COPA 17.Revista Invierno 2020

COPA/21 invierno 2020 La ingeniería de montes y el carbono L a formación académica de Ingenie- ros de Montes se inicia en España en 1848 y con ella se incorporan criterios técnicos al aprovechamiento, conserva- ción y mejora de los montes. Desde sus orígenes dicha formación incluye el con- cepto de uso múltiple del monte, que exige por una parte saber ver el todo (y no sólo, como muchos equivocadamente piensan, los árboles) y por otro lado saber valorar alternativas, elaborar propuestas y tomar decisiones que garanticen la soste- nibilidad de los recursos del monte. Son muchos los elementos de la tabla periódica que son imprescindibles para la vida de las plantas y de los animales que pueblan los bosques. Pero es el carbono, y no otro, el que es capaz de combinar- se consigo mismo o con otros elementos para formar las cadenas, con frecuencia gigantescas, que darán lugar a las molé- culas orgánicas que hacen posible la vida en sus muy distintas formas. Y es el car- bono atmosférico el que es incorporado a una molécula orgánica a través de la foto- síntesis, utilizando para ello energía solar transformada en energía química en los cloroplastos. Ese proceso proporciona la energía y el oxígeno que hacen posibles la vida en la Tierra. La concentración de CO 2 en la atmós- fera no sólo no ha dejado de aumentar en las últimas décadas, sino que lo está haciendo a un ritmo cada vez más acele- rado. La causa principal es el uso masivo de combustibles fósiles, que es también el principal factor causante del cambio en la composición isotópica de carbono en la atmósfera conocido como 13 C-Suess effect, y que explicamos a continuación. El carbono se encuentra en la atmósfera mayoritariamente como 12 C y en mucha menor medida como 13 C. El parámetro “composición isotópica de carbono” cuan- tifica la proporción de ambos isótopos es- tables en una muestra. Aunque las plantas adquieren de la atmósfera todo el carbo- no presente en sus tejidos, la composición isotópica de carbono en tejidos vegetales no es la misma que la de la atmósfera, porque las plantas discriminan contra 13 C en la fotosíntesis, favoreciendo la fijación de 12 C. Sin embargo, esta discriminación no es total y puede verse afectada por fac- Texto: José Alberto Pardos Carrión. Doctor Ingeniero de Montes y Doctor en Farmacia. Pilar Pita Andreu. Doctora Ingeniera de Montes. en el régimen térmico o pluviométrico. Las olas de calor, por ejemplo, o las inun- daciones tienen mayor impacto sobre los procesos fisiológicos que los cambios en las condiciones climáticas medias. Desde una perspectiva más amplia, el incremen- to de la temperatura aumenta la proba- bilidad de que una especie pueda verse afectada negativamente, por la pérdida o fragmentación de su hábitat. La sequía, particularmente si se ve acompañada por altas temperaturas, puede aumentar el impacto de perturbaciones graves; como son los incendios, el ataque de patógenos o las plagas. En este último caso tanto por debilitamiento de la vegetación como por un efecto favorecedor del nuevo ré- gimen térmico para la supervivencia del patógeno. La vida en nuestro planeta como la cono- cemos depende de las plantas, por eso no es de extrañar el alto número de artículos científicos publicados en los que se ana- liza el efecto del incremento del CO 2 at- mosférico (y sus efectos colaterales) sobre la vegetación. Se han establecido redes permanentes para la medición de los flu- jos de CO 2 y otros gases en distintos ecosis- temas; algunas de ellas llevan recolectan- do datos más de 20 años. Contamos con una base sólida de información que nos puede servir para tomar decisiones sobre la gestión de los montes a escala nacional, a escala europea y a escala global. La gestión de los montes es un elemen- to indispensable en la lucha contra el incremento de carbono atmosférico de origen antrópico y sus efectos, y lo es por múltiples razones. En primer lugar, por su extensión: la superficie que ocupan los ecosistemas forestales es enorme y a día de hoy son, con el mar, los únicos siste- mas que capturan el CO 2 atmosférico. En este punto parece conveniente hacer una breve reflexión sobre la posibilidad de au- mentar la superficie de bosque mediante la repoblación y la importancia de con- trolar la pérdida de superficie de bosque en incendios forestales. Ambas son tareas para las que se forma específicamente a los Ingenieros de Montes, y ambas tienen un impacto no despreciable en el balance de CO 2 (el cambio en el uso del suelo es uno de los principales agentes en el ciclo global del carbono). Acometerlas con éxito En latitudesmedias y altas el incremento de temperatu- raalargaelperiodovegetativo,favoreciendoelsecuestro de carbono por los bosques. Sin embargo, puede haber cambios en cuanto a la apertura de yemas, floración o fructificación, que pueden modificar la adecuación de las especies a sus hábitats actuales o previsibles. En la foto, floración y fructificación simultáneas en encina (Quercus ilex). Autor: Javier Álvaro Rodríguez. tores ambientales como la concentración de CO 2 en la atmósfera o la disponibilidad de agua. El carbono presente en los com- bustibles fósiles procede de la actividad fotosintética en una atmósfera distinta de la de los últimos siglos. Por esta razón, el uso de combustibles fósiles incorpora a la atmósfera una proporción de 13 C y 12 C dis- tinta a la de la atmósfera actual y lo hace en cantidad suficiente como para provo- car un cambio global en la composición isotópica de carbono desde la revolución industrial a nuestros días, lo que es una evidencia adicional de la importancia de la actuación humana en la acumulación de CO 2 en la atmósfera. El incremento de CO 2 atmosférico y las consecuencias que este y otros gases de efecto invernadero tienen sobre el clima, como el aumento de la temperatura o una mayor desigualdad en la distribución de precipitaciones afectan a la vegeta- ción. Las plantas son especialmente vul- nerables a los cambios extremos, ya sea

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