísimo que se le
plantea hoy en día a la administración sanitaria es la falta
de adherencia en los tratamientos. Según estima la Or-
ganización Mundial de la Salud, el 50% de los pacientes
con enfermedades crónicas no cumplen adecuadamente
el tratamiento prescrito. En España, la falta de adheren-
cia, genera un gasto de 11.250 millones de euros anua-
les y 18.400 muertes. Ante esta situación, la farmacia
comunitaria puede dar una respuesta eficaz a través de
los SPD, especialmente eficaces para pacientes que si-
gan un tratamiento con varios medicamentos y necesiten
ayuda en la organización de sus tomas, especialmente
pacientes con pautas de medicación complejas y per-
sonas mayores que viven solas, que olvidan las tomas,
crónicos polimedicados o pacientes que dependen de
uno o varios cuidadores.
Este servicio, y los que se implanten posteriormente, van
a mejorar de una forma sustancial la calidad de vida del
paciente y la calidad de la prestación farmacéutica, ade-
más de contribuir a corto y medio plazo a la sostenibili-
dad del sistema sanitario por lo que sería deseable que
las autoridades sanitarias invirtieran en ayudar a la farma-
cia comunitaria a desarrollar este tipo de servicios en vez
de preocuparse solo de reducir el precio del medicamen-
to, lo que está llevando al ahogamiento de la farmacia.
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Tenemos, por tanto,
dos realidades que
están cambiando el
modelo asistencial
de una manera
patente: cronificación
de enfermedades y
envejecimiento de la
población
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