[35] Sección Científica En el año 2013 la Sociedad Médica estadounidense reconoció la obesidad como enfermedad, iniciando la carrera para el desarrollo de potenciales medicamentos para su tratamiento. Considerar la obesidad como enfermedad trascendió la semántica; supuso un cambio de paradigma ya que la obesidad dejó de ser un factor de riesgo de muchas entidades clínicas (diabetes, cardiopatías, artralgias e incluso cáncer) para adquirir entidad nosológica propia. La industria farmacéutica vio en este cambio una importante área de negocio en su afán de medicalizar a la sociedad; la obesidad es un enorme problema mundial, no solo en sociedades con economías solventes, sino, sobre todo, en países con bajos estándares de desarrollo, en los que representa un problema mucho más grave (en término de prevalencia) que las hambrunas. Así sucede, por ejemplo, en México, diversos países de Polinesia, Melanesia y Micronesia; y en los de la península de Arabia, En menor medida, también en Estados Unidos y otros del ámbito occidental, España entre ellos. Sin embargo, no existe consenso a la hora de catalogar la obesidad como enfermedad. Quienes se manifiestan contrarios arguyen que definirla como enfermedad disminuirá el estigma asociado a hábitos de vida perjudiciales, tales como una ingesta descuidada o una falta de actividad física acorde con la edad y otros condicionantes personales; así mismo, la obesidad también está asociado con diversas condiciones clínicas, como el hipotiroidismo no tratado y, en algunos pacientes, el uso de psicofármacos (antipsicóticos y antidepresivos). No obstante, se impuso el criterio de la Asociación Médica estadounidense, la Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos, la Asociación Americana de Cardiología, y otras organizaciones médicas. Enseguida comenzaron a ensayarse dos medicamentos que no tuvieron éxito: Qsymia® (asociación de Fentermina – un sosia de la Dextro-anfetamina) y Topiramato – diseñado inicialmente como antiepilético-). A Qsymina® le siguió Belviq® (Lorcaserin, clorhidrato, un agonista selectivo del receptor serotoninérgico 5HT2C). Lorcaserín se prescribía cuando la obesidad coexistía con hipertensión, hiperlipidemias o diabetes mellitus. Su prescripción se vinculaba a lograr una reducción ponderal de, al menos, un 5% a las 12 semanas de tratamiento. Sin embargo, la verdadera innovación en el tratamiento de la obesidad ha llegado con el desarrollo que condujo a la Semiglutida, comercializada bajo tres marcas registradas bien conocidas: Ozempic®, Wegovy® y Zepbound®. La investigación que condujo a estos últimos fármacos fue fruto del azar; a tal punto que, cuando se redacta este texto (noviembre 2023) se desconoce su mecanismo de acción y los efectos a largo plazo, máxime cuando los tratamientos se han de tomar de por vida. El discernimiento de éstos [efectos adversos] a largo plazo puede complicarse por cuanto la propia obesidad es per se un factor de mayor morbilidad y mortalidad. Estos medicamentos pueden causar diarrea y náuseas (y vómitos) al inicio de los tratamientos, siendo hasta ahora los principales efectos adversos descritos, que se suelen resolver tras un breve tiempo de terapia. Son medicamentos anoréxicos (disminuyen el apetito) pero no se observa un incremento del metabolismo basal. A la industria farmacéutica no le gusta reconocer que el surgimiento de nuevos Farmacoterapia de la obesidad: ¿innovación o negocio? José Manuel López Tricas y. Ana Isabel Fernández Fernández. Farmacéuticos. Avances farmacológicos como Semiglutida (Ozempic®) y Tirzepatida (Zepbound®) están revolucionando la lucha contra la obesidad Estructura tridimensional de la semiglutida.
RkJQdWJsaXNoZXIy OTMyNTQ=