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editorial

[5]

Ramón Jordán Alva

Presidente del COF de Zaragoza

“A lo largo de

la historia, ya

sea en piedra,

madera, papiro,

papel o soporte

informático, la

receta ha sido

siempre una

constante en el

mundo sanitario”

xiste un documento sanitario muy utilizado en el ámbito farmacéutico y

que es común, además, al mundo de los prescriptores, al de los pacien-

tes y en muchos casos, al de la administración publica. Me estoy refi-

riendo a la receta en todas sus facetas: médica, odontóloga, podóloga y

veterinaria. La receta no es un invento de hace poco. Buceando en la historia,

encontramos las primeras prescripciones escritas en la antigua Mesopotamia.

Esta información de la medicación prescrita no ofrecía muchos detalles, en

ocasiones venía acompañada de la forma de aplicación y del nombre de la

enfermedad que padecía el paciente. Los medicamentos eran denominados

bul-

tu

y estaban compuestos por varios ingredientes, mayoritariamente vegetales,

a los que denominaban con nombres fantasiosos.

En el antiguo Egipto, conocemos su farmacia gracias a los papiros. Se han

estudiado papiros médicos en los que se describen nombres fantásticos que

han resultado ser sinónimos de productos naturales. No es hasta la Europa del

bajo medievo cuando las profesiones médica y farmacéutica se separan. Y es

aquí, en el proceso de separación, cuando ya se empiezan a presentar al farma-

céutico, documentos con la medicación pautada por el médico tras la conocida

como “Carta Magna de la Farmacia”, promulgada por

Federico II, Rey de las

dos Sicilias

en 1248. En España, en 1263, se escribió en el

Código de las siete

partidas

que “habrán pena de homicida” para los boticarios que ocasionaran

una muerte al proporcionar “medicina fuerte” sin el mandato de los físicos.

Lentamente fue evolucionando la receta hasta que en el siglo XIX se promulgó

la ley de Sanidad de 1855 y las Ordenanzas de farmacia de 1860. En numerosas

ocasiones dichas recetas se convertían en los únicos justificantes para hacer

efectivo el cobro del importe de las mismas. Pero no fue hasta 1977 cuando

esta precaución recaudatoria se convirtió en obligación de conservación del

documento como instrumento probatorio que acredita dicho acto profesional.

A partir de aquí, se han producido modificaciones legislativas hasta llegar al

Real Decreto 1718/2010, de 17 de diciembre, sobre receta médica y órdenes

de dispensación, que regula perfectamente todo lo relacionado con la receta.

Esta breve reseña histórica sacada del homenaje al profesor

Dr. José Luis Val-

verde

, nos da una idea de que a lo largo de la historia, ya sea en materiales

como piedra, madera, papiro, papel o más recientemente en soporte informáti-

co, la receta ha sido siempre una constante en el mundo sanitario. Ningún ins-

trumento, ninguna herramienta habría perdurado a lo largo de los siglos si no

se hubiera demostrado su importancia y su necesidad. La receta ha sido, es y

será un instrumento de unión, de comunicación y de seguridad entre las profe-

siones sanitarias. Un instrumento que no solo incumbe a la profesión sanitaria,

es vital para el paciente y para la administración sanitaria en su faceta regu-

ladora y en su faceta pagadora. La receta es un instrumento fundamental de

salvaguarda de la salud del paciente y es por eso que ninguno de nosotros debe

cometer el error de banalizarla. Es misión de las profesiones sanitarias cono-

cer la legislación acerca de la receta médica y es obligación de los prescripto-

res (médicos, odontólogos, podólogos y veterinarios) utilizar la receta cuando

el tratamiento y el medicamento lo requieran. Es obligación de las farmacias

exigir la presentación de la receta en aquellos medicamentos que la requieren.

El paciente debe exigir la receta a su médico y presentarla al farmacéutico. Y

por último, la administración sanitaria debería exigir a todos y cada uno de los

profesionales sanitarios que estamos alrededor de la receta el cumplimiento de

la legislación vigente.

Poner a la receta en el lugar que sanitaria y legalmente le corresponde es tarea

de todos. Es tarea de las instituciones colegiales, de las asociaciones de pacien-

tes, de las administraciones sanitarias y de todos y cada uno de los profesio-

nales sanitarios en su trabajo diario. Solo de esta forma lograremos impulsar y

revitalizar una herramienta que tiene valor jurídico, vital para nuestro quehacer

diario, sustentado no solo por el pilar de la propia legislación sino también en

la historia de la profesión cuyo principal objetivo es la seguridad del tratamiento

prescrito al paciente.