COPA 17.Revista Invierno 2020
mentos conocidos, basados en el oxígeno y después en el hidrógeno, que son usa- dos como referencia de peso, proponien- do también la simbología actual de los elementos. En 1826 los pesos conocidos son muy similares a los que hoy utiliza- mos, a pesar de que los métodos expe- rimentales no tienen la precisión actual. El primer intento de clasificación lo realiza Johann W. Döbereiner en 1817, clasifican- do los elementos conocidos en las deno- minadas Triadas. Su propuesta fue agru- par los elementos en conjuntos de tres elementos, cuyo comportamiento quími- co era análogo. En cada conjunto, el peso promedio coincidía con bastante exacti- tud con el elemento central de la triada. En 1862, Alexandre-Emile de Chancour- tois propone la llamada hélice telúrica como sistema de clasificación. El método consistía en escribir los elementos en for- ma de espiral, ordenados según su peso atómico. Observó que, más o menos, cada 16 unidades de peso elementos las propiedades parecían repetirse, aunque no supo explicar el porqué. Este motivo y la complejidad de construcción y uso de la hélice hizo que su propuesta no pros- perara. Entre 1850 y 1865 se descubren nuevos elementos, se introduce el concepto de valencia por Frankland en 1852. Odling, en 1864 hace una propuesta de clasifica- ción según el peso atómico creciente. El siguiente método fue el de las Octavas, propuesto por John Newlands en 1866. Agrupó los elementos en grupos de siete, a semejanza de las octavas musicales, te- niendo los elementos de las filas horizon- tales propiedades similares. La analogía con la música hizo que su teoría tampoco fuera de gran estima entre el colectivo científico de la época. Con algunos antecedentes de poca re- percusión (como la propuesta del Pan- togens de Hinrich en 1867), es Meyer en 1869 quién propone clasificar los ele- mentos según sus pesos y sus volúmenes atómicos, encontrando entre ellos una fuerte correlación y periodicidad. Esta correlación coincidía para los primeros elementos con las octavas de Newlands, encontrándose que los periodos se alar- gaban para los elementos más pesados. El desconocimiento de muchos elemen- tos pesados, como la mayoría de los lan- tánidos y los actínidos, dejaba muchas dudas sin resolver con su propuesta, pero la periodicidad ya estaba prácticamente demostrada. La tabla de Mendeleiev Dimitri Mendeleiev propuso en 1869 una ordenación de los elementos según su peso atómico, pero teniendo en cuenta sus propiedades, que prevalecerían en caso de discrepancia. Mendeleiev predijo con gran exactitud que determinados ele- mentos debían existir, aunque todavía no se conocieran en ese momento y los de- nominó eka-boro, eka-aluminio, eka-silico y eka-manganeso. En los siguientes años se fueron descubriendo, siendo un gran espaldarazo a su teoría. Así, en 1875 se descubre el galio (Eka-aluminio), en 1879 el escandio (Eka-boro), en 1886 el germa- nio (Eka-silicio) y en 1937 se sintetiza el tecnecio (Eka-manganeso), elemento sin- tético que no existe en la Naturaleza. Otras de las claves del éxito fue su deci- sión de clasificar los elementos en fun- ción de sus propiedades químicas si estas no concordaban con el orden según el peso atómico. En este caso, clasificó (Te e I). El teluro es más pesado (peso atómico 127.6) que el iodo (126.9), pero Mendeleiev dijo que, a pesar de ello, debía figurar an- tes, dadas sus propiedades químicas. También la tabla de Mendeleiev pudo aco- ger mucho mejor que las anteriores a los gases nobles. En 1895 Lord Rayleigh descu- brió el argón, que Ramsey ubicó (1898) entre el cloro y el potasio según la tabla de Mendeleiev y hacien- do una acertada predic- ción de las propiedades del neon. A partir de en- tonces se creó el grupo 0. Otro descubrimiento que acabó de confirmar la Ta- bla de Mendeliev es la de- terminación de la estruc- tura atómica, conjunto de protones y neutrones. En 1913, Henry Moseley demostró que lo que ca- racterizaba realmente a los átomos, y por tanto a los elementos, era su número atómico, y no su masa, es decir, las propie- dades de los elementos son funcione periódicas de sus números atómico, que se corresponde con el número de protones, y no con el peso. Al determinar el número atómico del te- luro (número atómico 52) se demostró porqué debía ocupar un puesto anterior al iodo (número atómico 53), como había dicho Mendeleiev. Elementos de Transición Poco después Alfred Werner comenzó a escribir los elementos de transición en- tre los alcalino-térreos y los no metales, con lo que los elementos de configura- ción electrónica equivalente quedaban alineados en la misma columna o grupo. Friedich Paneth fue el primero en escri- bir los lantánidos fuera de la tabla, con la idea de simplificarla. En 1944, Glenn Seaborg propuso una nueva serie, los ac- tínidos, y la situó fuera de la tabla a se- mejanza de los lantánidos, proponiendo la existencia de una nueva serie a partir del elemento 122. Muchos participaron en la creación de la Tabla Periódica de los elementos. No es obra de un solo personaje, pero sí es ver- dad que la visión de Mendeliev permitió mejorarla de tal forma que, básicamente, es la que nos ha llegado hasta hoy. Y ya vamos por el elemento 118, al que la IUPAC (Unión Internacional de Química Pura y Aplicada), en 2016, le dio el nom- bre de Oganesón y Og como símbolo. Propuesta de Tabla Periódica de D. Mendeliev 20 www.colegiosprofesionalesaragon.com
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